Suplementos | Los tianguis de segunda son la opción para centenares Las prendas de la dimensión desconocida En una sociedad en la que la marca y la crisis es cotidiana, los tianguis de segunda son la opción para centenares Por: EL INFORMADOR 11 de mayo de 2013 - 20:51 hs Aquí se pueden encontrar ''ropa de paca'', esa que los comerciantes compran a ''ciegas'' y que compran ricos y pobres. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (12/MAY/2013).- La pila de trapos que se dora bajo el sol muestra su naturaleza en la publicidad casera: “Ropa interior dama $20, $30 y $40”, escribió alguien en un cartel y lo clavó sobre un montón de brasieres, calzones, tangas y otras curiosidades, enlazadas entre sí a causa de las búsquedas frenéticas que comenzaron hace un par de horas. Sobre el montón brilla un negligé muy rojo, en forma de corset. Un Victoria’s Secret de encaje. Cuesta 40 pesos, por supuesto. ¿Quién fue su primera dueña? ¿A quién quería impresionar con ese traje? ¿Cuánto le duró el gusto? ¿Cómo acabó el corset en un tianguis de segunda mano en el barrio de Mezquitán, en la ciudad de Guadalajara? Y así cada una de las miles de cosas que se venden acá: ¿Quién se las puso antes? Las respuestas darían para una temporada completa de la Dimensión Desconocida —hay un capítulo en el que una mujer que fue asesinada por el marido cobra venganza cuando otra congénere se pone los zapatos —. Pero esas historias no importan en el tianguis. La única dimensión que se conoce acá se llama crisis, una novela que en México se ha escrito desde siempre, con sobresaltos, ondas expansivas y tsunamis mortales. “La población en pobreza en el país aumentó de 48.8 a 52 millones de personas entre 2008 y 2010”, advierte el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social y añade que estos pobres tenemos, en promedio, 2.5 carencias. “¡Que el vestido no sea una privación!”, rezan como si supieran de mercadotecnia política los anuncios del tianguis Mezquitán y los otros nueve mercados de “ropa de paca” que se instalan en la Zona Metropolitana de Guadalajara, según publicó La Gaceta Universitaria en 2010. Además de que en estos sitios algunas prendas están al alcance del que trae 10 pesos en la bolsa, Mezquitán, el tianguis Del Sol y San Juan Bosco —los más importantes en el ramo— cumplen una labor social. Ofrecen ropa de etiquetas carísimas en una sociedad en la cual desde la Colonia las marcas marcan. “¡A de veras, qué barato ehhhh! ¡Las muchachas y las señoras ya no van a tiendas departamentales! ¡Ya no van porque ya no les pasa la tarjeta!”, grita el sabio merolico de uno de los puesto más grandes de Mezquitán. Y las muchachas lo escuchan. Y las muchachas vienen con sus madres y se amontonan y las muchachas clavan ojos y manos en una docena de montones de ropa clasificada en interior, de playa, verde, de dama, de caballero, de niño, de calor, de frío, de oferta, de marca, de cinco pesos… Dice Tolomeo que la ropa de segunda, como toda la vida de México, tiene la etiqueta de la mafia. Por eso Tolomeo prefiere llamarse así, como no se llama, porque Tolomeo tiene miedo de que vengan los mafiosos y le hagan una daga. Y Tolomeo no miente, afirman dos colegas suyos, que ni con un nombre falso se animan a dar la voz. Los comerciantes le dicen a su bisnes ropa de paca y calculan que la moda de vestirse con saldos empezó desde los años noventa del siglo XX, aunque los tianguis de segunda en la ciudad son más antiguos. “En una paca de cartón le viene ropa de marca, ropa fina, ropa moderna, pero no le viene etiquetada, para no pagar impuestos. También le viene ropa de segunda. Todos compramos las pacas a ciegas, sin saber qué traen. La paca es un albur. Es igual que un Kinder Sorpresa. Puede traer puro bueno o puro malo”, afirma Julia, una compañera de Tolomeo. La sorpresa del huevo Kinder, explica, depende del precio de la paca. Las hay de mil 500 y las hay de 16 mil. “La paca es por categorías”. —¿Dónde está la mafia?— le pregunto a Tolomeo, acostumbrada al tema de evasión de impuestos. —La mafia está con los acaparadores. En Guadalajara, dos o tres manejan el mercado. Ellos hacen lo que quieren; por ejemplo, rellenan las pacas con muchas prendas usadas, como calzones de niños manchados y una que otra prenda nueva. Como no hay devoluciones, uno se aleja a los clientes y se empieza a endeudar con los acaparadores, porque la ropa interior manchada se va a la basura, lo mismo que la fama de uno. Sin dinero, los afectados vuelven a comprar una paca mala y así, hasta que quiebran. ¡Nombre! Los acaparadores se han quedado con las casas, los carros y las mujeres de muchos. Las mujeres son las administradoras de la crisis cotidiana y las clientas fieles de la segunda mano. “Los hombres son delicaditos”, se quejan varios comerciantes. A diferencia de ellos, centenares de muchachas visitan el tianguis de Mezquitán con sus madres, sus hijas, sus amigas. Concentradas los cúmulos de ropa lucen como equipos de hormigas obreras antes del aguacero. Saben jalar una blusa desde el fondo de una pila, se miden ropa sobre su ropa, son espejo unas de las otras: “Te queda aguada de los brazos”, “Se te ve rara de las nalgas”, “Ándale, si no te lo quedas tú yo lo voy a agarrar”. El merolico sabio tiene el don de la seducción: ¡Yahay Capris, yahay pesquerous! ¡Oiga pase! ¡Alláhay minifalda! ¿Eh? ¡Pa que no tenga calor! ¡Toda la mini! ¡Toda la mini! ¡Toda la mini! ¡Toda la mini! ¡Toda la mini! ¡Toda la miniii! ¡Acaba de llegar en avión, todavía hueeele! De eso se quejan los empresarios y comerciantes de ropa en Guadalajara. No es justo, dicen, que su ropa tan perfumada, fina y cara deba competir con prendas apestosas, usadas y baratas. Pero parece que nadie oye esos reclamos, porque la Cámara Nacional de la Industria del Vestido debió reconocer hace poco que en 2009 el comercio de la ropa “americana” usada aumentó una cuarta parte de lo que vendió en 2008. Eso, sin contar que en la segunda no todo es usado. En uno de los puestos la paca salió con toallas Macy’s en paquete, según se ve y se lee en la publicidad. En otro, a lo mejor les llegó una paca de blusas blancas, de marcas de revista, por las que acá hay que pagar entre 50 y 60 pesos. Otro sitio exhibe, colgada, ropa de entre 200 y 400 pesos. No se llama colgada. En el argot del mercado de paca se llama “sorteada”, explica Julia. “Esa es la que nos da a ganar. La que me sale buena, si una paca viene muy Ana Taylor, muy Dolce Gabanna, muy MK aparto las piezas, las plancho y las sorteo. Tengo una compañera que compra pura paca cara y el domingo anda vendiendo los vestidos hasta en ocho mil pesos”. —Entonces la ropa de paca no es para los pobres, —le digo a Julia. —Yo tengo de todo, —responde ella muy oronda—Una de mis clientas es una dama de sociedad. Ella come con Enrique Alfaro, come con Aristóteles Sandoval y se viste conmigo. Hazme el favor. Fíjate, es rica de cuna, no de la política, y cada semana se lleva hasta dos mil pesos de ropa de paca. Con otra tengo que ir allá del aquel lado del Country Club, porque no le gusta que la vean aquí. Tal vez el corset de encaje rojo, el Victoria’s Secret está destinado para una de estas señoras ricas, que acabarán con la noche de pasión que otra comenzó sabe dónde y sabe cuándo. Las otras mujeres, las pobres, desprecian el negligé, en su búsqueda de los apremiantes calzones. Los calzones: qué prenda tan necesaria para la vida cotidiana. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones