Domingo, 12 de Octubre 2025
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Los “señores” de la basura

Pese a los riesgos y malos olores, estos hombres mantienen limpias las calles

Por: EL INFORMADOR

Desde hace una década, Enrique Martínez López trabajar en la recolección de basura, oficio que lo enorgullece. S. NÚÑEZ  /

Desde hace una década, Enrique Martínez López trabajar en la recolección de basura, oficio que lo enorgullece. S. NÚÑEZ /

GUADALAJARA, JALISCO (20/AGO/2011).- “En cuanto se escucha la campana hay que correr para alcanzarlos, porque ya no vuelven hasta el día siguiente”, comenta María, ama de casa que en cuestión de 20 segundos echa los desechos de la comida y el sanitario de su casa a una pequeña bolsa de plástico para que los recolectores de la basura se la lleven siendo las 9:00 horas.

La campana sigue sonando, ya se escucha a lo lejos. El camión recolector va en la siguiente cuadra, está a punto de terminar su recorrido por la colonia.

La gente sale apresurada con un sinfín de bolsas, de todos los tamaños, que son arrastradas a lo largo y estrecho de la acera.

Algunas personas, les gritan a los dos hombres que arrojan la basura al monstruoso vehículo que desprende ese característico olor a “podrido y viejo”; les piden que se esperen o preguntan desde la distancia “si van a dar otra vuelta por la siguiente calle”.

El trabajador del Grupo recolector Caabsa, dice “sí, hasta que nos llevemos todo lo que ya no sirve”.

Para María es una costumbre el darles tres o cinco pesos por su ayuda a los llamados “señores de la basura”, pues son ellos los que se acercan para levantar de las esquinas a las enormes bolsas y botes, colchones viejos, cajas y cuánto objeto es inservible para los demás.

Desde hace una década, Enrique Martínez López es recolector de basura. En punto de las 6:00 horas inicia la jornada laboral que repite seis días a la semana, sin un horario fijo que dé fin a este especial trabajo.

Su oficio lo ha convertido en todo un atleta: hábil y fuerte, capaz de caminar durante seis horas seguidas, sin parar, y un poco insensible a los olores “desagradables”.

“Al principio que se inicia en este oficio a uno le da asco la basura. Ya ‘orita subo hasta perros muertos y ese tipo de cosas, ya es normal para mí ese olor”, explica.

Juan Guillermo Villalobos Chávez, también recolector, detalla que antes de ingresar al trabajo cada integrante de la empresa debe aplicarse una serie de vacunas de protección, principalmente contra el tétanos.

Recuerda que durante su primer año de labor, una leve infección llegó hasta su mano.

“Las cortadas son constantes. En ocasiones ni te fijas qué agarras de la prisa que llevamos, sólo aventamos la bolsa al camión, sin importar lo que sea”.

De lo más “chusco” que ha encontrado en la basura, recuerda incluso algunos artículos relacionados a la brujería.

“En una bolsa que abrimos nos topamos con una jaula que traía adentro un mono lleno de clavos y libros de hechicería”, platica, recordando con asombro aquel inusitado descubrimiento.

Por su parte, Enrique  ha rescatado joyería, como anillos, esclavas y aretes, objetos que son repartidos entre sus compañeros de zona, con lo que se demuestra que lo que es basura para algunos, para otros es un maravilloso tesoro.

Oficio con orgullo

Enrique y Juan Guillermo no se apenan por el trabajo que realizan, pues no se trata de nada vergonzoso.

“Este trabajo para mí es bonito, porque de aquí yo mantengo a mi familia y salgo de los problemas que tengo”, explica Enrique Martínez, de 56 años de edad.

Para Juan Guillermo, ser recolector de basura representa más que una simple acción, pues al momento de ver las calles libres de pilas de basura, asegura sentirse orgulloso, convirtiéndose en un ciudadano responsable.

“Me gusta mucho la recolección porque con esto ayudo a la limpiar la ciudad y se vean más agradables”.

Lo cierto es que si no fuera por el trabajo de personajes como Juan Guillermo y Enrique, muchos ciudadanos estaríamos perdidos entre toneladas de basura.

Tapatío

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