Suplementos | Ciencia Leonardo, Re, Fa, Sol, La, Si, Do.... El Trompo Mágico ofrece una nueva exposición de este genio en relación con la música Por: EL INFORMADOR 1 de agosto de 2008 - 23:31 hs No existe tal cosa como “abusar” de Leonardo da Vinci: pintor, escultor, inventor, arquitecto, visionario... Leonardo más pareciera una criatura mitológica que un ser humano de carne y hueso. Por unas horas el Museo Trompo Mágico permite al visitante entrar en la cabeza del genio de la Toscana. “Esta es una exposición que tiene un origen muy importante para nosotros y que nos llena de mucho orgullo”, expresa Chela de la Vega, directora del Trompo. No han transcurrido más de unos minutos desde que se auxiliara de una tropa de niños para romper el listón inaugurando el evento, el cual tiene su historia particular: “Alfredo Melgar es el director de una empresa española. Es la primera persona no italiana con permiso de la fundación Da Vinci para investigar sobre sus códigos. Y descubre una faceta poco conocida de Leonardo. La música. Además de todo lo que dejó, Leonardo depuso dibujos de instrumentos cuya base es la de los que tocamos hoy: los de percusión, los de cuerda, los de viento. Y Melgar hace una muestra muy interesante con toda esta investigación. La empieza a incinerar por Europa y luego la trae a México: la tuvo en el Distrito Federal, en Puebla y en Morelia”. Tentada a montarla en su Trompo, Chela notó, no obstante, un problema inmediato. “Hablando con Alfredo, le dije que me costaba mucho montar una exposición pensada para grandes a un museo donde sus principales visitantes son los niños y las niñas. Y él se avienta la puntada de decir: ‘pues háganla ustedes; ahí está mi investigación, adáptenla para niños y ahí va el dinero’. Así de fácil. Él puso el dinero de la producción, nosotros el trabajo: toda la labor que ves aquí, los exhibits, el diseño, todo lo hizo el Trompo Mágico basados en el diseño original de su bosque de pergaminos, y con colorido y con otras cosas más lúdicas para los niños”. Queda observar que ahora, como en la época de Da Vinci, la cultura es impensable sin el apoyo de sus mecenas. Dinámico como siempre, Juan Nepote, quien es responsable del área de Divulgación científica del Trompo, nos habla sobre el trabajo de adaptación: “Lo que Melgar tenía era sólo para ver los artefactos, para contemplarlos, pero no para tocarlos; entonces hicimos una exhibición que fuera más resistente, más ruda, para tocar. Y nos dimos cuenta que para hablar de Leonardo Da Vinci en la parte de instrumentos musicales, había que contextualizarlo un poco más, porque es un personaje muy famoso, pero al mismo tiempo lo conoces de oídas, no por sus elementos más específicos. Como tuvo tantos intereses, nos pareció importante completar la exposición con otros elementos, ¿no? Entonces la parte central son los instrumentos, la música, el sonido. Y tenemos otros componentes relacionados con la percepción visual, también auditiva, con matemáticas, con las cámaras oscuras, para dar una visión más amplia”. Y en efecto: además de la música la exposición aborda cuestiones tales como la biografía de Da Vinci, su habilidad como dibujante, cuándo vivió, si tuvo familia, cómo puede hacerse el sonido de tres tambores usando tan sólo uno, los mitos de la Mona Lisa, el origen del Hombre del Vitruvio, sus ideas sobre la propagación del sonido, la perspectiva en sus pinturas, su pasión por las matemáticas... “Llegamos a esas ideas -abunda Nepote- porque trabajamos con un grupo de adolescentes que nos ayudaron a investigar los contenidos, pero también a delimitar –a hacer la curadoría, digamos-: ¿qué vale la pena? ¿Qué no? Para que la exposición no sólo fuera para niños, sino también desde los niños, lo cual fue un trabajo de aprendizaje muy, muy grande”. ¿Pero fue muy complicado hacer esta adaptación infantil? “Mucho y al mismo tiempo no”, reflexiona coreado por una marabunta de chichillos: “Leonardo fue tan apasionante, con tantos intereses; fuera de la genialidad fuera de lugar, irrepetible y lo demás, creo que es la curiosidad, interés, espíritu inquisitivo, experimentar: es algo que todos los niños hacen. Es algo que uno pudiera pensar que Leonardo es una especie de niño chiquito que sigue caminando, ¿no? Quisimos que cuando entres en la exposición te pongas en sus zapatos, adoptes su punto de vista, y entonces te emociones y hagas más cosas”. La palabra Museo, después de todo, proviene de las musas griegas cuya función en el mundo era iluminar e inspirar. Fue de esta manera que el museo tropezó con un título para esta exposición: Leonardo re mi fa sol da Vinci y la música, la cual estará disponible hasta el 7 de diciembre, “porque queremos que esté en el tiempo de la FIL que está dedicado a Italia”. Preguntamos a Chela de la Vega cuánto cuesta montar una exposición de este tipo, la cual es para los niños pero “a los grandes les encanta”. “En la producción, yo creo que nos gastamos alrededor de unos 300 mil pesos. ¡Bastante económico! A mí, haberla traído, me hubiera costado un millón de pesos”. Percibiendo la evidente energía de los joviales participantes, hace a uno pensar si los artefactos resistirán la curiosidad de sus usuarios en los meses por venir: “Tenemos instrumentos de repuesto”, responde Juan, “y bueno, finalmente es un riesgo, pero creemos que es parte del aprendizaje”. Algunos de ellos, como el Órgano de Papel o la Lira de Plata, son parte de la exhibición, pero no pudieron crearse réplicas para su uso por parte del público por su propia complejidad. “Leonardo es una forma de estimular la imaginación, la creatividad; finalmente es un pretexto”, concluye Juan, “pero hay muchos artistas y muchos científicos cuya vida es fascinante. Imagínate de cómo mueves un edificio”, dice en obvia referencia a Matute Remus, quien deslizara el edificio de Teléfonos sobre Avenida Vallarta. “¡Es extraordinario!”. Algunos de los extras ofrecidos por la exposición, es su presentación en inglés y en braille. Así mismo, es perfectamente asequible a personas atendiendo en silla de ruedas. Todo nos presenta el mundo y la mente de un hombre atrapado en el siglo XV, los cuales, cinco siglos más tarde, permanecen más vigentes que nunca. por: josé langarica Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones