Suplementos | Un grupo de mujeres se divierten y ejercitan en el Parque Amarillo, de Jardines Alcalde La zumba es mejor con árbol De lunes a viernes, un grupo de mujeres se divierten y ejercitan en el Parque Amarillo, de Jardines Alcalde Por: EL INFORMADOR 30 de junio de 2013 - 04:57 hs Muchas de ellas abuelas se mueven al ritmo que les marca la maestra Rosa María Rivero Franco. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (30/JUN/2013).- Son las 9:30 de la mañana, y una veintena de mujeres la mayoría de ellas abuelas o en edad de serlo, van tomando su lugar para la clase de zumba, alrededor del frondoso árbol, que se encuentra en el Parque Amarillo,en la colonia Jardines Alcalde. Muchas de ellas debieron dar de desayunar a sus hijos, o maridos. Dejar a sus nietos en la escuela, planear el menú del día, o realizar alguna otra labor hogareña antes de prepararse para regalarse esta hora que es sólo para ellas. Algunas llegan empujando la carriola, o traen de la mano uno o dos de los nietos que no pudieron ir al kínder. Los pequeños traen sus cuadernos para dibujar o algún juguete para pasar el tiempo mientras las abuelas bailan, brincan y se divierten. Rosa María Rivera Franco, la maestra, una mujer de 51 años, madre de dos chicos y una chica que ya la han hecho abuela, fue durante muchos años ama de casa tradicional, luego trabajó de cocinera en algunas pequeñas empresas, pero siempre le gustó el baile y los aerobics, se capacitó para a su vez dar clases, pero nunca soñó que esa fantasía se haría realidad. Ahora desde hace un año ocho meses, de lunes a viernes imparte sus clases de zumba de manera independiente, a ella nadie la contrató, nadie le paga, solo sus alumnas que cooperan con 12 pesos por clase de los cuales debe pagar un peso al Ayuntamiento y a la casa de la cultura que se encuentra justo frente a donde ella ofrece sus clases. Morena, de cuerpo agradable, ligeramente pasada de peso, pero con una gran vitalidad dice que se ve, “cuando tenga ochenta años, dando clases como hasta ahora, a mi ritmo, pero sin dejar de mover e invitar a mis alumnas a seguirse moviendo.” La mayoría de quienes acuden al grupo de baile del Parque Amarillo (llamado así por la escultura gigante y de color amarillo, obra de Fernando González Gortázar) rondan o sobrepasan los cincuenta años, hay incluso algunas que están entre los sesenta y setenta años, y no dejan de intentar imitar los pasos que Rosi les modela. Alicia Vázquez de 65 años, muestra una cara de satisfacción cuando logra seguir las coreografías, se queja de que por sus deberes familiares no puede venir todos los días, pero intenta asistir aunque sea de dos a tres veces por semana. Anteriormente tenía problemas con la presión arterial. Ahora la tiene muy controlada, el médico le ha dicho que es gracias al ejercicio. Por su parte, Licho, de 60 años, cuenta que además de venir a la zumba dos veces por semana, acude al CODE a clases de natación. Para ella hacer ejercicio es una forma de sentirse bien, de cargarse de energía y fuerza, regresa a casa con muchas ganas de hacer cosas, en lugar de sentirse cansada. María de Lourdes es una mujer de 54 años, los últimos veinte los pasó cuidando a su madre enferma; no podía salir a la calle, procuraba hacer bicicleta fija y de vez en cuando caminar. Cuando la madre de Lulú falleció, una vez sobrellevada la pena, se integró al grupo de “bailadoras del Parque Amarillo” y la vida le cambió. Dice que se siente de maravilla, ha recobrado la seguridad en sí misma, al grado que hace unos días que la maestra faltó, ella dirigió la clase. Sobresale entre sus compañeras, ya que además de ser delgada, tiene una gran agilidad para el baile, pese a que asevera que tiene la espalda lastimada por cargar a su madre. Rosi al frente del grupo les marca los pasos, luego camina entre ellas para ayudarles, les dice que cada quien haga lo que pueda de acuerdo a su capacidad, que se esfuercen pero no se lastimen. Cuenta que ella misma tiene problemas de articulaciones, en especial en una rodilla, por lo que debe tener cuidado al realizar algunos pasos. Además de las clases en el Parque Amarillo, Rosi da clases de baile de salón en una academia a donde se mudarán unos meses mientras dura la temporada de lluvias, ya que no logró que le prestaran un espacio dentro de la Casa de La cultura. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones