Suplementos | Crónica La cocinera que se volvió cazadora de piojos Los Pediculus humanis corporis no son de los pobres y de los que no se bañan, esa es la filosofía de la empresa Por: EL INFORMADOR 13 de octubre de 2012 - 20:00 hs Espulgando. Algunas de las herramientas de exterminio que Susana utiliza. / GUADALAJARA, JALISCO (13/OCT/2012).- Susana era cocinera hasta que una epidemia de piojos la colocó en el ramo empresarial. La suya es, textualmente, una microempresa. Desde marzo de 2012, Susana S, 31 años, madre de dos, esposa y en los últimos tiempos autoempleada en el ramo de las cabezas, cobra por espulgar a los prójimos. Quizá debería estar un poco agradecida con los artrópodos, que en cambio siempre acaban sus vidas en una palangana de agua, tras una borrachera tremenda. Por ellos, en poco tiempo pasó de la visita domiciliaria a una oficina pequeña, pero eficaz, a donde sus clientes más tímidos pueden acudir sin miedo de ser vistos por algún cizañero. El método de despioje de Susana S es “100% natural. 100% efectivo. 100% garantizado. Con resultados inmediatos”, mandó escribir ella en los miles volantes y carteles que ha distribuido por la ciudad. “Es que el piojo mutó”, afirma con aires de conocer bien al parásito. Y vaya que lo conoce. En su corta carrera como empresaria ha limpiado por lo menos cien cabezas y posee fotografías dignas para la colección del Museo Ripley o el Record Guiness. Foto 1. Peine piojero con una masa de medio centímetro de Pediculus humanis corporis entre los dientes. Foto 2. Receptáculo transparente con varias decenas de artrópodos muertos por inmersión en agua. Foto 3. Receptáculo con agua, hirviente de liendres. ¿Cómo es que una mañana alguien decide cambiar las cazuelas y el Seguro Social por un peine piojero y una vida sin prestaciones? La primera repuesta es una larga experiencia en el asunto. La segunda, una oportunidad de mejora, para ponerlo en la jerga empresarial. Invierno de 2010: discreto, silencioso, diminuto —mide entre dos y cuatro milímetros—, el Pediculus estrena primero los cueros cabelludos de las hijas de Susana S y luego los de ella y su marido Manuel. Verano de 2011: tras sufrir varios intentos de erradicación con champús comerciales, los animalitos se aferran a las melenas de las niñas. Otoño de 2011: sin éxito, la madre ha recurrido a todo, incluso a la clásica rociada de oko y posterior embolsada de la cholla. La abuela de las nenas ya les prohibió visitarla. El resto de la familia murmura cosas horribles… Otoño de 2011: harta de tanto sufrimiento, Susana S decide acabar con el asunto. Lee tratados de herbolaria hasta indigestarse y, en esas, su prima de Estados Unidos le manda un peine especial. Logra el éxito en un par de días, gracias al artefacto gringo, a un menjurje natural embriagante de piojos que ella creó y, sobre todo, a dosis paciencia infinita. Invierno de 2011: Susana S decide capitalizar la pesadilla. Mandó hacer unos volantes en copias simples: “Expertos en la eliminación de piojos. ¿Ya utilizó todo y nada le funciona?”. Pegó la publicidad en postes, teléfonos públicos, bardas perimetrales... Nadie la llamó, sino hasta abril de 2012. De ahí empezó su buena racha. Al principio trabajaba siempre en las casas de los agraviados. Jocotán, Providencia, Polanco, Chapalita, Jardines Universidad, Santa Margarita. Oriente bronco y poniente aséptico. Zonas ajardinadas y calles maltrechas. Cotos y colonias populares. Zapopan y Tonalá... Luego, en julio pasado, se aventó con la renta de un local: los clientes siempre piden discreción. “Nos preguntan si el carro tiene un rótulo o nosotros una bata con un letrero muy evidente”, dice, divertido, Manuel el marido, chalán y chofer. Lo malo es que los piojos son demandantes. Un día Susana S debió dejar su empleo de cocinera. Han pasado varios meses y la cazadora no se da abasto. “Hábleme en diez minutos; estoy en un trabajo, en la oficina. Voy a ver mi agenda”, le dice por teléfono a quien podría ser un cliente desesperado. El despacho de Susana S está en una calle ruidosa del Centro de Guadalajara. Es una habitación limpia de unos de nueve metros cuadrados, donde caben algunos sillones de espera y un escritorio. Sobre éste reposan las herramientas de exterminio: la peineta piojera que le mandaron del gabacho, un cepillo de dientes para limpiarla de piojos, un peine para separar en mechones la cabellera, varias pinzas para sujetar los mechones, el atomizador que guarda la solución atarantadora, un paquete nuevo de vasos desechables transparentes, dos toallas fluorescentes para limpiar las herramientas… Cuántas cabezas han pasado por ese peine. Y cada cabeza es un mundo y varias son, incluso, un mundo sobrepoblado y las más delicadas son las cabezas de “sangre caliente”, afirma la espulgadora. ¿Cómo son las de sangre caliente? “Guardan más calor y atraen a los animales”. Es el caso de la dueña de los piojos de la fotografía del peine, una adolescente que, harta de la carrilla, renunció para siempre a la secundaria. De aquella cabecita acomplejada salieron unos mil parásitos, afirma la empresaria, con los ojos muy abiertos. Retirarlos implicó siete horas, distribuidas en dos días. “Ayer vi otro caso grave, en un penthouse de Providencia”, añade, mientras muestra cómo realiza su trabajo, al cual acude muy bien arreglada. Que la gente no crea que los piojos son de los pobres y de los que no se bañan: esa es la filosofía de la empresa, a la cual Susana S no le ha puesto nombre, por lo difícil que eso resulta. Por cada sesión de cacería de Pediculus humanis corporis, Susana S cobra unos 350 pesos, pero la experiencia la ha llevado a armar paquetes escolares y familiares. Lo malo, le digo, es que su autoempleo se va a terminar cuando ella misma haya limpiado todas las cabezas infectadas. “¡Eso no va a pasar! Los piojos ya no respetan ni cambios de estación ni condición económica”, asegura, mientras sus ojos siguen a sus dedos hábiles, que se pasean por una cabellera ajena. Alguien debería proponer a Susana S como la emprendedora del año. EMPRESA Epidemia - Usted puede localizar a Susana S en el teléfono 3314 406750 - La Sociedad Mexicana de Dermatología advierte que cada 15 años ocurre una infección nacional de piojos “y desde octubre de 2007” hay una epidemia en México. Añade que la higiene no tiene relación con el asunto. Temas Tapatío Epidemias Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” Jalisco suma 17 casos de sarampión El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones