Suplementos | A veces, el demonio está disfrazado de pastor Las mujeres del pastor Durante casi 29 años el hombre anuló a su esposa y violó a tres de sus cuatro hijas. En la primera demanda en su contra, el DIF se compadeció: convenció a las partes de una conciliación para evitar la desintegración de la familia Por: EL INFORMADOR 22 de septiembre de 2013 - 01:11 hs El demonio puede andar suelto, y ser parte de tu familia. / GUADALAJARA, JALISCO (22/SEP/2013).- La mujer que está sentada frente a mí vivió con el demonio 27 años. El demonio, vestido mucho tiempo de pastor de una iglesia cristiana, violó por años a tres de sus cuatro hijas. La más pequeña está enamorada de él. El demonio anda suelto. Se llama Ceferino y es un creyente fervoroso. La gente lo adora porque llora mucho, le pide perdón a Dios mucho, entre sollozos, y tiene mucho carisma. Ha enfrentado varias demandas desde hace 11 años, cuando Ale, la primera de sus hijas creció, se enteró de que no es normal que un padre manosee a sus hijas, huyó de la casa y acudió desesperada al DIF. La mujer de enfrente no le creyó a su hija. O le creyó, pero le pareció tan horrible lo que estaba creyendo que decidió enloquecer. “Tú sólo quieres alimentar tu odio contra tu padre”, le reclamó a su hija: era la frase preferida del pastor. Durante mucho tiempo la mujer tuvo paja en la cabeza —se lo repetía Ceferino diario—, y el cuerpo lleno de golpes. El primer parte médico de su colección privada lo hizo la Agencia del Ministerio Público 54, el 1 de mayo de 1989, cuando ella tenía 24 de edad y cinco de matrimonio. En el parte se lee que la mujer tiene lesiones por “agente contundente, en la región infraorbitaria (alrededor de la nariz) y en el muslo izquierdo. Los golpes tienen antigüedad de ocho días. No ponen en riesgo a la víctima”. Hoy que se recupera de la locura, la víctima tiene la nariz deforme, como la de un boxeador viejo, aunque conserva los labios carnosos y la profundidad redonda de los ojos cafés, almendrados La mujer se casó cuando cumplió 19. Antes tuvo un novio católico y decidió dejarlo porque las diferencias religiosas iban a traerle mucho llanto, le advirtió alguien. Recién casados, el esposo le dijo que quería ser pastor. Ella le prometió trabajar como enfermera día y noche, para que Ceferino pudiera dedicarse a Dios de tiempo completo. Un día Ceferino le dijo que trabajar era de libertinas y le prohibió hacerlo. Otro día la mandó a los cruceros a vender cosas. Después de unos 10 años, cuando faltaron los centavos, le permitió regresar a los hospitales. Ella nunca vio su salario ni pudo disponer de él. Ceferino disponía de todo. Ceferino es caprichoso: los aparatos de sonido son su perdición. La mujer recibió advertencias, pero por una u otra cosa siguió al lado del pastor: “Cuando llegué del hospital, después de parir a Tercera, Ale, que tendría como siete años, se arrimó y me dijo: mi papá me besó en la boca y me metió la lengua. Fui a reclamarle a Ceferino. Me golpeó, lloró, me pidió perdón y me dijo ‘¿Acaso soy perro para hacer eso?’ Acabé pidiéndole perdón yo y jamás volví a sospechar: me golpeó nomás por pensarlo. Yo creía que eso lo hacen los tíos, los padrastros, pero no los cristianos, menos si son pastores”. Ale “Por voluntad y decisión propia he determinado esclarecer y sacar a la luz un asunto familiar extremadamente doloroso, vergonzoso y humillante. Cuando era muy pequeña, en todas las ocasiones recibí un beso en la boca de mi padre introduciendo él su lengua. La tercera vez me preguntó si ya me había gustado”. Carta que envió Ale al Concilio Nacional de Asambleas de Dios Distrito Occidente, el 25 de junio de 2002. “La menor ha sufrido 17 años consecutivos del delito de violación y/o incesto y/o maltrato y los que resulten. Refiere la menor que en muchas ocasiones el padre la manoseó y tenía relaciones sexuales con ella, siempre que tenía oportunidad, aprovechando la ausencia de los demás”. Carta sobre el caso de Ale que el DIF envió a la Procuraduría de Justicia, con la que comenzó la averiguación previa 15550 de 2002. Ale parió su primer hijo unos días después de que comenzó la batalla legal contra su padre; vive un matrimonio difícil con el marido alcohólico que la salvó de su casa. Su madre y sus hermanas la desterraron y no volvieron a hablarle en 10 años. La Asamblea de Dios expulsó y desprestigió a Ceferino entre sus fieles. El DIF, en cambio, se compadeció: convenció a la mujer del pastor de que firmara una conciliación, para que la familia no se desintegrara. Segunda Cuando nos preguntaron en el DIF no quisimos decir nada. Mi papá nos había dicho: si le dicen, aunque sea a su mamá, voy a la cárcel y ahí me violan con un palo. Además Ale me provocaba. Era muy raro, pero nosotros queríamos a mi papá aunque fuera malo. Hicimos un pacto con él. Le juramos, por nuestra vida, que nunca le diríamos a nadie lo que pasaba. Yo tenía 15 años y Tercera tenía 12. Lo protegimos aunque él siempre fue violento. Cuando a los cinco años me raspaba las rodillas, me agarraba de las greñas y pateaba donde fuera igual si tosía o me reía. A mi mamá también le pegaba y le decía que era mala madre porque tenía paja en la cabeza. Por eso cuando nos raspábamos mi mamá nos acostaba temprano y nos tapaba bien. En esos años, él empezó a hacer eso. Empezaba quejándose de dolor de pies y nos decía que lo sobáramos, que nomás nosotras podíamos aliviarlo. Mucho tiempo pensé que era normal, porque nunca hubo violencia física en la violación. Un día vi a una niña con su papá y me sentí superior: mi papá me quiere más porque a mí sí me hace eso. Cuando cumplí 13 años me di cuenta y me quise suicidar. Mi mamá me descubrió y se puso muy triste. Me dijo: vamos a platicar con tu papá, él es pastor. Mi papá me dijo tráeme el palo, orita vas a ver lo que es sentirse triste. Casi me mató y me dijo: tú no sabes lo que es quererse morir. Luego empezó a llorar y le pidió perdón a Dios. Pero ni así reaccionamos. Cuando Ale nos quiso decir lo que mi papá le hizo le contesté: tú nomás quieres alimentar tu odio. Eso mi papá lo repetía siempre. Tengo 28 años y me casé con un católico. Quiero llamarme Segunda en esta crónica. Tercera Tengo 22 años, pero entonces tenía cuatro. Mi papá nos decía que nos iba a apachichar. Nos acostaba, nos acomodaba, nos penetraba y nos daba una sabanita para limpiarnos. Nos tenía hipnotizadas. Cuando Ale denunció le creímos a mi papá. Por eso dejamos de ver a mi hermana casi 10 años. Lo bueno fue que él dejó de violarnos, pero empezó a pegarle más y más a mi mamá. Cuando ella nos preguntaba si nos había hecho algo no le decíamos: Segunda y yo habíamos hecho un pacto con él. Un día le pregunté a un señor si él también apachichaba a su hija. Primero me quise suicidar. Después me revelé. Le dije a mi mamá que lo dejara, que la iba a matar. Me empezó a odiar. Me dijo: nomás quieres alimentar su odio. A mi mamá la convenció de que yo dormía con hombres. Segunda y yo nos fuimos de la casa. Mi mamá nunca tuvo permiso para visitarnos. Ni fue a nuestra graduación de Enfermería ni a la operación de nariz de Segunda ni a su boda civil ni al nacimiento de su niña… Ahora sé que mi papá nunca dejó que mi mamá platicara con nosotras porque tenía miedo de que le dijéramos lo que hacía. La mujer La mujer que está sentada frente a mí intentó dejar al demonio muchas veces, pero pudo hacerlo hace apenas dos años. Él siempre lloraba y ella siempre pensaba que él iba a cambiar, aunque antes el pastor había seducido a sus feligresas y embarazado a varias, a las que él mismo llamaba libertinas. La mujer estaba anulada. Ella sabe bien de manipulación. Dice que no se acuerda de una sola escena de la infancia de sus hijas. Se separaron el día que ella despertó y puso un límite sencillo: la próxima vez que me diga idiota lo dejo. No transcurrió ni un día. Para separarse, él le pidió cien mil pesos. Ella estaba tan fuerte aquel día que lo amenazó con dejarlo morir de diabetes esa misma noche. Para entonces el demonio había enamorado a la más pequeña de sus cuatro hijas, que entonces tenía 10 años y que quiso seguirlo. La mantuvo secuestrada dos años, hasta el 29 de agosto de 2013, cuando las autoridades se la devolvieron a su madre, y volvió a llevársela de la secundaria 15 días más tarde, con el consentimiento de la adolescente. En la lista de averiguaciones previas sin averiguar contra Ceferino está la 1605 A de 2013. El día que la recuperaron, la pequeña de las cuatro traía puestos los calzones del pastor. A Cuarta le cuesta acostumbrarse a su madre y sus hermanas, y cuando le preguntan si ella también ha vivido en el infierno, responde encendida: ustedes nomás quieren alimentar su odio. Temas Tapatío Religión Violencia contra las mujeres Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones