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Martes, 12 de Noviembre 2019
Suplementos | Por Victoria Palacios

Foráneo-tapatío

Cuento corto

Por: EL INFORMADOR

El tráfico, estresante; las aceras, invadidas por autos que mal estacionados obstruyen el paso de los peatones; el asfalto con hoyos de todos los tamaños y profundidades; los camiones, repletos de gente en donde la fetidez es insoportable, el sonido de las sirenas de las ambulancias se vuelve familiar cuando circulas por periférico.

La gente de clase alta que habita en Puerta de Hierro, en Bugambilias, en Colinas de San Javier… que se divierten en antros como el Bossé, la Folie o el Mood, en los que sólo entra la gente que viste ropa cara, y con buen carro de marcas como Mercedes, BMW, etc. te ve por encima del hombro.

Un poco de cómo se vive en Guadalajara, Jalisco y de lo que se percata el foráneo que habita en dicha metrópoli. Pero ¿qué hacer, “edá”? Si viéndolo por el lado bueno, es una de las ciudades con mejores universidades donde se puede estudiar en este país, y donde están las grandes empresas para formar parte de la lista infinita de empleados dispuestos a trabajar.

Conforme pasa el tiempo, más caigo en cuenta de que la ciudad de Guadalajara se está viendo invadida por foráneos, extranjeros, migrantes, alienígenas. Aquí las casas de asistencia son un negociazo, y qué decir de los restaurantes que llevan la palabra “estilo”: Comida estilo Sinaloa, Carnes estilo Sonora, Mariscos estilo Mazatlán...
No estoy a salvo de verme enredada en estas costumbres; es imposible aislarse de los gritos y festejos que se hacen en la Glorieta de La Minerva después de un triunfo de las Chivas y aún más, escabullirse del tráfico de la misma zona luego de dicho triunfo. Pero ¿qué decir de festejar la victoria en la residencia de algún tapatío, con unas “heladas”? y aunque no sientas pasión por el fútbol, ni amor a la camiseta de Las Chivas o del Atlas, ¡eso no importa! con tal de entrarle a la fiesta y después de varios tragos, sólo basta empezar a decir que:
“¡Aunque Las Chivas son malas, brindo por ellas!”, para comenzar a “ajerar” al tapatío.

¡Ah!... aún con todo esto, las tradiciones del tapatío son grandiosas. Llegando aquí, se puede ser bien recibido. El mariachi suele repartir bienvenidas en el centro de la ciudad, y no falta el “amigo” que ofrece un trago del preciado tequila, o aquel otro con quien se puede platicar y  terminar cualquier noche de estancia en esta ciudad; esta ciudad inmensa que no se termina de conocer, ni en tres o seis años, ni teniendo la Guía Roji a la mano.

Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, y aunque el pan remojado le parezca asqueroso a uno, siempre terminamos comiendo esas famosas tortas ahogadas, por el simple gusto de sentirse un foráneo-tapatío.

De casa

“Una de tapatíos” presenta algunos de los cuentos recibidos en la convocatoria.
En principio agradecemos a todos aquellos que participaron activamente en la convocatoria a todos, a quienes le dieron difusión y a quienes participaron con sus cuentos.
Estamos en espera de los resultados del jurado pero por lo pronto les damos una probadita de cuento…

Cuentos hiperbreves

Por Malina

Reservado para mí

Escondiéndose en calles grises sin luz; un tapatío se encuentra aturdido por el ruido de las sirenas.
Confundido, su corazón da sobresaltos, trata de contenerlo y aunque estuvo alerta, sus piernas no responden, están entumidas y débiles del miedo.
Voltea; ve una mano cerca, se nubla su vista y antes de quedar inconciente, sale lo que queda de su voz y pronuncia “ese día sólo fui un espectador sin suerte”.

Por Qez

¿Por qué el tapatío desconfía del chilango?

Un día, un joven luchador cuyo seudónimo es “EL TAPATÍO” Después de haber tenido una lucha deportiva con “EL CHILANGO”, este  lo invitó a cenar unas tortas de tamal.

EL TAPATÍO, confiando en que era honesto, aceptó. Sin embargo al momento de pagar la cuenta, EL CHILANGO fue al baño y desapareció.
Desde aquel día, EL TAPATÍO desconfía del EL CHILANGO.

Por Ave Flor

Victima 70

Juan había visto cómo el camión urbano pasaba sobre el cuerpo de su padre.  En el panteón, no pudo más y la abrazó a ella, metiendo entre sus pechos la cabeza.  Era el dolor del cuerpo tierno revoloteando sobre aquel consuelo de exquisita suavidad.  Lloró largamente meciendo su tragedia con la mejilla reposada en la ofrenda y la boca lista para apresar la mama;  nostalgia de canción de cuna.  

Por Chegalum

Los peatones

El gobernante tapatío  en turno emitió  el decreto definitivo.
Prohibición absoluta de las banquetas y por ende, la desaparición forzada de los peatones,  entes estorbosos e indignos del progreso y la moderna prosperidad.

Los ciudadanos tomaron las calles, pisando el acelerador con lujuria. Celebraban su triunfo entre una nube espesa de humo maloliente.
Una sola fila interminable,  estática, defensa con defensa.
El regreso resultó atroz, todos hechos peatones y prohibidos.

Por Luze

La mujer que decidió ser

Una mujer perturbada,  víctima por los hechos de los demás,  pensando siempre que los otros querían lastimarla, dañarla por lo que vivía  resentida y ofuscada. Se creía “muy buena” nadie la comprendía.
Hasta que alguien le dijo: “¡Deja de hacerte la mártir, reacciona!”;  se molestó… pero era inteligente, percibió la realidad, se concentro en sí misma, descubrió sus grandes talentos los puso a trabajar y empezó a SER feliz.

Por Autor de cuentos

Juan y el planeta Inra

Juan soñó ser habitante de un planeta llamado Inra, ahí todo estaba limpio, no se contaminaba ni existían guerras, la clave era la convivencia que los habitantes de Inra, ahí todos respetaban la autoridad, pero la autoridad también respetaba mucho a los ciudadanos.
Los maestros se preocupaban por enseñar  y los alumnos por aprender.

Por Águila Real

La tapatía

Juan se acercó a aquella muchacha de ojos grandes, que revelaban tras de ellos una grácil personalidad. -¿Qué es lo que más te apasiona?  Y ella, haciendo navegar sus palabras en el río de una mirada diáfana, relató que la traducción de las cosas cotidianas hacia un lenguaje elegante que encuentra en el alma de los pacíficos el mejor recibimiento. Juan observó  su pasión, convertida en virtud. -¿Tu nombre?  –Guadalajara-.

Por El Neuras

El tapatío que se resistía a morir

Arturo vivía muriendo, pero se negaba a morir, yo lo miraba pasar diariamente, siempre apresurado como queriendo volar, rehuyendo las miradas y evitando el saludar.
Decían que era un enfermo emocional, que era un bipolar, yo lo notaba huraño, de pocas palabras y agresivo mirar. Cliente asiduo de SALME , su alma atormentada se rehusaba a sanar.
Muchas veces intento suicidarse, sin mucha convicción, nunca quiso matarse, sólo llamar la atención.

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