Sábado, 18 de Octubre 2025
Suplementos | Son “hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”

La respuesta está en los laicos

Los fieles laicos son “los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey

Por: EL INFORMADOR

     Los fieles laicos son “los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo”. Son “hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”. (Doc. de Aparecida No. 209)
     De esta manera define la Iglesia a todos aquellos que no son ministros ordenados ni religiosos consagrados. Sin embargo, hoy por hoy, en muy diversos ambientes existe una gran confusión con el término “laico”, ya que se le ha dado una connotación peyorativa, a la luz de la terminología que se utiliza especialmente en las leyes de nuestro país, a grado tal de que muchos interpretan el término como una persona sin religión, sin Dios y hasta atea. Y como podemos apreciar, la definición con la que hemos iniciado esta nota y que aparece en el documento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo del año pasado en Aparecida, Brasil, dista mucho de ser algo semejante a lo que se señala que se entiende por “laico”.
     De esta misma definición, cualquiera que la lea con calma, la reflexione un poco, y así mismo tenga una idea de lo que es la Iglesia, de lo que es el cristianismo y de los retos que se enfrentan en nuestra realidad actual, puede concluir qué grande, grave y a la vez sublime, es la misión y el papel de todos aquellos que hemos recibido el sacramento del bautismo y vivimos en medio del mundo, unos solteros, otros casados, formando una familia; unos obreros, otros campesinos; otros más, profesionistas o empresarios; también los que sirven al pueblo como empleados públicos, los que ocupan algún cargo político o de autoridad, etc.
     Y ¿cuál es esa misión?
     La define el No. 210 de mismo documento: …”con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. El ámbito propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo vasto y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los ‘mass media’ (medios de comunicación), y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento” . Además, tienen el deber de hacer creíble la fe que profesan, mostrando autenticidad y coherencia en su conducta.
     Como se puede observar, su misión es la misma que la de todo bautizado, de todo cristiano, de todo aquel que siga o pretenda seguir a Jesucristo y ser su discípulo y misionero, y se resume en una palabra: EVANGELIZAR, como hoy  la lectura evangélica de la Eucaristía dominical nos lo recuerda, al traer a nuestra memoria, pero sobre todo a nuestro corazón, el mandato de Jesús: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”.
     Y, ¿cómo hacer discípulos de Jesús, si no es dando a conocer al Maestro, su persona, su obra, sus acciones, su pensamiento, su doctrina y sus mandatos? ¿Cómo dar a conocer a Jesús, si no es por medio de su Palabra en la Biblia, así como de la enseñanza del Magisterio y de la Tradición de la Iglesia, que los lleve a un encuentro personal con Él?
   El llamado, la misión, pues, insistimos, es para todos los bautizados, no sólo para los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos… es para todos.
    Mas, para que ello sea realidad, además de hacer conciencia en todos los bautizados, de la gran responsabilidad y a la vez privilegio que ello significa, el mismo documento nos refiere en su No. 212: “Para cumplir su misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida formación doctrinal, pastoral y espiritual, y un adecuado acompañamiento para dar testimonio de Cristo y de los valores del Reino en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural”.
     Ante todo esto, no nos restaría más que hacernos una pregunta: Si en México, según las estadísticas oficiales, más del 90% de sus habitantes han sido bautizados, ¿por qué está nuestro país en esa situación tan crítica, dominado por la corrupción, la violencia, la injusticia… en pocas palabras, dominado por estructuras anti evangélicas?
     La respuesta está en nosotros, los laicos.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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