Suplementos | Rastrear la historia del inmueble en Santa Mónica y Pedro Loza, no es tarea sencilla La vida cotidiana que lucha por permanecer Rastrear la historia de este inmueble, situado entre las calles Santa Mónica y Pedro Loza, no es tarea sencilla; sin embargo, sus muros han contado algunas cosas Por: EL INFORMADOR 3 de agosto de 2014 - 01:37 hs A finales de los noventa, el Ayuntamiento tapatío adquirió la finca que para entonces ya estaba a punto de colapsar. / GUADALAJARA, JALISCO (03/AGO/2014).- Por muchos años, la finca conocida como Casa Reforma, en el Centro de la ciudad, representó un riesgo para los peatones y la permanente posibilidad de un derrumbe debido al abandono en que se hallaba. Esta casa colonial —ubicada en calle Reforma número 363, en el Centro Histórico de la ciudad— forma parte del patrimonio edificado de Guadalajara y, como señala el arquitecto Cuauhtémoc de Regil, del Centro INAH Jalisco, “muestra una clara pertenencia al siglo XVIII, por las características de sus espacios, las soluciones que presenta y los elementos formales de su construcción; esa datación sería la adecuada, en especial del contenedor más amplio de la edificación”. Con todo, especifica el especialista, “tiene también una serie de adiciones, es cierto, y es en la medida de esas alteraciones que puede datarse su construcción; este edificio cuenta con adiciones del siglo XIX y hasta del XX, y muchos de estos elementos fueron agregados valiosos en su tiempo pero otros fueron desafortunados (la parte Oriente del predio se subdividió para ampliar su uso como unidades de habitación, por ejemplo, lo que debilitó algunos muros), y cancelaron parte de la ‘lectura’ original de la finca”. En esta “lectura”, la Casa Reforma adquiere una de sus particularidades esenciales; debido a su antigüedad, significa un inmueble que permite, “gracias al testimonio de sus sistemas constructivos”, sostiene De Regil, “la posibilidad de reinterpretar, estudiar y preservar” un espacio que da cuenta de “procesos de organización social” en la Guadalajara de aquellos años, así como detectar “diferentes pasos en el crecimiento de la ciudad”. De mano en mano Rastrear a los propietarios no es un proceso sencillo, asegura el arquitecto, “el problema de este país es que no hay claridad en los registros, porque muchos archivos públicos no tienen un historial confiable ni se han preservado de manera adecuada, lo que impide hacer una labor documental que amplíe lo que hasta ahora sabemos”. Lo que es claro hasta este punto, indica De Regil, es que se trató de una propiedad en manos de particulares hasta los años setenta del pasado siglo, cuando pasó a ser “manejada por los Jesuitas; pero hasta donde sabemos, el Ayuntamiento tapatío tomó cartas en el asunto y adquirió el inmueble a fines de los años noventa, más o menos entre 1997 y 1998, cuando se presentó el serio problema de riesgo de que colapsara la fachada; después de tantos años en el abandono, si no se hubiera dado la intervención, la finca sufriría la suerte de otras que ya están en el suelo (y que, por desgracia, son montones)”. Frailes dominicos La arquitecta Violeta Ponce, quien ha tenido a la finca como objeto de estudio para sus tesis de licenciatura y maestría, destaca que hasta donde ha podido obtener datos, “Casa Reforma es una de las pocas fincas cuyo registro arquitectónico —habitacional— corresponde a fines del siglo XVII; todo indica que fue la sede donde llegaron a establecerse los frailes dominicos cuando llegaron por primera vez a Guadalajara”. Destaca Ponce que el inmueble “presenta características muy peculiares en su interior; los sistemas constructivos son burdos, tradicionales de la época. De hecho, los vanos de habitación a habitación eran muy pequeños, había marcos de cantería y presentaba pinturas —decorativas y a la cal— en los muros; eso demuestra la poca tecnicidad a la que se tenía acceso en ese tiempo. No puede asegurarse que haya tenido funciones religiosas”. La presunción de que sirvió como casa habitación para los dominicos proviene de un texto de la época donde se refiere, apunta la arquitecta, “que la casa conservaba rasgos ‘primitivos’ y se ubicaba en una zona aledaña a la iglesia de Santa Mónica y el Santuario de Santo Domingo (hoy templo de San José); pero se anotan más cosas, que la casa mira hacia el Norte, que la entrada es distinta es diferente en su segundo nivel, se describen las escaleras, en fin”. La vida sencilla Si, como comenta Ponce, la llegada de la orden de Santo Domingo sucedió “en el último cuarto del siglo XVII”, eso podría coincidir —décadas más o menos— con lo que se especula acerca de la fecha de construcción de la finca; con todo, establece, “el partido arquitectónico es claro, por eso no resulta tan complicado dar seguimiento a sus intervenciones a lo largo de más de 200 años”. En palabras de la investigadora, durante el periodo de su trabajo sobre la casa —de 1997 a 2000— “quedaban en el Centro apenas cuatro o cinco fincas de esa época (fines del siglo XVII y principios del XVIII); una de ellas (en calle Belén) se cayó, pero sus sistemas constructivos, aunque no similares, eran de la misma época”. De acuerdo con la arquitecta, los sistemas tradicionales de su construcción “reflejan la vida austera de aquella época, marcada por la sencillez, la utilidad y la poca suntuosidad; no debe olvidarse que se destinaba a la vivienda, eso nos habla de un sentido poco complicado para la vida cotidiana, a pesar del dinamismo que debió caracterizar el centro de la ciudad”. Valor y resistencia El valor indiscutible de Casa Reforma descansa no sólo en que “se mantiene en pie, aunque con muletas”, afirma Ponce, “para mí es una de las más antiguas de la ciudad y, además de su uso como asiento de una orden religiosa, sus características modestas de construcción nos hablan de la vivienda en aquellos tiempos. Puede decirse que la propia casa ‘ha peleado’ por permanecer, a pesar de las sucesivas intervenciones que sufrió”. En estos términos, el futuro para Casa Reforma es esperanzador y, de probarse que el esquema de financiamiento planteado por parte del Ayuntamiento es efectivo, su recuperación puede significar “un ejemplo” —como dijo hace días Ricardo Duarte, titular de la Secretaría de Cultura de Guadalajara— para la situación que guardan otras fincas de valor patrimonial e histórico en el centro de la ciudad. EN OBRAS Como parte de un programa de acción dividido en cuatro etapas, el inmueble se encuentra en proceso de “rehabilitación” desde hace dos meses, trabajos encabezados por Alejandro Canales. Se trata de la primera etapa (que se espera concluya en cuatro meses más) y que cuenta con recursos por cuatro millones de pesos —de una partida federal— para su realización. Los trabajos incluyen: a) Colocación e instalación de testigos y plomadas para registrar cualquier movimiento, asentamiento. b) Retiro y eliminación de flora parásita que afecta elementos estructurales y ornamentales de la edificación. c) Retiro de aquellos elementos en riesgo de desprenderse. d) Valoraciones de diversos elementos arquitectónicos que presentan deterioros evidentes en muros, cerramiento en puertas y ventanas, entrepisos y cubiertas. e) Se integrarán instalaciones hidrosanitarias, así como bajantes pluviales. f) Instalaciones de voz y datos, seguridad, iluminación, servicios sanitarios y de aseo, etcétera. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones