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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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Suplementos | El hombre es libre para elegir entre el bien y el mal, y de esta decisión depende su destino eterno

¿En qué consiste la salvación?

El siguiente problema al que la religión ofrece solución, es la libertad del hombre. Que el hombre sea libre es una verdad evidente en sí misma

Por: EL INFORMADOR

Cuarta parte

     El siguiente problema al que la religión ofrece solución, es la libertad del hombre. Que el hombre sea libre es una verdad evidente en sí misma. Sin libertad no tendrían sentido ideas como responsabilidad, elección, remordimiento, etc. El hombre es libre para elegir entre el bien y el mal, y de esta decisión depende su destino eterno. Nuestras elecciones se realizan en tiempo presente y tendrán repercusiones en el tiempo futuro, lo cual tiene un efecto angustiante en el ser humano. De esta angustia de la libertad, muchas religiones e ideologías han tratado de evadirse recurriendo a la predestinación divina. Si todo está decidido por un dios, entonces, ¿para qué preocuparse por influir en nuestro propio destino? La angustia de la libertad se suprime aboliendo la libertad misma.
     El concepto de libertad es fundamental en la doctrina y expuesto por San Pablo: “Para la libertad nos liberó Cristo” (Gal 5, 1) y “En donde está el Espíritu del Señor está la libertad” (2 Cor 3, 17). La doctrina del evangelio muestra que Cristo ha liberado al hombre de una serie de alienaciones que lo esclavizan: al pecado (Rom 6, 18), a la carne (Rom 7, 5-6), a la mentira (Jn 8, 44-51) y a la muerte (Rom 8, 21-23). Exteriormente, el cristiano ha sido liberado de la esclavitud de los vicios y pecados mediante la revelación de la verdad: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).
    El Dios que es Amor se ha revelado al mundo en su hijo Jesús, quien por medio de una serie de preceptos que enseña, presenta un ideal de vida encarnado en el hombre perfecto. Así, la única elección verdaderamente libre es la elección de Dios, pero el acto de elegir libremente imprime un carácter de renuncia a otras posibilidades, que en el orden terreno implican que la posesión del bien elegido es transitoria y la renuncia es definitiva; eso es lo que hace problemática a la libertad.
    Por otro lado, en el orden cristiano, elegir a Dios cambia completamente el significado: la posesión es eterna y la renuncia es transitoria. Cuando Pedro le pregunta a Jesús cuál será el premio a sus renuncias, la respuesta es contundente: “Nadie que haya abandonado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mí y por el evangelio, dejará de recibir el ciento por uno desde ahora, en el tiempo presente, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, y en el tiempo futuro, la vida eterna” (Mc 10, 29-30).
     Santo Tomás expone la doctrina de la libertad de manera concisa: “La frase: Donde está el espíritu del Señor está la libertad, se explica teniendo en cuenta que el hombre libre depende de sí mismo, mientras que el esclavo depende del dueño. Quien obra por sí mismo, obra libremente; quien obra movido por otro, no obra libremente. Por tanto, quien evita el mal no porque es mal, sino por el mandato del Señor, no es libre. Pero quien evita el mal porque es mal, es libre. Esto es lo que hace el Espíritu Santo: perfecciona interiormente el alma mediante un buen hábito, de tal modo que evite el mal por amor, como si la ley divina se lo mandara. Y así se le llama libre, no porque esté sujeto a la ley divina, sino porque está inclinado mediante un buen hábito, a hacer lo que la ley divina ordena”.
     Para Santo Tomás, la acción del Espíritu Santo consiste en inclinarnos a percibir y aceptar en sí mismos, y no por simple obediencia, los valores morales contenidos en el evangelio.
     Que se piense que el cristiano actúa de manera egoísta por realizar actos buenos por la esperanza de un premio, indica que no se ha entendido la doctrina. El cristiano identifica el premio con la elección libre, movida por el Espíritu Santo, del máximo valor: Dios, que es Amor y que, por consiguiente, sólo se llega a Él amando. Dios es la plenitud de la bondad y la santidad, y en el encuentro libre con Él el hombre alcanza su perfección. La libertad, entonces, se redime en la elección del Sumo Bien. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx










   

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