Suplementos | Atole de movilidad con el dedo La vida en shuffle Cómo se imagina que puede alguien ir a un concierto en la Arena VFG sin carro Por: EL INFORMADOR 21 de octubre de 2008 - 23:00 hs De entre los abusos cotidianos que las empresas del transporte público practican en contra de los ciudadanos, en complicidad con las autoridades, está el que más allá de las diez y media de la noche sea casi imposible tomar ningún camión para llegar al destino elegido. Esto es algo en lo que no reparamos fácilmente los que tenemos auto. Pero cómo se imagina que puede alguien ir a un concierto en la Arena VFG sin carro, o a la Calle 2, allá en Los Belenes, o ir al cine de diez de la noche o a cenar o lo que sea que implique un desplazamiento demasiado largo para recorrerse a pie. Se dirá que cuál es el problema, que los conciertos están abarrotados, las Fiestas de Octubre también, lo mismo que muchos restaurantes y cafés, que la vida de la ciudad sigue, que la gente llega a trabajar, llega a su casa como puede y se mueve en lo que puede y que nadie se queja de ello. Sí, pero en realidad se deja de ver una falla más de las que hacen el transporte público de Guadalajara uno de los más nefastos que puedan existir, sobre todo por las ínfulas de gran ciudad que de pronto gobernantes y ciudadanos se dan. En Guadalajara ha crecido la llamada “oferta cultural” en una medida por pocos imaginada hace diez años, cierto. Unos pensarán que es de baja calidad y otros que está bien para comenzar. Mal que bien, al menos en el plano del mainstream y hasta en el del underground del espectáculo internacional y nacional, nos visitan cada mes destacados exponentes. ¿Y quién va a esos espectáculos, a esos lugares de esparcimiento como son los restaurantes, el cine, los cafés, el teatro, por tomar sólo esa parte de la realidad, además de los que van a divertirse? Pues centenas de empleados que están obligados a pagar caro un servicio de transporte como el de los taxis (abusadores también solapados por las autoridades) o atenerse al aventón o al transporte de la empresa para llegar tres horas después a descansar a casa. ¿Cuántos espectadores más, cuántos comensales, cuántos amantes del cine o del teatro más podría haber cada semana si hubiera un eficiente sistema de transporte nocturno en la ciudad? En otro plano, ¿cuántos autos se quedarían estacionados sin contaminar, sin crear embotellamientos y sin convertirse en un riesgo para sus dueños después de beber alcohol? Está de moda hablar de movilidad urbana; a cada rato salen nuevos expertos que constatan con estudios costosísimos lo que el sentido común descubrió ya hace rato. Es propio de un alcalde cool irse un día a la semana en bicicleta a la oficina. Funcionarios se llenan la boca con terminajos para explicar lo trascendente de las iniciativas que promueven para hacer de esta noble y leal ciudad, una también más amable, donde las necesidades de los que tienen autos no imperen sobre las de los demás. Qué bueno, pero el tamaño de las incongruencias opaca lo que pueden ser buenas y sensatas intenciones. En otras ciudades del mundo, como las que a los pensadores y políticos de Guadalajara les gusta tomar de referencia, el servicio de transporte público no está disociado de la oferta cultural, de ocio, que a fin de cuentas incluye a trabajadores y a gente que va a pasar un buen rato en diversos puntos de la ciudad. En un punto, las políticas de movilidad urbana tienen que ver con la democratización de la oferta de transporte en la ciudad: se trata de que más gente pueda desplazarse de manera más eficiente, pero en el caso de la no existencia del transporte público nocturno en Guadalajara se está dejando sin opciones a una inmensa cantidad de gente. Y eso es responsabilidad de las autoridades. Cómo va a ser posible que el Tren Ligero haga su última corrida al diez para las once de la noche, que los camiones hagan lo mismo un poco antes. La noche es un privilegio para los que tienen auto, los demás que se jodan, que paguen caro su ocio, su derecho a desplazarse en la ciudad. Destacado: Es propio de un alcalde cool irse un día a la semana en bicicleta a la oficina. Funcionarios se llenan la boca con terminajos para explicar lo trascendente de las iniciativas que promueven para hacer de esta noble y leal ciudad, una también más amable, donde las necesidades de los que tienen autos no imperen sobre las de los demás por: eduardo castañeda h Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones