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Miércoles, 22 de Noviembre 2017
Suplementos | Una histórica división y desconfianza atada sólo por la batalla presidencial

Las fracturas de la izquierda

Una histórica división y desconfianza atada sólo por la batalla presidencial, que a partir del año 2012 tuvo un derrumbe de unidad
Los grandes quiebres de la izquierda se explican por la ruptura entre grupos de poder. EL INFORMADOR / J. López

Los grandes quiebres de la izquierda se explican por la ruptura entre grupos de poder. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAR/2017).- La historia de la izquierda mexicana es una insufrible crónica de división y desconfianza. Por algún tiempo, el PRD pudo aglutinar a la heterogeneidad progresista. Las figuras carismáticas de Cuauhtémoc Cárdenas y de Andrés Manuel López Obrador sirvieron de pegamento. Sabíamos de las diferencias internas, de la pugna fratricida, pero las mieles de un futuro promisorio ocultaban las profundas desavenencias del presente. Unidad atada a la batalla presidencial, pero con celos históricos que amenazaban permanentemente con doblegar el endeble equilibrio.

Las distintas expresiones de la izquierda mexicana se mantuvieran unidas de 1989 a 2012. Empero, la derrota de 2012 también fue el prólogo del derrumbe de la unidad. Al principio, el divorcio entre el PRD y López Obrador, que se iba a fundar Morena, tenía ciertos visos de amabilidad. Sin embargo, con el paso del tiempo quedó claro que como en el Viejo Oeste, el duelo entre los dos partidos de izquierda tendría como corolario el ascenso de uno y el ocaso de otro. El PRD fue aceleradamente fagocitado por Morena y hoy el centro de gravitación de la izquierda se sitúa en el partido recién fundado.

Lo más interesante cuando vemos esta guerra fratricida es preguntarnos: ¿Qué los separa? ¿Son irreconciliables sus diferencias?

La primera gran fractura de la izquierda fue y es táctica: ¿negociar o no negociar? El Pacto por México distanció enormemente a las izquierdas. Unos, los cercanos a López Obrador, se oponían a cualquier interlocución con la Presidencia. Los otros, una parte del perredismo, querían y necesitaban los acuerdos luego del adiós de López Obrador. Ante la crisis del sistema, hábilmente López Obrador y Morena se colocaron a las antípodas del peñismo, mientras que el PRD fue identificado como un partido del régimen que implosionaba.

Otra gran fractura en la izquierda mexicana tiene que ver con la lealtad institucional. Por años, López Obrador ha navegado por las aguas de lo que Juan Linz llamó: la semilealtad. Es decir, ambigüedad del tabasqueño hacia las instituciones, sus decisiones y los procesos de reforma. La semilealtad permite que hoy López Obrador, quien lleva décadas participando del sistema político, pueda ser visto como un externo-outsider. Por el contrario, tanto los “Chuchos” en el PRD como Movimiento Ciudadano adoptaron un discurso de cambio institucional, pero siempre respetando las reglas del juego.  

Hay también fractura ideológica: el liberalismo. La izquierda y el liberalismo son primos incómodos. El PRD trató de ajustar su discurso político para acercarse al libre mercado, menos polarización con los empresarios, y una agenda de extensión de libertades matrimonio igualitario y aborto. Por el contrario, Morena siguió con su crítica a la oligarquía -la mafia del poder-. Mientras Morena señalaba al “establishment”, el PRD fincó su postura en el reformismo La ambigüedad con la que López Obrador se refiera a asuntos como el matrimonio igualitario es espejo de esta tensión ideológica.

Y, la más importante: los personalismos. Los grandes quiebres de la izquierda se explican por la ruptura entre grupos de poder. Así surgió la corriente democrática en los ochentas y Morena en 2013. La baja institucionalidad de la izquierda y una marcada cultura política de caudillaje, han provocado que la izquierda mexicana gire en torno a líderes carismáticos y no a proyectos políticos definidos.

La paradoja es que nunca la izquierda había tenido tanto peso electoral. Si tomamos el promedio de las encuestas, sumando los votos que obtendría Morena, el PRD, MC y el PT, los partidos progresistas en su conjunto aglutinan 38% de la intención de voto. Si comparamos con 2006 y 2012, prácticamente es el doble de apoyo. Sin embargo, el faccionalismo amenaza con dejar a la izquierda otra vez a las puertas de Los Pinos en 2018.

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