Suplementos | Por Jorge Pérez Juan Rulfo esboza una sonrisa A 30 años de su muerte, el jalisciense continúa siendo uno de los autores más prolíficos de México, a pesar de sólo haber escrito un par de libros: “Pedro Páramo” y “El llano en llamas” Por: EL INFORMADOR 9 de enero de 2016 - 23:47 hs En 1953 publicó ‘El llano en llamas’, un conjunto de cuentos en los que da voz a los habitantes de los pueblos mexicanos. EL INFORMADOR / M. Castillo GUADALAJARA, JALISCO (10/ENE/2016).- La seriedad del escritor jalisciense contrasta con el entusiasmo de Joaquín Soler Serrano, titular del programa de entrevistas “A Fondo” (transmitido a finales de los setenta). Al principio del programa Joaquín lee una cita del escritor en donde habla de sus nombres (Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno) y su pasado familiar. Soler Serrano se inclina en su silla, mientras que Juan Rulfo no se separa de su respaldo. Su gesto cuasi petrificado cambia cuando el entrevistador enuncia la frase “Es autor de dos libros fundamentales”: entonces hace una mueca y desvía la mirada, en aparente desacuerdo. Luego de la introducción, comienza la charla que nos entregará otras postales memorables, como cuando charla sobre los paisajes que narra en su literatura y la imposibilidad con la que han fracasado quienes buscan esos lugares: “Ha sucedido con frecuencia… nos pasó hace poco: se quería hacer una revista literaria dedicada a ‘El llano en llamas’. Entonces querían fotografiar la zona, la región. Nunca se encontró el paisaje”; o el rostro adusto cuando Soler comenta sobre él como un “…hombre reacio a enfrentarse con el público, con los halagos, con el aplauso…”. ¿La respuesta de Rulfo? “He aprendido a vivir con la soledad”. A 30 años de su muerte, Juan Rulfo sigue vigente no sólo por su obra literaria, reducida a una colección de cuentos, una novela y una historia para cine: obras igualmente solitarias en una bibliografía breve pero sólida. Nacido en Sayula el 16 de mayo de 1917, Juan pasó en Jalisco sus primeros años de vida, para luego trasladarse a la Ciudad de México. Con un empleo en Goodrich-Euzkadi, la itinerancia de sus actividades propició su labor fotográfica. Pero el destino de su fama estaba en las letras y en los paisajes que conoció de niño al sur del Estado. En 1953 publicó el libro “El llano en llamas”, un conjunto de cuentos en los que da voz a los habitantes de los pequeños pueblos mexicanos, que viven a diario sus tragedias por la desigualdad en un México postrevolucionario. La angustia (“Diles que no me maten”), la sátira religiosa (“Anacleto Morones”) y la crítica social (“Es que somos muy pobres”) fueron algunos de los temas que tocó en sus 15 cuentos (cifra que ascendió a 17 en posteriores ediciones). Dos años más tarde, Rulfo publicaría la que a la postre sería una novela cumbre de la literatura mexicana, con múltiples traducciones y elogios por su narrativa: “Pedro Páramo”. El escritor narró la historia de un hijo en busca de su padre, un viejo cacique de pueblo. El periplo que emprende hasta Comala se entrelaza con las visiones de un pasado, con una línea de tiempo fragmentada y alimentada por esas voces de los muertos. En la estirpe de William Faulkner (véase “Todos los aviadores muertos”), Rulfo abogó por la complejidad y la narrativa sugerente que le exige al lector. Tras la publicación de sus dos primeros libros sobrevino el silencio: si bien el éxito no fue inmediato, al poco tiempo las ediciones se agotaron y la reimpresiones siguieron por decenas de millares de ejemplares. Acosado por la prensa y la crítica, Rulfo se topó con los constantes cuestionamientos sobre un siguiente libro. El autor contestó con negativas, falsas esperanzas, siempre dando largas al tema de un tercer título. Fue hasta 1980 cuando publicó el cuento largo con el que Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes trabajaron para el guión de la película epónima de Roberto Gavaldón. ¿Qué decía Rulfo que necesitaba para culminar un libro más? En la citada entrevista en “A Fondo”, comentó “La suficiente tranquilidad para hacerlo, la calma, la serenidad al mismo tiempo. Y también, pues… las ganas”. Al pronunciar la palabra, Rulfo deja su cara seria y esboza una sonrisa. La actitud de negarse a publicar inspiró a Augusto Monterroso para la fábula “El zorro es más sabio”: con su característico estilo breve Monterroso narra los quehaceres de un zorro que en su ocio escribe un libro (“Todo el mundo lo aplaudió”). Tras el éxito, emprende la escritura de un libro más, “todavía mejor que el primero”. Ante la petición de publicar más libros, el zorro pensaba: “En realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo” (lea esa frase y piense en la esporádica sonrisa de Rulfo y encontrará un buen maridaje: quizá Monterroso escribió lo que Rulfo tuvo en mente todos sus años sin publicar). También está la oscuridad Cómo olvidar el desafortunado capítulo que provocó el cambio de nombre del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (ahora Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances), cuyo ganador (Tomás Segovia) en su edición 2005 se expresó en términos que la familia consideró como non gratos hacia el autor de “Pedro Páramo”. Segovia comentó en entrevista tras el fallo del jurado: “Creo que es el tipo de escritor que tiene el puro don… nadie sabe por qué tiene ese talento. No tuvo una vida muy deslumbrante, no fue un gran estudioso ni un gran conocedor”. La Fundación Juan Rulfo, organización de la familia, decidió retirar el nombre del escritor del mayor premio literario que entrega la FIL. Heriberto Yépez ha mencionado en reiteradas ocasiones el “affaire Rulfo”, o el complot en la campaña en su contra que comenzó Octavio Paz cuando éste lidereaba el destino de la República de las letras en México. A decir del ensayista norteño, el Nobel mexicano exhortaba a sus allegados para que desacreditaran la obra del jalisciense. Guillermo Sheridan (en “El compló de Paz contra Rulfo (de nuevo)”: El Universal, 8/10/2013), ha desmentido esas acusaciones. Considerado por muchos como un crimen de lesa literatura, Juan Rulfo dio su voto de confianza a una novela del autor de superación personal Carlos Cuauhtémoc Sánchez, en el Premio Nacional de la Juventud, en 1984. Filmografía selectaEn oposición a su carácter esquivo, los textos de Juan Rulfo han sido bien acogidos por el séptimo arte. Su novela “Pedro Páramo” ha sido adaptada varias veces (1967, dir. Carlos Velo; 1978, dir. José Bolaños; 1981, dir. Salvador Sánchez), al igual que su historia “El gallo de oro” (la primera de 1964, dir. Roberto Gavaldón; “El imperio de la fortuna”, 1986, dir. Arturo Ripstein). Los cuentos recopilados en “El llano en llamas” también han llegado a la pantalla: “Anacleto Morones” dio pie para la filmación de “El rincón de las vírgenes” (1972, dir. Alberto Isaac). Una inmersión cinematográfica en el mundo rulfiano debe incluir “Del olvido al no me acuerdo” (1999), el documentado con tintes poéticos que hizo el hijo del escritor, el cineasta Juan Carlos Pérez Rulfo. Premios Premio Xavier Villaurrutia (1956), Premio Nacional de Letras (1970), Príncipe de Asturias (1983). La anécdota Fernando del Paso ha compartido una conversación con Juan José Arreola, quien ganó Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1992: —¿Qué habría pasado si yo me hubiera muerto antes que Rulfo? —Habrían creado el premio Juan José Arreola y se lo habría ganado Juan Rulfo. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones