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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Suplementos | Para hablar de Nélida Piñon basta nombrar su premio Príncipe de Asturias de las Letras

La seducción del misterio humano

Para hablar de Nélida Piñon (Brasil, 1937) basta nombrar sus premios Príncipe de Asturias de las Letras y el de Litetatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo
Nélida Piñon (Brasil, 1937), fue la primera mujer presidenta de la Academia Brasileña de Letras. EFE / ARCHIVO

Nélida Piñon (Brasil, 1937), fue la primera mujer presidenta de la Academia Brasileña de Letras. EFE / ARCHIVO

GUADALAJARA, JALISCO (08/ENE/2017).- Para hablar de Nélida Piñon (Brasil, 1937) basta nombrar sus premios Príncipe de Asturias de las Letras y el de Litetatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, y que fuera la primera mujer presidenta de la Academia Brasileña de Letras, para darnos una idea de su trascendencia. Pero es hasta que la escuchamos hablar de libros, de palabras e imágenes, con la minuciosidad y la sonrisa de una abuela que prepara un té, cuando podemos asomarnos a su magnético universo. Esta entrevista, realizada durante la FIL 2016, da una pequeña muestra.

 -En el documental “El Bosco, el jardín de los sueños” usted dice que para aclarar lo que la pintura quiere decir hay que inventar palabras, ¿se le ha ocurrido alguna?

-Como no se me ocurre crear una nueva palabra a la altura de la genialidad del Bosco, pienso que convendría dar nuevo sentido a las palabras existentes.

 -¿A qué palabras le ha dado nuevo sentido Nélida Piñon?

-Todas las palabras tienen la vocación de crear nuevas interpretaciones. La palabra no envejece, lo que envejece es la utilización de ella. En manos de una persona inventiva las palabras ganan juventud. Lo que no se puede hacer es acomodar palabras gastadas.Nuestra contemporaneidad es muy frívola y de gran indigencia, verbalmente hablando. Hay que poetizar la realidad. Hay que quebrar la banalidad de lo cotidiano. Yo soy una feminista, pero soy una mujer que ama la casa, el hogar, la comida, la culinaria, los objetos. Creo que no tendríamos que renunciar a esa parte, aún en momentos adversos.

-¿Se han perdido de mucho los hombres al no asomarse a este espacio?

-Sí, porque ni los hombres llegaron a lo cotidiano, ni las mujeres abandonaron la casa. Tenemos que eliminar la banalización de lo cotidiano y valorarlo.
 
-Usted habla de lo que se le negó a la mujer por no tener su versión de la poesía bíblica.

-En la Biblia, Dios no habla con la mujer. Cuando otorga a Abraham la sagrada alianza, no habla con Sara. Dios habla muy poco con las mujeres en el Testamento. Cuando gané el premio Juan Rulfo en 1995, en el discurso conté cómo le tocó a la mujer un segundo plano en la historia. Sin embargo, los grandes autores sólo pudieron hacer sus respectivas obras gracias al convivio con las mujeres, las únicas capaces de traducirles la realidad. Porque los hombres no parieron hijos, no vivieron amores desgarrados y humillados, no tuvieron la obligación de estar cerca de los muertos o moribundos. Todo esto ha sido una experiencia femenina.
 
-¿La versión masculina de la historia que hemos conocido es en realidad una versión femenina?

-Sí. El autor no le dijo a nadie “mira, esto que estoy escribiendo sobre el amor, sobre la muerte, sobre el nacimiento, sobre los momentos fundacionales de la humanidad, lo conocí mejor por cuenta de mi mujer”. La mujer sabe mucho más de lo que ella piensa que sabe. Hay una memoria genética que aún no llega a ser evidente. Yo exploto mucho eso en mi literatura. Creo que para ser contemporáneo, uno tiene que ser arcaico, asomarse a los mundos antiguos. Hay que viajar por todos los tiempos, todos los sitios, conocer las civilizaciones.

-En una charla con Juan Cruz usted decía que la “memoria es la imaginación”.

-Viene junto. La memoria no puede prescindir de la imaginación. ¿Qué somos sin la memoria nuestra, del hogar, de nuestra genealogía? Pero somos mucho más que eso: somos la memoria no vivida.
 
-Usted empezó escribiendo sobre temas considerados espirituales.

-Mi primera novela se llamó “Guía-mapa de Gabriel Arcanjo”. Pero la gente lee mal todo, no era espiritual. Era un libro subversivo que la gente, sólo por el título, cree que era sobre Dios. Como mujer he sido víctima de los estigmas con mucha facilidad. En mi texto, bueno o no, era muy revolucionaria.  Yo no tengo miedo de escribir. Y sigo escribiendo como si fuera una fuerza vital.
 
-¿Qué parte de la memoria perdimos los iberoamericanos, a propósito del libro de ensayos “Los hijos de América”, que recién salió en Brasil y se publicará en español en 2017?

-Primero, no me gusta que les llamen “los indios de América”. Son civilizaciones o, si quieren, autóctonos. Los pueblos antiguos llevan dentro, aunque no sepan, maravillas, tierras ignotas dentro de ellos. Los herederos de los incas, por ejemplo, son muy humillados. ¿Te imaginas lo que habrá sido cortar la cabeza de Atahualpa, el emperador supremo? Una violación total que puede aniquilar un pueblo. Llevará tiempo saber cómo esa mutilación erosionó la mente de los sucesores de los incas. El tiempo es muy frágil, un siglo no es nada delante de la historia. No somos sólo hijos de nuestros padres, somos hijos de la historia. Por eso he escrito “Los hijos de América”.

-Durante los últimos años, al hablar de literatura brasileña se ha dicho mucho de Clarice Lispector, pero poco de Machado de Assis.

-El mundo es así, toma un nombre y mata los demás. Cuando tendríamos que ser justos, pensando que una literatura es un inmenso legado que hay que conocer. A mi juicio, Machado de Assis es el primer gran escritor de América Latina, porque ha sido el primer gran escritor urbano de las Américas. Si ves el siglo XIX, todos eran costumbristas. Yo lo comparo a Standhal y Flaubert. Era un genio que el único viaje que hizo fue a una ciudad cercana, un autodidacta, mulato, tartamudo, enfermo… bueno, tenía todo en contra. Cuando murió, lo hizo como presidente de la Academia Brasileña de las Letras.
 
-¿Qué es lo que ha aportado Nélida con su obra a la visión literaria sobre la condición humana?

-Que sigue siendo un proceso de seducción. Cuando vas pasando por esta larga trayectoria del análisis de la condición humana, pasas por la ilusión, la desilusión, el encantamiento, el sufrimiento, la violencia, la crueldad, la generosidad. El humano es incuestionablemente un misterio inexpugnable, pero a la vez, el único territorio al cual no se puede renunciar es nuestra condición humana. Puedes ver un asesino cruel, terrible, que es capaz de un gesto de redención. He visto circunstancias tan terribles de la historia, que llego a pensar ¿pertenezco a ese género, de qué manera puedo involuntariamente solidarizarme con la crueldad? Hay que hacernos todas las preguntas todos los días: ¿he fallado, cuál es el grado de mi conciencia, dónde estoy, estoy traicionando mis ideales, tengo el corazón negro, estoy fallando en mi sentido de piedad? La bondad falta cada vez más en nuestra humanidad actual. La gente hoy la considera como un cliché, imagina que bondad es estupidez. A mí me parece que es la cumbre. La bondad es un refinamiento, está cerca del amor y la pasión.

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