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Viernes, 20 de Septiembre 2019
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Memoria del alcohol

Reflexiones en torno a ''Sobrebeber'', una obra de Kingsley Amis

Por: EL INFORMADOR

''Sobrebeber'' resulta una guía práctica para el bebedor, un mapa literario y mundano sobre los hábitos del alcohol. ESPECIAL /

''Sobrebeber'' resulta una guía práctica para el bebedor, un mapa literario y mundano sobre los hábitos del alcohol. ESPECIAL /

"Admito que el futuro es materia trascendente, pero concédeme, Dios, la copa del presente".

Lord Byron

GUADALAJARA, JALISCO (14/SEP/2014).- La historia de las relaciones entre el alcohol, la desesperación y la civilización es larga, pero generalmente poco y mal conocida.  Mucho de eso tiene que ver con los prejuicios públicos o privados hacia la bebida. En todos los contextos nacionales y sociales, la mala fama de los borrachos tiene mucho que ver con soponcios morales, intentos (vanos) de  exorcismos y demonizaciones de distinto color, calibre y origen. Una larga lista de improperios políticamente correctos pero absolutamente falsos rodean las imágenes del alcohol en la vida de los individuos y de las sociedades. Condenas morales y prohibiciones legales forman parte de su historia negra , que hoy alcanza una dimensión de una verdadera cruzada sanitarista contra su consumo excesivo, que incluso lo han elevado a un problema de salud pública, una amenaza contra el orden y convivencia colectiva, una forma de disolución social, un instrumento de autodestrucción masiva, cosas por el estilo.

Acordemos sin embargo que la demonización del alcohol tiene que ver con sus abusos, con la dipsomanía, los desfiguros y las vergüenzas públicas y privadas de su consumo. Muchas crónicas y leyendas urbanas circulan en torno a la sobredosis alcohólica. Sin embargo, la gente bebe, lo ha hecho en el pasado remoto y reciente, y lo seguirá haciendo en el futuro próximo o remoto. Y las razones no provienen de alguna suerte de maldición proteica o diabólica, a una propensión jusnaturalista hacia el alcohol, o a una conjura empresarial  o política dirigida hacia el embrutecimiento eterno de los hombres y de las mujeres de todas las condiciones y contextos sociales. Como lo han intuido o afirmado con las armas de la razón y de la persuasión muchos escritores, filósofos, políticos y pensadores de épocas distintas, el beber nace esencialmente del aburrimiento de la vida misma. Como escribió antes de morir Christopher Hitchens a propósito de un libro de su amigo y compadre Kingsley Amis, “el alcohol hace que los demás resulten mucho menos aburridos”.       

Beber y vivir son experiencias mezcladas, fórmulas para el entendimiento y para lidiar con el tedio que acompaña de manera irremediable la experiencia cotidiana de hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades y condiciones sociales. Esa experiencia condujo a Amis a escribir varios textos y artículos sobre la bebida entre 1971 y 1984, que ahora han sido recogidos en ''Sobrebeber'', un libro sobre el trago y sus musas, sobre el viejo arte de beber y sus funciones civilizatorias, editado muy recientemente por la editorial española Malpaso (Barcelona, 2014). El experimentado caballero Amis se dedicó a explorar en la literatura, entre los taberneros ingleses y no pocos europeos, y, sobre todo, en sus andanzas y experiencias como bebedor profesional, un hombre que, como dice Hitchens a la introducción del libro, “supo utilizar la bebida en beneficio propio y también ajeno”.

A continuación, algunos pasajes azarosos sobre el contenido del libro, gobernados por la certeza de que la realidad es, con más frecuencia de lo que se imagina, una alucinación provocada por la falta de alcohol.

Sobre la paz  y la búsqueda de sentido:“No hay nada que calme tanto el espíritu como el ron y la religión verdadera” escribió con sabiduría alcohólica y literaria Lord Byron,  un epígrafe al que el propio Amis agrega un consejo práctico a todo bebedor que se respete a sí mismo y a sus amigos: “Ten siempre a la mano una buena provisión de cerveza y sidra, por no hablar de aguas aún más fuertes, para consolarte cuando  todo el asunto te supere o agobie” (p.66).

Sobre la resaca. “La resaca es un camino privilegiado hacia la autoconciencia y la autorrealización”, afirma Amis (95). Y sospecha que ''La metamorfosis'' de Kafka, que empieza con el héroe despertando una mañana para descubrir que se ha convertido en una cucaracha de tamaño humano, es el mejor tratamiento literario que se ha referido a una cruda espantosa.

Amis distingue agudamente entre la resaca física y la resaca metafísica. La primera tiene que ver por supuesto con los estragos físicos del alcohol, y para ello aconseja 14 puntos básicos para enfrentarla, que van desde dormir mucho hasta el afeitarse y tomar café. Pero es la cruda metafísica la verdaderamente importante, la verdaderamente temible, según escribe el propio Amis.¿Cómo definirla? Aquí una definición canónica: Es “esa mezcla inefable de depresión, tristeza… angustia, desprecio de uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro” (p.100). Como buen escritor y bebedor que era, Amis propone algunas lecturas para que la resaca metafísica sea superada por sus portadores, esperando a concebir la posibilidad “de que les vuelva la sonrisa a su rostro algún día”. Unos poemas cortos, algunos pasajes de Solhjenitzin, algo de Chesterton, música de Tchaikovski, algo de jazz tipo Miles Davis, quizá ayuden a la pronta resignación y la autoestima de los crudos.

En el capítulo “El trago nuestro de cada día”, Amis exhibe su erudición alcohólica. Aquí hace un recorrido por los distintos tipos de vinos tintos, blancos y rosados, los oportos, el coñac, el brandy, el whisky inglés, el escocés y el whisky americano, pasando por la ginebra, el vodka, los licores básicos y secundarios, la absenta, el ajenjo y sus demonios. Y aquí dedica un par de páginas al tequila y al mezcal. Al primero lo trata con cierta deferencia, al señalar que, aunque extraña, es una bebida que “encaja a la perfección con el temperamento nacional”(p.143). “Me recuerda el humo de alguna madera exótica”, escribe Amis. Pero con el mezcal no tiene piedad: “Creo que la bebida más repugnante que he probado en mi vida fue una cosa llamada mezcal”, escribe. Al probarlo, “la cabeza se me llenó de un sabor a garaje o taller mecánico: caucho caliente y plástico, aceite requemado y un hedor a vapor de ácido clorhídrico procedente del coche en reparación” (190).

• ''Sobrebeber'' es, más que un buen libro, una guía práctica para el bebedor, un mapa literario y mundano sobre los hábitos del alcohol, un prontuario para ese ejercicio de soledades que suele ser la bebida. Y su lectura es obligada para quienes reconocen aquello de que  “nunca confíes en un hombre que no bebe”, como solía recomendar el actor británico Peter O´Toole a las mujeres jóvenes. Después de todo, en un mundo gobernado sistemáticamente por “el invierno de la desesperación”, como decía Dickens, el alcohol es un recurso legítimo para mirar con cierta calma los muchos rostros de la ansiedad y de la angustia que habitan el ánimo público y las prácticas privadas.

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