Suplementos | La norma oficial mexicana establece que un equipo de estas características deberá instalarlo una persona con certificación Innovación: Rubén Bautista: ingeniero del Sol Uno de los principales impulsores de energías alternas en nuestra ciudad espera poner en práctica a uno de sus mayores proyectos: un auto fotovoltáico Por: EL INFORMADOR 4 de julio de 2008 - 19:53 hs Existe a nuestro alcance una fuente de energía capaz de producir en 15 minutos el total de la producción energética mundial. Cada día le basta a las plantas un 0.1 % de ese total llegando a la Tierra para sostener a todo lo vivo. Se trata, desafortunadamente, de un tipo de energía de baja densidad. Puede dejar un tanque con agua todo el día bajo la luz del Sol del verano, sin por ello generar energía útil alguna: todo lo que conseguirá será, en el mejor de los casos, evaporar el agua del tanque, pero en forma tan lenta y difusa que le será imposible realizar con ellos algún trabajo. El reto de energía fotovoltáica mediante celdas solares parte precisamente de este reto: convertir en electricidad a esa brutal suma de energía bañando a nuestro mundo todos los días. Sin embargo, en cierto modo, cualquiera podría poner su propia granja solar: “Alemania estableció un programa de decirle al pueblo, ‘ayúdame”’, explica el ingeniero Rubén Bautista de la Universidad de Guadalajara. “Durante los primeros cinco años yo te vendo -por decir algo- a un marco el watt, y yo te lo compro a ocho, y de esa forma tu instalación te sale gratis. Pero entonces ¿yo gobierno soy alma de la caridad? No. Después de ese tiempo, vas a tener uno a uno: ‘el que tú me vendas, te lo compro a uno; el que yo te venda, te lo cobro a uno.’” ¿Cuál es entonces la ventaja? “El gobierno se ahorró la instalación de presas, generadores nucleares, generadores eólicos, porque todo el mundo dijo ‘pues me va a salir gratis; pues le entro’. Las personas que decidieron aplicar hace cinco años tienen cuando menos garantizado, durante 49 años, su energía. Vale la pena”. Fue una decisión sencilla para los alemanes en el año 2000, fecha en que publicaron su libro verde, considerando cómo el parlamento alemán ya estaba entonces alimentado con sistema fotovoltáico. “La norma H80 de la Comunidad Europea, obliga –igual que el reglamento de construcciones del Distrito Federal del 2007- a que toda construcción nueva debe tener calentadores solares y generadores fotovoltáicos; todo porque se tomó la decisión cuando el petróleo subió de 8.50 a 12.50 en el año 2000. Entonces, ahorita están de plácemes porque el petróleo que anda en 130, ¡qué padre que ande en 130!; porque ellos ya aseguraron su generación de energía”. Descartes escribió que apenas podía creer existiera alguien ocupado de tantas cosas, manteniéndose tan preparado en todas ellas como Constantin Huygens: escritor, músico, poeta, compositor, y padre del célebre científico holandés Christiaan Huygens. Frecuentemente me asalta el recuerdo de Constantin conversando con el ingeniero Rubén Bautista. No sólo se trata de una de las personas mejor preparadas en todo el país en el diseño e implementación de cohetes (fue candidato a ser el “primer astronauta mexicano” cuando Rodolfo Neri Vela viajara en el trasbordador Atlantis para la colocación del satélite Morelos), no sólo es fuente de información pormenorizada en extensión y profundidad en un amplio abanico de temas; es, como vemos, experto y pionero en nuestra ciudad en la promoción del uso de energías alternas, en lo particular de la energía solar. Igual y como ocurrió en el caso de la cohetería, el ingeniero Bautista realizó sus primeros desarrollos cuando trabajaba para el Ejército (su formación, de hecho, es militar). “La tropa no siempre va a estar donde hay energía eléctrica”, nos dice. Los tiempos sin duda han cambiado de entonces a ahora. A finales de los setenta, los laboratorios Sandia National de Nuevo México construyeron una central llamada Torre de Energía Solar consistente en un gran número de espejos baratos sobre una base giratoria siguiendo el movimiento del Sol en el cielo, y dirigidos hacia una caldera en la parte superior de la torre. Esta era así calentada, convirtiendo el agua en vapor. Una segunda generación de esta torre eliminó por completo la vaporización del agua, utilizando la gran cantidad de calor disponible en producir electricidad directamente mediante un fenómeno llamado magnetohidrodinámica. Se trataba de tan sólo un ensayo, pero un prototipo se puso más tarde en servicio en California, contribuyendo con 80 megavatios de electricidad a la red del Estado. Fue abandonada al no ser competitiva con otras formas de producir energía, pero fincaba el antecedente de un futuro prometedor. Ahora incluso, sin irse mucho tiempo atrás, pueden verse los espectaculares cambios en la eficiencia de celdas fotovoltáicas, como consta en una imagen de la Estación Espacial Internacional del 2005 al 2007. “Donde se encuentra una diferencia en la superficie de captación notablemente reducida en 2007 -observa Bautista- porque hoy en día son de polímero, de plástico, con lo cual son más ligeros y tienen una eficiencia energética notablemente mayor”. Subsisten ideas épicas y sugestivas en el uso de la energía solar, como la de colocar en órbita algo parecido a una torre convirtiendo la energía solar calentando la antena en microondas emitidas hacia receptores terrestres. Se trata una idea científicamente viable, pero nada práctica. Exigiría grandes sumas de capital, así como una flota de miles de trasbordadores espaciales. Sin embargo, algún día casi de seguro subsistirán colonias espaciales de esta manera. Otra idea, a caso más imaginativa para generar energía eléctrica a partir del calor solar, es el proyecto Ocean Thermal (Térmica del Océano) usando como área de captación nada menos que la superficie del océano Pacífico. Emocionantes, como son estos proyectos, varias naciones alimentan cotidianamente las necesidades energéticas de sus sociedades con implementos menos ambiciosos pero enteramente eficientes. Usando polímeros de plástico como fuentes fotovoltáicas de energía, se pueden usar las formas más caprichosas e inimaginables: desde árboles solares, hasta meras rocas envueltas en plástico fotovoltáico, y desde luego ventanas translucidas y tejas: Japón, cuanto espacio tiene, usa un sistema fotovoltáico. Es un proceso normal en la planeación de edificios en aquel país, los cuales se convierten en grandes generadores de energía. ¡Y esto en naciones gozando de mucha menos luz en cantidad e intensidad que México! “¡¿Qué estamos pensando?!”, se pregunta el ingeniero Bautista. “Cuestión de decisión o cuestión de normatividad -reflexiona-. Que no sea a voluntad, porque no somos capaces de afinar nuestro coche cuando es necesario; tenemos que esperar la multa para el último día hacerlo. Somos así”. Claramente, el ingeniero está acostumbrado a combatir el escepticismo: “No es ‘a ver sí’”, sostiene. “Mi casa tiene estufa solar. Mi casa tiene sistema fotovoltáico. Mi casa tiene calentador solar. Mi casa tiene colector de agua de lluvia. Y si yo lo he podido lograr, ¿los otros porque no? También tengo generador eólico”. Cabe recordar aquí que la norma oficial mexicana establece que un equipo de estas características deberá instalarlo una persona con certificación por parte del Colegio de ingenieros mecánicos y electricistas. El auto solar “Hemos intentado construir, junto con la Universidad de Guadalajara, el automóvil fotovoltáico -expresa- y es una lucha que lleva mucho tiempo. Incluso ha habido participación de muchachos de otras universidades con ese automóvil fotovoltáico”. El ingeniero Bautista guarda un optimismo cauto en ver un cambio en la sociedad y en el gobierno en su visión del uso de energías alternas, como es el caso de la energía solar: “Para esto, en el Instituto de Astronomía y Meteorología se dan cursos correspondientes”, concluye. Destacado: no de los principales impulsores de energías alternas en nuestra ciudad espera poner en práctica a uno de sus mayores proyectos: un auto fotovoltáico por: josé langarica U foto: a.c. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones