Suplementos | Por: Julieta Flowers Emergencias 33 A pesar del éxito Por: EL INFORMADOR 1 de mayo de 2010 - 05:48 hs En este mundo regido por el consumismo, el capitalismo y la nómina amorosa plurinominal, todo se justifica con el éxito. Todo. Es socialmente aceptable que una sea infeliz, incluso que haga escándalos (se ven curiosos), si se ha forjado hacia el exterior una imagen aceptable. Una mujer de más de 30, si no todo le ha ido tan mal, ya tiene un trabajo con futuro o está en el futuro del trabajo que eligió cuando tenía 20, ya sabe de qué va el amor (o sea, por lo menos qué cartas ya no se juegan en las relaciones más o menos serias). Hablo de las que no están casadas y han ido corriendo y construyendo una vida laboral y amorosa, bastante paralela a los cánones establecidos. Pero, cuando ya no se tiene la ingenuidad y valentía de los “veintes”. Se deben de tener otras cosas pero… como ya han pasado unos años desde que dejamos la niñez, en nuestro equipaje de vida, ya se cargan antigüedades, y esas cosas a veces pesan, y esas cosas que pesan también se tienen que tirar. Formas de relacionarse, quimeras, metas no cumplidas, recuerdos dolorosos, mentiras de infancia. Es decir, todo lo que conformó nuestro mundo al paso del tiempo también es puesto en tela de juicio, está bien y es normal, uno de los primeros síntomas de la madurez, es no cargar cosas innecesarias. Aunque me considero exitosa (con sus asegunes pues), decidí hacer un alto, abrí mi maleta y comencé a darme cuenta de todo lo que me estaba pesando. Me puse a mirar para adentro y mirar para adentro, es un proceso doloroso, según dice mi psicóloga, que se llama Dolores. Y a la cual acudí en estado de crisis, luego de aventarme a mi propio vacío sin curitas y sin vendas psicológicas, después de días de no dormir y uno de fiesta, que responden al orden de cosas, según me aclaró ella, que jamás se deben de hacer. ¡Chale! Y ora qué… Fui con Dolores y le conté todo lo que sentía y todo lo que sentía era un circo de cosas, donde se me cruzaban las emociones, y todo parecía ser un caos. Claro, me dijo, al moverte de lugar interior, todo tiene un nuevo orden. Si el recuerdo de alguien, adornaba tu sala interior, ahora que lo has tirado (no mi interior, si no el recuerdo) todo se ve más solo y eso te causa incertidumbre y eso da miedo y el miedo provoca cosas y si no estás preparada, pues haces tonterías (pequeño detalle). La primera regla, me dijo, es tenerse paciencia. Cambiar no es fácil, cambiar verdaderamente significa un gran esfuerzo y ese esfuerzo puede implicar mucha energía. Cuando se está en proceso de dejar ir cosas, incluso la idea que teníamos de nosotras mismas, no hay que tomar decisiones importantes, porque en ese momento todo está en el aire y cualquier cosa que se decida será susceptible de volverse un error. Decidir una relación amorosa, decidir cambiarse de casa, de trabajo, de amigos, decidir hablar seriamente con tu madre, con tu padre… no lo hagas. Puede ser peor. Luego, no irse de fiesta, no tomar alcohol, ni drogas. Porque la nebulosa de tu cabeza será mayor y al día siguiente te sentirás peor. Así pues vuelvo a comenzar, para terminar más pronto y entrar como nueva de tan limpia en una nueva etapa de una existencia sana. ¡Ay Dios! Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones