Viernes, 10 de Octubre 2025
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En busca de fantasmas

Cinco buzos radicados en esta ciudad confían en poder dar con los buques 'Choapas' y 'Tuxpan', hundidos durante la Segunda Guerra Mundial

Por: EL INFORMADOR

Aventura. Los buzos se han sumergido en el océano, a más de 80 metros de profundidad, para dar con estos históricos barcos. ESPECIAL / S. Meunier

Aventura. Los buzos se han sumergido en el océano, a más de 80 metros de profundidad, para dar con estos históricos barcos. ESPECIAL / S. Meunier

GUADALAJARA, JALISCO (14/JUN/2015).- El apasionamiento por la aventura es lo que ha llevado a cuatro tapatíos y un veracruzano a explorar las aguas del Golfo de México para, tras años de entrenamiento y una acuciosa investigación histórica, dar con el paradero de dos barcos hundidos hace más de 70 años en estas aguas, algo que significaría un enorme descubrimiento y un logro importante para el buceo técnico en nuestro país.

El objetivo de este proyecto, llamado “Los fantasmas olvidados del Golfo de México”, es ubicar, identificar y documentar —con fotografía y video— los restos históricos aún no localizados de dos buques (el “Choapas” y  el “Tuxpan”) en el fondo del Golfo de México, los cuales fueron hundidos con escasa diferencia de horas por el mismo submarino alemán (el U-129) durante la Segunda Guerra Mundial. Otros cuatro barcos mexicanos que fueron hundidos en esta época ya han sido hallados.

Este grupo de amigos —Alberto Ruiz Gaytán, Saúl Meunier, Alejandro Salcedo, Santiago Levy Mayagoitia y Juan David Cortés—, todos residentes en Guadalajara, apasionados del buceo, la conservación de los mares y la historia, conforma un equipo que cuenta con experiencia, formación y entrenamiento en el buceo técnico (avalado por agencias de buceo internacionales).


Algo más

Interesado en el montañismo desde hace años, Alberto Ruiz Gaytán —buzo con 30 años de experiencia y quien encabeza la expedición— ha llevado su pasión por la aventura a escalar cimas que no habían sido alcanzadas por mexicanos antes, “y cuando entré al mundo del buceo, siempre pensé que debía haber algo más, mucha historia en torno a los barcos hundidos, porque no hay muchos estudios sistemáticos al respecto”.

Parte del reto, consigna, estriba en el hecho de que estos barcos —o “pecios”, objetos artificiales que se encuentran sumergidos— se hallan a más de 80 metros de profundidad, “lo que implica el empleo de tácticas de buceo técnico profundo, con empleo de mezclas de gases y equipo especial, no lo que usualmente se necesita para el buceo recreativo. Eso hace que sea más complicado, pero para eso nos preparamos”.


La motivación

Apasionado por la historia lo mismo que por el buceo, Saúl Meunier sabía de los seis buques hundidos pero, tras investigar a conciencia, “lo que nos hizo ruido” fue que, de acuerdo con la información obtenida de los registros del submarino alemán, “se registraban las mismas coordenadas para dos hundimientos; eso motivó en buena medida la expedición”.

A través de encuestas y entrevistas a pescadores locales (sobre todo en San Rafael, Veracruz, cerca de Tecolutla), además, se hicieron “barridos” con sonar, relata Meunier, “y localizamos cuatro pecios de gran tamaño que coincidían con las narrativas históricas del hecho, aunque no con las coordenadas históricas en específico. Así, decidimos buscar estos barcos, que no se sabe dónde están”.

De este modo, en abril de 2014 se realizó una primera expedición en la que se localizaron los cuatro pecios; en julio de ese mismo año se llevó a cabo una segunda expedición donde se inició la exploración submarina de uno de ellos, el denominado “pecio sur”; en septiembre, durante la tercera expedición, se enfocaron en la exploración de este mismo pecio pues, a 87 metros de profundidad, por sus características físicas —tamaño, tipo de construcción— y localización, se cree que es uno de los barcos que se buscan.

Esta labor de localización e identificación histórica de los restos implica documentar la exploración y se persigue crear un archivo que pueda usarse como un registro del hallazgo y contribuir a la conservación del patrimonio histórico del país; de esta forma, se emplean equipos de filmación y fotografía especiales (sumergibles y capaces de soportar la presión), así como iluminación adecuada para el entorno bajo el mar.

Asimismo, para realizar este tipo de buceos técnicos —que rebasan los límites de tiempo y profundidad del buceo recreativo— se requiere de mezclas de gases especiales (con helio) para mantener la mente lúcida a gran profundidad, además de otras mezclas ricas en oxígeno para acelerar la descompresión y regresar a la superficie de forma segura y rápida; para esta expedición se hace uso de sistemas de circuito cerrado y equipo de alta tecnología, a lo que se suma una detallada planeación y el entrenamiento, preparación y práctica de los buzos. Hay que recordar que, como admite Ruiz, en México “este tipo de exploración es cara, de riesgo y se practica poco”.


Mucho por hacer

Aunque los datos recabados hasta hoy hacen presumir que este pecio sur corresponde a los restos del “Choapas”, falta mucho por confirmar y, por ello, se realizará una cuarta expedición al Golfo de México, específicamente al norte de Veracruz, a fines de julio de 2015, época cuando la zona presenta “las mejores condiciones de clima y visibilidad”, comenta Saúl Meunier.

La idea —refiere el buzo— es regresar a bucear “en las coordenadas ya ubicadas de estos barcos hundidos, para explorar toda la zona del hundimiento, reconocer y mapear las distintas partes del buque, crear un registro gráfico y poder determinar que, efectivamente, se trata de uno de los buques que buscamos”.

Si esto ocurre como esperan, asegura Ruiz Gaytán, “esto puede ser la base para que apoyen la siguiente fase” por medio de la fondeadora; si las condiciones lo permiten, en septiembre próximo podría llevarse a cabo una nueva expedición, “pero no más este año” y, en 2016, dedicarse a los pecios del Norte, de modo que “como supongo, tomará hasta 2017 el proyecto, para tener la comprobación para ambos buques”, después de todo, “sabemos la importancia de respetar y salvaguardar el patrimonio histórico, por eso ningún elemento o artefacto será removido del fondo del mar”.


Con el apoyo de todos

Desde el principio, establece Alberto Ruiz Gaytán, “nos dimos cuenta que sería un proyecto a largo plazo; las primeras tres expediciones se hicieron con recursos propios —y apoyo por parte del Centro de Buceo Océanos, que proporcionó camionetas y equipo—, pero va más allá de nuestras posibilidades y, para que no quedara ahí, decidimos buscar recursos externos”.

Ante esta situación, conscientes de que se requerirán más inmersiones y que “cada una tiene costos de producción complejos”, detalla el líder de la expedición, se optó por acudir a la figura de una “fondeadora”, por lo que se elaboró un proyecto formal y se abrió un portal en internet (fondeadora.mx/projects/los-fantasmas-olvidados-del-golfo-de-mexico) para exponerlo, “y se invita al público en general a aportar alguna ayuda y, dependiendo de la cantidad aportada —con base en una clasificación—, se ofrece una ‘recompensa’. Con la idea de alcanzar una meta en tiempo determinado”.

A estas alturas, explica Ruiz, “tenemos promesas de participación que no se concretan aún, con empresas, pero creo que estamos en tiempo y contamos con posibilidades de lograr el objetivo; tenemos mucha fe y, después de todo, la Fondeadora ofrece la garantía de recuperar lo que invierta cualquiera en caso de no lograr los objetivos que se plantean”.

En general, lo que se recauda se usa para cubrir los gastos de transportación terrestre de los buzos y el equipo, lo mismo que la renta de embarcaciones para llegar al sitio donde están hundidos los barcos, cubrir los honorarios del capitán y marinero de la embarcación, viáticos, hotel y alimentos.

Al concluir esta campaña de la fondeadora se realizará una plática sobre la expedición a la que se invitará al público en general y a los colaboradores y fondeadores (si son de otras zonas del país, se les hará llegar las recompensas  por  servicio de paquetería); asimismo, se aprovechará para hacer entrega personal de las recompensas y reconocimientos, para lo cual se informará con suficiente anticipación.
Restan 58 días para que se sumen donadores a este proyecto que —de concretarse el hallazgo— podría ser histórico para el país y una gran aventura para este grupo de buzos.

Tapatío

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