Jueves, 09 de Octubre 2025
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Guadalajara 2013

La ciudad y su gente a través de la historia

Por: EL INFORMADOR

Estampa. Cafés, tés o bares son unos de los sellos de las zonas céntricas de la Guadalajara de hoy.  /

Estampa. Cafés, tés o bares son unos de los sellos de las zonas céntricas de la Guadalajara de hoy. /

GUADALAJARA, JALISCO (16/FEB/2014).- Nuestra ciudad fue fundada por 63 familias que heredaron, vendieron o dejaron sus predios y lo que con su trabajo adquirieron a otras tantas, y así sucesivamente. Con el pasar de los siglos la ciudad se construyó hasta que ya no pudo seguir expandiéndose en terreno propio. Entonces comenzó a comprar terrenos y tierras a los municipios circunvecinos hasta cubrir con su identidad urbana y su orgullo regional otros tres municipios: Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Fue Guadalajara la que hizo de Zapopan la región más habitable, y quiso hacer lo mismo con Tlaquepaque hasta los tiempos en que el viejo camino de San Pedro se convirtió en Boulevard. Con Tonalá no hubo elección ni proyecto, simplemente la ciudad alcanzó su territorio y acorraló a su Centro Histórico. En los años que corren, ya no sabemos si Tlajomulco y el Salto fueron conquistados por la ciudad, o ambos se vinieron sobre ella, de todo hubo.

Al cumplir la ciudad 471 años, el 14 de febrero de 2013, lo que más pesa es el tronco añoso de su apariencia desaliñada, cuyos retoños rara vez se observan en su municipio. Lo antiguo es a duras penas conservado, lo viejo se viene abajo todos los días, lo nuevo surge de manera caótica por distintos rumbos. La Guadalajara original parece una dama venida a menos que ya no tiene recursos para cuidar su apariencia, mucho menos para componerla; como bosque devastado muestra lunares áridos, deplorables, en total abandono en toda esa zona que va de la Avenida de Revolución a Washington, entre Díaz de León y Calzada del Ejército. Por ahí no van turistas, tampoco funcionarios, es tierra abandonada desde hace muchas administraciones, desde los tiempos en que la avenida Corona era de presumirse de principio a fin, cuando la estación del ferrocarril y la de camiones foráneos daban vida y presencia de primer mundo a la principal puerta de Guadalajara. De esta foto ha pasado un año y lo que se ha logrado es un mayor deterioro. Pero puede mostrar muy bien lo que ha sucedido en la ciudad durante ese mismo año.

Por principio de cuentas y de cuentos hay que dejar bien claro un asunto: la ciudad es responsabilidad de sus habitantes, pero precisamente porque somos muchos y muy distintos, requerimos de un equipo de funcionarios públicos que coordine, marque las metas, concilie voluntades, proponga remedios, reúna recursos, dé seguimiento, y si es el caso, presione y sancione con las herramientas que la misma ciudadanía ha dado a sus administradores. Justo para eso los elige y les paga.

El año 2013 era el primero completo en manos de una segunda administración priísta luego de 18 años de estarlo en manos de los muchos panismos que pudimos entonces advertir. El nuevo alcalde llegaba con una impresionante aura de prestigio por su destacada carrera política que le llevó incluso al senado de la República. Más que seguir a expensas de la chiquillada, ahora la ciudad tenía un administrador con experiencia y madurez, hombre serio, responsable y formal, media ciudad lo conocía y valoraba, y cuando decimos media ciudad no es en sentido aritmético, sino un modismo para dar a entender que la mayor parte de ciudadanos informados lo avalaba.

Por otro lado influía mucho la expectativa que el propio PRI había impulsado desde una poderosa mercadotecnia según la cual había efectivamente un nuevo PRI, un PRI aleccionado por la derrota, convencido de las consecuencias fatales de sus errores pasados, decidió a remediar su imagen tan desvencijada, consciente de lo que significaba esta segunda oportunidad en Guadalajara. La mercadotecnia siguió funcionando por varios meses en la expectativa ciudadana.

También había en Guadalajara un nuevo Arzobispo ya con medio año de llegado y podemos decir con las debidas adecuaciones que en la mentalidad de las mayorías católicas se daba la misma expectativa de cambio, de novedad, de reestructuración y acierto, de corrección en la forma y en el fondo.

Pero hemos podido ver de qué poco sirve un remiendo nuevo cuando la tela ya está vieja. Detrás del alcalde, honesto y responsable, estaban los cuadros de antes, con las mañas de siempre, con los mismos prejuicios, pero ahora en posición de revancha, porque a fin de cuentas buena parte de la ciudadanía conserva vivo el síndrome de la estreches económica, la amenaza de la precariedad y la indomable esperanza del oportunismo burocrático. Amigos, conocidos, compadres, parientes, colaboradores de campaña, con y sobre todo sin méritos se lanzaron como el “niño héroe” en pos del banderazo de los nuevos puestos de lo que sea, con tal de recibir con certeza la quincena, no obstante las promesas de todo mundo de que algo semejante ya no ocurriría. Cabe mencionar que en algunas dependencias tanto municipales como estatales hubo una mayor pulcritud y discernimiento a la hora de correr a los de antes y contratar a los de ahora.

Como en trienios anteriores ya fue ventaja mantener la ciudad funcionando, si exceptuamos el pavimento de las calles que en todo el municipio dan pena y mucho gasto en compostura de vehículos. Por si fuera poco, la repavimentación de algunas calles, como la del Ejército, en el breve tramo que se repara, ha durado más que lo requerido por el acueducto de Segovia. Los proyectos nuevos se hacen esperar, y al paso que vamos se quedarán esperando ya que el trienio se acaba este año… ya verán que sí, ahora que si me equivoco, ¡qué atinada equivocación!

Cosa lamentable fue advertir el abandono a que se vieron sometidos los espacios públicos: glorietas como la de Garibaldi, jardines como el de Independencia y Juan N. Cumplido, la fuente fantasma de la explanada del Expiatorio, los camellones “jardinados” y tantos otros lugares bajo la conseja esparcida de que no había dinero… cosa difícil de creer a no ser que las nóminas se hubiesen triplicado y todo dependiese de la federación, que decía la misma conseja, no soltaba el dinero para disciplinar a las administraciones locales y fortalecer el centralismo.

Donde definitivamente Guadalajara sufrió el zarpaso de no tener el control de su propio transporte público fue en este preciso rubro, y no hablo simplemente del aumento al precio del servicio, sino de la preservación y ahondamiento de sus pésimas condiciones. La ciudad es rehén de los empresarios camioneros y de los camioneros conductores que persisten impunes en el trato vergonzoso que dan a la ciudadanía, dejando a la gente con el brazo estirado en las esquinas, o hacinándola sin consideración a las horas pico. Atravesando sus grotescas unidades en cualquier crucero con tal de alcanzar el siga, así se embotelle la circulación. Desde luego que los accidentes protagonizados por los choferes se mantuvieron en su misma estadística, y en esa misma condición la anarquía con la que convierten en centrales camioneras diversos rumbos del Centro Histórico sin que haya autoridad que finalmente los controle.
Hay también otros conductores iguales o aún peores que los camioneros: los automovilistas particulares que todos los días y a todas horas y en cualquier sitio se pasan los altos, se suben a las banquetas, dan vueltas prohibidas, entran en sentido contrario y van vociferando con la garganta y con el claxon a cuanta persona no se sujeta  a sus personales tiempos. En lo que mira a los agentes de tránsito debe haber una alarmante disminución de efectivos, ya que brillan por su ausencia, circunstancia que fomenta aún más el abuso de cuanta persona se pone al volante.

Con igual impunidad Guadalajara sufrió a lo largo del año  las incontables marchas por todo tipo de razones, los plantones y el cierre de importantes arterias, destacándose las que realizaron los comerciantes de san Juan de Dios en contra del ambulantaje que ha sitiado su centro de trabajo reteniendo a los potenciales clientes con el sin fin de mercancías que les ofrecen; ya en este mismo año los intentos fallidos del municipio por mantener bajo control al comercio ambulante habían generado grescas y bloqueos en distintos momentos del periodo, de la misma forma en que las periódicas visitas de la autoridad a las zonas de comercio delictivo no fueron sino eso, visitas casi de cortesía que no han resuelto el problema.

El año 2013 fue nuevamente rojo en nuestra ciudad, miles de ciudadanos recibieron llamadas con fines de chantaje, no pocos cayeron en la trampa, fueron muchos los que padecieron el secuestro, del cual algunos no han regresado a sus casas hasta la fecha, los asaltos en la vía pública mantuvieron su vigencia a manos de bandidos con o sin moto, con o sin armas, solitarios o acompañados, igualmente se experimentaron los asaltos a casas habitación, tiendas, joyerías, escuelas, iglesias, transporte urbano, sin que faltaran las ejecuciones, y un sinnúmero de accidentes fatales provocados por conductores y conductoras en estado de ebriedad, por lo menos hasta la instauración de retenes para la verificación de la alcoholemia de los conductores, iniciativa afortunada del gobierno actual que ha dado notables beneficios y por otra parte motivó el ingenio de los irresponsables que se envían avisos por todo tipo de medios electrónicos para prevenir sobre la presencia de estos retenes. También ha habido ingenio para asumir las nuevas condiciones de la vigilancia motivando el uso de taxis y aún de camiones contratados para ir distribuyendo con seguridad a los borrachos en sus respectivos domicilios. Lo que nomás no se ve son las medidas de prevención para frenar el alcoholismo y si una impresionante mercadotecnia para favorecerlo. De igual manera ha crecido penosamente el consumo de drogas en todos los estratos de la población y en edades cada vez más tempranas. La autoridad por su parte tuvo algunos lucimientos atrapando distribuidores de drogas a pequeña escala sin que por ello deban los consumidores tener miedo, ya que el producto les sigue llegando con puntualidad inglesa.

Guadalajara, siendo la capital del Estado es también el escenario de los Tres Poderes y por lo mismo un escaparate inmediato para que la ciudadanía se dé cuenta con absoluta evidencia de la forma en que los tres poderes funcionan. Llamó la atención de los más observadores la manera tan rápida como el congreso local, tan lento para otros asuntos, aprobó las reformas emanadas del ejecutivo federal, si bien la “toma” del congreso por agresivos manifestantes, a propósito de la reforma energética, fue de mucho ruido y pocas nueces, por más que hubiese de lamentarse el daño material de una reja y la oficina inmediata a ella. Que los diputados hayan tenido que ser evacuados del recinto legislativo como si se tratara de famosos narcotraficantes es ya asunto de folklore.

En el campo del esparcimiento y de la trascendencia Guadalajara estrenó una rueda de la fortuna gigante, como la de Londres o París, ubicada justamente en su frontera con el municipio de Zapopan por avenida Vallarta, pero como que no ha sido muy buscada;  buena parte de la ciudadanía disfrutó de desfiles militares y festivos, de las verbenas de barrio con motivo de fiestas patronales o las visitas de la Virgen, de roscas de reyes, tamales de la Candelaria y empanadas del jueves santo, de las fiestas de octubre, y la célebre romería de Zapopan que reunió a más de dos millones y medio de feligreses en el espacio de seis horas. De las celebraciones del día de muertos a las de año nuevo corrieron igualmente todo tipo de festejos invariablemente aderezados por las comidas y bebidas adecuadas a cada evento.

Ante la evidencia de cines llenos, restaurantes en funciones y en crecido número, cafés de toda marca, novedosas teterías, estadios concurridos, plazas públicas con bancas siempre ocupadas, teatros con funciones gratis, coliseos en activo, fiestas domésticas por dondequiera a lo largo de todo el año, centros comerciales abarrotados de paseantes, no necesariamente de compradores, pistas de patinaje navideño en la sufrida plaza de las dos pilas, conciertos rockeros con diversas tarifas, podríamos concluir que a pesar de los males vividos y sufridos, la sociedad tapatía siguió disfrutando de su ciudad y de la vida, se mantuvo trabajando en una buena proporción, y sobre todo, sostuvo viva la expectativa de lograr una ciudad mejor en un país que sigue caminando.

Tapatío

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