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Lunes, 18 de Diciembre 2017
Suplementos | José Hernández Martínez es tapatío desde su nacimiento en 1954

La pasión por las artes populares

Aunque vio por primera vez la luz en Tepatitlán, Jalisco

José Hernández Martínez es tapatío desde su nacimiento en 1954. Aunque vio por primera vez la luz en Tepatitlán, Jalisco, no tenía ni un añito de edad cuando sus padres se lo trajeron a Guadalajara y para precisar, al barrio que lo conformó como ciudadano: el de la Capilla de Jesús.

A los 15 años de edad conoce a la señora Teresa Dávalos, directora del Museo de Artes Populares de Pátzcuaro, quien le muestra los 25 pueblos del lago, las islas, y el contacto tanto con indígenas como con los artesanos del pueblo. Es así y ahí donde Pepe entabla una estrecha relación con los telares, los talleres de madera y pintura, y por supuesto donde presencia la Noche de Muertos “que era muy diferente a lo que ahora se realiza en manos de Turismo del Estado”.

Al poco tiempo entra también en contacto con el doctor José María Murià quien lo induce al mundo de la investigación y bajo el motivo de una enciclopedia sobre el Estado, recorren los entonces 124 municipios de Jalisco.

Actualmente, experto en las artes populares del Estado, Pepe presta sus colecciones a museos de todo el país para que sean disfrutadas por el público en general. Tiene -en sociedad con una sobrina-, una colección de aproximadamente 50 rebozos entre los que están dos de seda del siglo XIX, provenientes del último taller que hubo en Guadalajara. Otra más está compuesta por piezas alusivas a la Independencia de México y lo mismo contiene Vírgenes de Guadalupe que petaquillas de madera con águilas nacionales o piezas de cerámica con el mismo tema.

Desde 1994 imparte diplomados a nivel estatal por parte de El Colegio de Jalisco sobre Arte popular de Jalisco: tradiciones y costumbres, Danzas populares: canto y música, o La cocina tradicional del Estado de Jalisco.

“Como siempre digo: tenemos fama de pozoleros y birrieros, pero no, Jalisco da más que birria y más que pozole, mucho más -refiere-,  tenemos la cocina de Cuaresma, aparte una serie de platillos como el mole alteño con carne de cerdo, espesado con masa y clavo, pimienta y tiras de nopal cocido. ¡Ese sería el mole tradicional del Estado!”.

La riqueza del conocimiento y la perpetuación de nuestras tradiciones, esas que nos dan personalidad como jaliscienses, son lo que le queda al final de cada día a Pepe. Porque también desmitificar partes o personajes de la historia, como la china poblana que “ni es china ni es poblana”, sino de cabellos ensortijados y simplemente gente del pueblo, nos hace conocer mejor nuestro pasado para entender someramente nuestro presente. “Y además, lo gozo mucho -subraya-, y me divierto”.

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