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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Suplementos | Alfredo Sánchez

La Puerta: Un espacio a la expresión

Perfil de memoria;Sergio Ruiz y Raquel Guerrero

Por: NTX

GUADALAJARA, JALISCO.- Desde hace más de 20 años Sergio Ruiz y su mujer Raquel Guerrero dirigen el taller Guacha Bato donde han producido ediciones de grabado de muchísimos artistas importantes. Pero la historia de Sergio con el arte y la cultura en Guadalajara empezó en 1980 cuando abrió La Puerta, un espacio emblemático que, pese a su vida corta, dejó una huella relevante en la ciudad.  Fue una aventura en un territorio en cierto modo inédito que hubo ocasión de rememorar con la pareja hace unos días, tequila en mano, en el propio local de su taller. Aquí va parte de la charla:

¿Sergio, cuál fue el origen de La Puerta?
“Tenía dos amigos en 1980: Gustavo Fernández y Pedro González Madrid, ambos ya fallecidos.  Entre los tres surgió la idea de poner una librería y una galería, y encontramos un local en avenida Chapultepec.  El proyecto inició como café,  librería y un espacio de galería. Gustavo y yo pusimos la lana, habíamos trabajado para el gobierno y habíamos sido funcionarios públicos.

Inauguramos con una exposición de Rufino Tamayo porque teníamos contacto con la galería de Estela Shapiro en la Ciudad de México que tenía muchas ediciones de Tamayo, mixografías, litografías.

En ese espacio duramos menos de un año, porque a los 8 o 9 meses llegó un tipo y nos dijo “¿cuánto quieren para que se salgan de aquí?” le dijimos que no, pero siguió insistiendo, hasta que una vez le pedí una cantidad grande de dinero y aceptó. Entonces empezamos a buscar otro espacio y dimos con la casa de Lerdo de Tejada 2183.  Decidimos continuar con la librería, la galería y vimos la opción de poner un foro.  Al poco tiempo aparecieron otras galerías en la zona:  Magritte, Clave, Galeriazul,  Fue una buena época en la que hubo opciones para las artes plásticas y también había diversidad artística.

La galería estaba en la parte alta de la casa y la abrimos con una exposición de Roberto Rébora, que entonces firmaba como Betini.    Recuerdo que el foro lo abrimos con un espectáculo teatral de Susana Alexander, porque la idea era presentar música, teatro y hacer presentaciones de libros”.

¿Cómo funcionaba la librería?
“Funcionaba regular.  Era una librería especializada en Ciencias Sociales. Teníamos la desventaja de que no vendíamos libros de texto que era el gran negocio de otras librerías, pero poco a poco nos fuimos haciendo de una clientela muy fiel.  Pero la verdad es que todas las áreas funcionaban regular.  No vendíamos discos de música comercial, no presentábamos espectáculos populares.  Era un proyecto que pretendía ser una alternativa, era un espacio nuevo para la ciudad con todas las dificultades que eso suponía”.

Quienes recuerdan La Puerta hablan casi siempre de lo que se presentaba en el foro…
“Yo creo que el foro tuvo un impacto porque ahí se presentó gente que luego se convirtió en figura; era un espacio pequeño, cabían como 120 personas y ahí se presentaron Eugenia León, Jaime López, el grupo Sanampay, Gerardo Enciso, Rockdrigo, el grupo Escalón, Botellita de Jerez, las Insólitas Imágenes de Aurora -que dieron origen a Caifanes- , Eblen Macari. Marcial Alejandro, Facundo Cabral, Amaury Pérez, otro grupo cubano que se llamaba Manguaré, Síntesis, Sara González,  Camerana Punta del Este –grupo uruguayo que tocaba música de cámara-, Amparo Ochoa, Gabino Palomares, estuvo hasta El Tri, en fin, muchísimos más”.

Me dices que también se presentaba teatro:

“Sí, Jesusa Rodríguez, Ofelia Guilmáin, Carlos Ancira, el Galpón, gente local como Ricardo Delgadillo, Daniel Constantini, Rafael Sandoval, los moneros de la revista Galimatías  que llegaron a hacer obras de teatro”.

Raquel ¿tú cuándo llegaste a La Puerta?

“Rita mi hermana –actriz y cantante del grupo Santa Sabina- estaba en el grupo de teatro de Delgadillo, a quien Sergio le había prestado un espacio para ensayar, y además trabajaba en la librería. Un día me dijo que andaban buscando una mesera, fui y me quedé”.

Sergio ¿también tuvieron ahí una galería de pequeño formato?
“Se nos ocurrió, junto con Avelino Sordo, hacer esa galería en la cochera de la casa.  Como era un espacio muy pequeño, la idea era que los artistas invitados pintaran en  espacios de 20 x 20 centímetros, o algo así.  Hicimos una gran cantidad de exposiciones y la primera fue de Marcos Huerta. También hubo varias colectivas donde le proponíamos un tema a los artistas: erotismo, una dedicada a John Lennon, en fin, generábamos proyectos, propuestas y creo que ese tipo de cosas hacen falta. Es algo que yo critico de los espacios oficiales, que se convierten solamente en receptores de exposiciones ya armadas pero no generan proyectos.  Nosotros generábamos iniciativas y provocábamos que se hicieran las cosas”.

¿Cuáles fueron las dificultades que llevaron a cerrar?

“Mira, el dilema del foro para mi estaba en que el cupo era limitado a 120 personas y que la publicidad era muy cara.  Además no había patrocinadores para la publicidad, como los hay ahora.  Así que el margen de ganancia era muy limitado.

El último año tuvimos fuertes dificultades económicas, entonces pensamos en socializar la propiedad de La Puerta mediante acciones que pusimos a la venta. Doña Ileana Solórzano fue la socia principal, le metió lana, pero aún así no subsistimos. Veníamos arrastrando muchas cosas, deudas con editoriales, en fin. Llegó el momento en el que ganó el desánimo, el agotamiento y se abrieron varios frentes adversos, así que cerramos en 1985”.

Luego intentaste producir de manera independiente en otros lugares ¿no?
“Antes de cerrar La Puerta hicimos una gira con Carlos Ancira con el monólogo El Diario de un Loco.  Le compré 30 funciones para hacer una gira por el país:  Monterrey, Mexicali, el Pacífico, Colima, 30 lugares.  Después vino el cierre de La Puerta y el siguiente año replanteamos las cosas, Raquel empezó a trabajar en el Cabañas en el área de diseño.  Yo fui al Cabañas que dirigía entonces Juan López  y les propuse un proyecto: una serie de conciertos ahí; yo ponía al artista y ellos ponían el lugar y la publicidad.  

Hicimos los primeros conciertos en el Patio del Cabañas y resultaron muy exitosos:  Eugenia León, Chava Flores, Oscar Chávez,  Betsy Pecanins, Jaime López, Tehua.  El proyecto incluía también a artistas populares como Lola Beltrán y el Piporro, pero antes del concierto de Lola me cortaron, un funcionario menor decidió que podían prescindir de mi y hacer las cosas ellos solos.  Yo ya les había puesto todo el “know how””.

Entonces pusiste la Carpa…

“Sí, busqué un lugar alternativo y un socio que fue Manuel Sordo Vilchis.  Empezamos a rentar la carpa del circo de los Hermanos Suárez, allá por la Normal.  Al principio nos la rentaban barata, pero cuando empezamos a tener éxito –sobre todo con unas “Jornadas de Rock en español” que hicimos-, me subieron la renta muchísimo y ya no pudimos seguir.
Poco después, en 1987, empezamos a hacer ediciones de grabados en el taller de Cornelio García, y ese fue el antecedente de Guacha Bato, el taller con el que ya llevamos más de 20 años trabajando”.

Viendo las posibilidades actuales ¿no te da cosquillas la idea de intentar algo así de nuevo?

“Sí dan cosquillas, pero yo me imaginaría un proyecto más grande, más ambicioso, con un foro más grande, una gran librería, un pequeño centro de las artes.  Eso sería para mi un proyecto válido en estos días”

Al cierre de La Puerta el local se transformó varias veces. El propio Manolo Sordo abrió un restaurante llamado La Cantina, por ejemplo. Muchos años después, a finales de los noventa, el músico Raúl Rodríguez puso un foro en ese mismo domicilio de Lerdo de Tejada 2183 y le volvió a llamar La Puerta.  No le fue bien y lo traspasó a otro músico, Luis Linares, quien con el nombre de Puerta 22, lo regenteó como foro y bar durante algunos fructíferos años.  Sin embargo tampoco resistió y en diciembre de 2007 la puerta se volvió a cerrar… ¿definitivamente?

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