Suplementos | Enrique Berruga Filloy publicó su nueva novela, 'La eternidad no tiene futuro' La vida vista desde la muerte Enrique Berruga Filloy publicó su nueva novela, 'La eternidad no tiene futuro' Por: EL INFORMADOR 10 de julio de 2016 - 01:09 hs El día de la presentación del libro Berruga Filloy estuvo acompañado por Rafael Tovar y de Teresa, y Jorge Zepeda Patterson. ESPECIAL / Editorial Planeta GUADALAJARA, JALISCO (10/JUL/2016).- La literatura es el espacio para imaginar otros mundos posibles, entre ellos, también esa otra realidad que le sucede a nuestra conciencia después de la muerte. Toda una tradición de literatura (religión incluida) está dedicada a resolver ese gran misterio de la muerte, que es igualmente el de la vida misma. El escritor y diplomático Enrique Berruga Filloy publicó su nueva novela, “La eternidad no tiene futuro”. La editorial Planeta acoge este libro que explora los pensamientos de un protagonista que encarna a un alma joven en el más allá, desde donde filosofa con humor sobre su nueva condición. Sobre ésta y sus otras novelas, la literatura y la vida platicamos para EL INFORMADOR con el autor. -¿Cómo decidiste el tema de esta novela del “más allá”? -Las otras novelas son del más acá, ésta es del más allá. Siempre he tenido la inquietud de resolver algunas preguntas de la vida a través de la literatura. Hacerlo de una manera más humana, grata. Uno de esos temas es el de la muerte. Me llamó la atención ponerme en los zapatos de un muerto para ver cómo se ve la vida. Es un elogio a la vida, a veces no apreciamos lo que tenemos, no valoramos lo que tenemos como seres vivos: una gran riqueza que hay en la tierra, la convivencia, todos los fenómenos. Desde la óptica de un muerto esto se magnifica mucho. -El humor es un elemento importante en la narración. -Nos podemos hacer la vida muy ingrata, o hacerla más llevadera. Si uno le encuentra el ángulo humorístico a las cosas que nos ocurren en la vida uno tendrá una mejor percepción de la existencia. No es necesario flagelarnos todos los días en la vida cotidiana. Que los días no pasen simplemente sin ir a ningún lado, sin pensar en los logros que podemos alcanzar. Hay muchas cosas que nos vienen preetiquetadas por la religión o la ideología, pero ese diseño lo podemos hacer cada uno de nosotros, no hay obstáculo. Nos da temor arriesgar, pero arriesgar es una de las grandes pimientas de la vida. -El tema de imaginar qué hay después de la muerte es frecuente en las religiones. -Tenemos una serie de imágenes que nos han dado desde el catecismo en esta parte del mundo. La religión musulmana o el budismo proponen otras cosas. Sabemos mucho de cómo funciona un átomo, de la galaxia, pero no sabemos a ciencia cierta qué nos sucede después de la muerte. Ante esa incertidumbre lo único que nos queda es la vida. Por eso en algunas religiones aunque se prometa una vida mejor, que será eterna, nadie se quiere morir. Ni las plantas. Es la supervivencia, en parte porque hay la percepción de que puede no haber nada más allá. Eso reivindica la vida como un regalo que podemos tener por algunos años. -¿Imaginas esta novela adaptada al cine, como “Propiedad ajena” (2007, dir. Luis Vélez)? -Se me han acercado personas que tienen interés, también para teatro. Hay cosas interesantes, como la gama cromática de las almas. Eso le ha llamado la atención a un dramaturgo: me comentó que le gustaría adaptarla, sería una obra muy plástica, muy colorido. Es lo contrario a lo que pensamos de la muerte. Yo estaría muy contento si se adapta a cine o a teatro. O a las dos. -¿Cómo fue esa primera experiencia cinematográfica? -Fue una etapa bastante complicada entre el guionista, el director y yo. Uno como escritor ve la novela de una forma, y ellos de otra. Es válido, además son lenguajes muy diferentes el literario y el cinematográfico. Se dice que la novela tiene más riqueza que la pantalla por el lenguaje. Pero al contrario: una película tiene diálogos, sonido, imágenes. Parecería que el cine es más atractivo que un libro, pero en general mucha gente aprecia más el libro que la película. Es más íntimo, uno se imagina las cosas en primera persona. En el fondo para eso leemos, para poder vivir la vida de otros, las experiencias de otras personas. La vida no nos alcanzaría para vivir las experiencias que quisiéramos. Por eso nos vemos en “El viejo y el mar”, en “Hamlet”, en el coronel Buendía de “Cien años de soledad”. Es la única forma que hemos encontrado para vivir otro tipo de vida. Esa es mi impresión de por qué la gente lee: porque estamos muy solos. Gracias a la lectura siente uno que no está tan solo, si a un personaje de Balzac o de Victor Hugo le pasaron cosas así y más. Si uno siente que tiene una derrota amorosa habría que leer a Madame Bovary (de Gustave Flaubert), y ahí sí veremos lo que es una derrota amorosa de verdad. A través de la literatura nos damos cuenta de que no estamos tan solos ni aislados. -Aunque la lectura y escritura son actividades solitarias, uno de tus libros es una novela a cuatro manos. -Mi primera novela fue en coautoría con Mario Melgar, un muy amigo mío. Teníamos la inquietud de explorar si los políticos entendían lo que la gente pensaba o si vivían en una burbuja. Así creamos al personaje que reúne información y percepciones. La coautoría fue muy grata, era una forma de tener una pared para rebotar ideas. Uno solo no la encuentra. En coautoría hay negociación desde el estilo y las ideas que se plasman. EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones