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Viernes, 18 de Octubre 2019
Suplementos | Luis Montes Jáuregui

La racionalización de los sentimientos

Por: Eduardo Escoto

Por: EL INFORMADOR

Aunque es común pensar que las tareas artísticas enmarcadas en el plano de la formalidad suelen estar ceñidas a vías sólidamente pre-definidas, esto es en la mayoría de los casos un concepto erróneo y los ejemplos que a lo  largo de la historia lo demuestran son innumerables. De hecho, si se realiza un enfoque más cercano a nuestro entorno, no sería difícil dar con algunas de estas muestras, como el caso del pianista y compositor tapatío Luis Montes Jáuregui (1970), cuyo trabajo, a pesar de haber entrado en contacto con el público hace tan sólo unos pocos años, comienza ya a generar reacciones y a encontrar eco inclusive más allá de nuestras fronteras. Ante estos hechos, no cabe duda en darle la razón cuando afirma: “No soy un músico complaciente”.
El interés por la composición es un hecho que Montes Jáuregui recuerda haber tenido toda la vida, “algo que siempre ha estado implícito”, quizá como herencia de sus ascendientes que se dedicaron también a este arte. Fue así como a los 16 años decidió que quería ser músico y comenzó a escribir su  propia historia.

Luis Montes Jáuregui inicia formalmente sus estudios en la  Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (actualmente Departamento de  Música), donde tuvo como maestros a Marco Antonio Verdín y Leonor Montijo (piano), Víctor Manuel Medeles (armonía) y Francisco Javier Hernández (contrapunto) entre otros. Ya en esta etapa pudo acercarse a la labor docente, sobre todo mediante el proyecto del “Taller popular de Música” de la misma  Universidad de Guadalajara.

También ha realizado estudios sobre psicología transpersonal y esencial, que él considera herramientas poderosas para la transmisión del conocimiento y para la comprensión de la humanidad, a la que  considera su “más grande motivación” y a la que “dedico todo mi  trabajo”.

Guadalajara acoge en 2006 el estreno de El traspatio de la mente -obra en la que Montes Jáuregui comenzó a trabajar en 1999-, a cargo del  pianista español Javier Vázquez Grela. Un año después esta pieza se escucharía  en París (Francia), al tiempo que la pianista Patricia García Torres interpretaba en la ciudad de Washington D.C. otro tema del compositor tapatío, Tocatta en Re menor, La Ira, que da inicio a un ciclo sobre los pecados capitales cuyo segundo elemento, La Lujuria, será estrenado en el mes de septiembre en China. “Con este ciclo busco, por medio de la música, acercar al oyente a las sensaciones, no establecer juicios... El pecado es errar y errar es  también una oportunidad de cambiar”, destaca el compositor.

A raíz del encuentro de su trabajo con el público, Montes Jáuregui ha experimentado una nueva dimensión de él mismo, encontrando lo que  califica como la verdadera trascendencia de éste. “La retroalimentación del  público -expresa- te hace encontrar el valor real de hacer música... conoces la  repercusión del trabajo artístico en el alma de la gente”.

En cuanto a su lenguaje musical, Montes Jáuregui, declarado admirador de la música de Dmitri Shostakóvich, asegura no emplear técnicas  musicales específicas, pues para él lo preponderante es el mensaje que desea  transmitir con su trabajo. “Mi técnica es meramente expresiva y dedicada 100% al  pensamiento”, una especie de  racionalización de los sentimientos y no tiene  objeción en reconocer que “todavía estamos en tiempos de usar la tonalidad, la gente tiene aún esa necesidad de tocar piso firme”.

El más reciente suceso relacionado con su trabajo es el estreno del montaje de danza In Transit, presentado por la compañía de Annabela González el pasado mes de abril en el Manhattan Movement and Arts Center. La música de la pieza es precisamente un fragmento de El traspatio de la mente, que fue elegido por la directora para montar su coreografía.

La labor de Luis Montes Jáuregui como docente ha rendido también frutos, pues cuenta ya con alumnos como Jorge Aceves, quien actualmente está por  continuar sus estudios en Alemania, lo que le da pie a subrayar: “Me encanta  estar conectado con la gente joven”.

Su próxima meta es difundir su trabajo en la Ciudad de México y para ello se encuentra ya realizando los contactos que le permitan mostrar su música en algún recinto de importancia de la capital del país, como podría ser el mismo Palacio de Bellas Artes. Un paso más en un proceso que el compositor prefiere que “fluya naturalmente”.

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