Suplementos | “Soy y siempre seré tapatío por elección” Gracias, Helmut Köhl Adiós, Haus der Kunst por: eduardo sánchez Por: EL INFORMADOR 29 de agosto de 2008 - 23:50 hs Ni siquiera es de aquí, pero dice que se siente como tal. “Soy y siempre seré tapatío por elección”, afirma. Pocas personas como el alemán Helmut Köhl han hecho tanto por la difusión del arte y sus creadores en la ciudad y más allá de las fronteras del país. El teutón de pelo cano y español casi perfecto, pronto abandonará Guadalajara, no por decisión propia: una lucha que para él no tuvo sentido pelear –cuestiones de arrendamiento que a estas alturas ya muchos conocen- es la razón por la que los primeros días del mes de septiembre echará el cerrojo de la finca ubicada en la calle de Pedro Moreno casi esquina con Escorza, para trasladarse, junto con el lugar que le ha dado cobijo y difusión a más de un centenar de artistas, a las plácidas costas de San Pancho, en el estado de Nayarit, donde la odisea artística comenzará para los nayaritas a partir de diciembre de este año. En lugar de reproducirse, disminuyen. El panorama de los espacios culturales en la ciudad es cada vez más aciago. Este año le toca decir adiós al café-galería Haus der Kunst –a finales de 2007, Felipe Covarrubias tuvo que cerrar su GaleríAzul por razones más o menos parecidas-. Pero Helmut sentencia que cuando el amarillo, el azul y el rojo vuelvan a combinarse en la fachada de alguna casa, los que lo vean ya sabrán de qué se trata. De Alemania a México Köhl se jacta de ser respetuoso de las tradiciones mexicanas y dice que ya no cree en el matrimonio, luego de dos divorcios. Para él, la libertad, el amor y la educación son fundamentales en la vida: “La palabra felicidad en pocos idiomas es tan bella como en español”, añade. Y fue justo el amor lo que lo trajo por primera vez a la República Mexicana el 10 de octubre de 1971. “Es una historia sencilla: vine detrás de una mujer. Mi primera esposa era mexicana; los dos estudiábamos en Londres y allá nos conocimos. Fue una sorpresa volar de noche sobre la Ciudad de México, es algo de lo más impresionante que yo he visto de un país. Hasta hoy en día no me olvido de esa imagen”. Dos años más tarde, cuando regresó al país, conoció Guadalajara y, de inmediato, cuenta, se enamoró de las tierras tapatías. “En esa fecha, la ciudad tenía como tres millones y medio de habitantes, y el mismo número de rosales plantados por doquier. Investigué y me dijeron que por cada persona que nació en la ciudad plantaron un rosal. Guadalajara era una ciudad con mucha estética, con una tranquilidad fina y acogedora, además de la belleza de las mujeres nacidas aquí. Avenida La Paz era de lo más precioso. El tráfico era tranquilo y podía caminarse por todos lados”. Helmut agrega que cuando habla de México con amigos de su tierra natal, la plática gira especialmente en torno a Guadalajara. Sin embargo, luego de cerca de 30 años de estadía continua en la ciudad, hay ciertas cosas que a su parecer se han ido deformando. “No hay que lamentar siempre las cosas, hay que decir que por algo pasan. Con una cierta planeación se puede regresar a lo que eran antiguamente, como la Ciudad de las Rosas. Algo negativo es el transporte público, es un servicio fatal. Yo me doy ciertos lujos, uno de ellos es no tener coche. Poca gente me entiende, pero no soy esclavo del auto, ni del reloj. Desde el día que entré a México no llevo reloj, pero de todos modos llego puntual; tampoco necesito un celular. Ése es mi concepto de vivir”, apunta. Misión cumplida Primero vivió en Tlaquepaque, luego en San Juan Cosalá y finalmente se asentó en Guadalajara. A pesar de que sus trabajos previos a la promoción del arte tenían relación con el desarrollo de programas sociales en la capital del país, las amistades de las que se fue haciendo contribuyeron a que se formara la faceta por la que hoy en día se le conoce. En 1986 se encargó de la realización de la muestra de arte popular mexicano Quién da su alma al barro, a través del Centro Artesanal Tultenango, una exhibición que anduvo durante 11 años por varios museos del viejo continente y que fue reconocida en su tiempo como la más importante en su género. La idea de la Haus der Kunst fue de su hijo. Después de que Cristian trabajara como galerista en Tlaquepaque, se le ocurrió diseñar un nuevo concepto de galería en la ciudad, en el que el fuerte no fuera la venta de arte, sino su promoción. “Uno más activo en el que tienes por día al menos 50 visitantes por día –agrega Helmut- Y eso fue lo que logramos. Y ahora con el cierre todas las noches tenemos lleno. Hemos logrado visitas que a muchos museos les gustaría tener. Lo fundamental y lo que más me emociona, es que iniciamos a 53 artistas de renombre nacional e internacional, es como cuando un padre ayuda a su hijo a dar sus primeros pasos. Siempre he creído que el éxito de una galería debe radicar en la seriedad”. Para Köhl el desprenderse de la casa que habitó por más de 10 años resulta una experiencia penosa pero simultáneamente una evolución. Además de San Francisco, la Haus der Kunst tiene pensado expandirse a Puerto Vallarta en lo sucesivo, mientras Cristian, el hijo de Helmut, llega al país. Los amigos, como Francisco Morales, quien le dedica su última exposición a Helmut y a la Haus, le dicen No vamos a dejar de vernos; los de San Francisco le dan la bienvenida. Y los de Guadalajara le damos las gracias a este alemán tan tapatío como cualquiera de nosotros. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones