Viernes, 17 de Enero 2020
Suplementos | La Ascensión de Jesús a los cielos es su triunfo, después de haber sufrido en su vida terrena la humillación, el fracaso, la muerte

La Palabra del Domingo: ¿Sólo extasiados, mirando al cielo?

El Señor Jesús, antes de su Ascensión, marca para su Iglesia una misión de vital importancia: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”

Por: EL INFORMADOR

     La Ascensión de Jesús a los cielos es su triunfo, después de haber sufrido en su vida terrena la humillación, el fracaso, la muerte. Dios Padre resucitó a Jesús, su Hijo amado, lo eleva junto a Sí, lo entroniza a su derecha como dueño y señor del universo y lo constituye cabeza suprema de la Iglesia, que es pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo.
     El Señor Jesús, antes de su Ascensión, marca para su Iglesia una misión de vital importancia: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Y después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
     Los bautizados, destinados a ser discípulos y misioneros de Cristo, no debemos desligarnos de su mandato, no podemos quedarnos extasiados mirando al cielo. El poder de Dios está con nosotros para continuar su obra santa, que vendrá sobre nuestros corazones en un pentecostés permanente.
     Propagar el Evangelio es anunciar un acontecimiento feliz: la liberación del hombre por Cristo y con Cristo; liberación de cuerpo y espíritu. Pero ese anuncio no debe ser sólo de palabras. Jesús anunció su Palabra de salvación y al mismo tiempo curó a los enfermos, alivió a los caídos, perdonó a los arrepentidos, dio de comer a los hambrientos, hizo el bien a todos y murió en la cruz por amor a toda la humanidad. También hoy, anunciar el Evangelio no es solamente rezos y golpes de pecho; es trabajar para presentar a los hombres el testimonio personal y el de una comunidad que se empeña todo lo posible por el mejoramiento de sus hermanos.
     Anunciar el Evangelio es oración profunda, vida en gracia de Sacramerntos, es luchar para que haya menos pobres y menos enfermos, menos odios, menos guerras, menos diferencias sociales y un auténtico progreso al alcance de todos. Es luchar por valores más absolutos que la riqueza, el sexo o el poder. Es denunciar con fuerza el crimen, la corrupción que se filtra en las estructuras políticas y sociales. En una palabra: es poner nuestras personas, nuestros recursos, al servicio de una paz duradera, de una justicia social, de un modo distinto de convivir con toda la humanidad.
     El Señor nos ha dejado como la prolongación de su vida y de su misión, para que completemos en cada lugar y en cada tiempo su obra redentora. La salvación está en marcha. Somos simples instrumentos. Los resultados son de Dios.
     Amiga, amigo: Pidamos a Jesús en la Eucaristía, que la fuerza de su amor sacuda nuestra pereza y que nos envíe el Espíritu Santo para que con humildad, con alegría, cumplamos el mandato de propagar el Evangelio hasta donde nos sea posible. La vida es breve, la tarea es corta, la recompensa es eterna.  

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