Suplementos | Tapatío Entre cuarentones y veinteañeros Adiós al O´Brians Por: EL INFORMADOR 16 de enero de 2009 - 18:53 hs Hace unos días, leí una nota en la prensa que conmocionó hasta el último de mis recuerdos de juventud. La nota informó del cierre en definitiva de uno de los que podemos considerar el santuario sagrado de la diversión en Puerto Vallarta tanto para veinteañeros como para cuarentones, me refiero al célebre Carlos O´ Brians ubicado en el corazón mismo del malecón de dicho Puerto. Por supuesto que el O´Brians que nosotros conocimos en nuestras mocedades era muy distinto al que acaban de cerrar hace unos días; se trataba de un recinto que contenía los objetos más extraños que un bar puede albergar, desde una bomba de gasolina vieja hasta una silla de peluquero de la década de los sesenta. Ninguna de las sillas o sillones era igual, competían entre sí en edad, estilo y variedad lo que le daba un ambiente sui generis. En algunas columnas y paredes, había engrapadas las tarjetas de presentación de muchos de los asiduos parroquianos o fugaces visitantes además de fotografías, letreros y todo tipo de objetos raros que iban desde un velero que colgaba del techo hasta matrículas de vehículos de muchas partes del orbe esparcidos por doquier. A pesar de la célebre placa en latón dispuesta junto a la puerta de la entrada que rezaba “Members & non Members Only”, los cadeneros y meseros competían en pedantería y mal trato hacia los connacionales para permitir su ingreso, pero una vez que uno accedía al recinto, el trato era idéntico, es decir: malo, tanto para mexicanos como para extranjeros, pero quiero pensar, que eso era parte del encanto del sitio. Si bien la decoración era original, tampoco se puede decir que era la cosa del otro mundo, lo que le valió su fama legendaria eran, sin duda, sus asistentes; ningún tapatío que se precie de serlo, podía concebir pasar un fin de semana en dicho destino turístico sin hacer la parada obligatoria en el restaurante-bar para nosotros, “antro” para los veinteañeros. Para nuestra generación, el sitio era la pasarela donde desfilaban las tapatías más asediadas de la época, asimismo, un lugar de encuentro obligatorio antes de partir rumbo a la disco; para los veinteañeros era el lugar ideal para la pre copa, que no es lo mismo, pero es igual. Siempre asistimos con la ilusión de conocer a la “gringa más buena del planeta”, la verdad sea dicha, en lo personal, nunca se me concedió el deseo, lo que sí debo admitir es que este ícono vallartense me resultó la mejor academia de inglés, su método… el más simple: te servían un trago y te sentaban junto a una fémina de ojos azules y habla británica, ¿el resultado? Hablabas inglés. Al día siguiente, la cruda no te permitía recordar ni el nombre de la susodicha ni el idioma, pero al menos podemos presumir que un día hablamos inglés. Vaya entonces un lamento por la pérdida de éste, que podemos considerar “patrimonio de la humanidad” para ambas generaciones. Ricardo Santos Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones