Suplementos | Crónica. Vanesa Robles El vals de los merolico Están en el Centro de la ciudad, su misión: capturar analfabetas en inglés y computación Por: EL INFORMADOR 23 de febrero de 2013 - 19:57 hs Ni estudiaban ni trabajaban. Un día la vida les hizo justicia. / GUADALAJARA, JALISCO (24/FEB/2013).- Ni estudiaban ni trabajaban. Un día la vida les hizo justicia. Les puso un letrero frente a las narices: “16 a 30 años de edad/ 1,500 a la semana/ Contratación INMEDIATA”. Ahora no hacen mas que trabajar. En la calle Colón del centro de Guadalajara, en las avenidas cercanas, en los barrios populares trabajan 13 horas diarias, dicen. Son hormigas contra la ignorancia. Merolicos del conocimiento. Si le echan ganas pueden sacar los mil 500 semanales. Su misión es capturar analfabetas en inglés y computación. Su misión es engatusar a jóvenes idénticos a ellos. “Chico, ¿sabes inglés?”, “Chica, ¿cómo andas en computación?”. Permanecen en dos líneas castrenses, una frente a la otra, franqueando la salida Colón del Tren Ligero. Quince de un lado, quince de otro. “Somos más. ¡Uy! 50, nomás en esta cuadra, 100 en el centro, 500 en toda la ciudad”, dice uno, vestido con un pantalón formal, barato, y una corbata roja de nudo impecable, bajo un suéter azul marino. Tiene unos 16, la nariz engrandecida por la pubertad, el rostro oscuro, los pelos lacios aplacados bajo un océano de goma. Hasta hace unos meses, relata, era un desquehacerado. Igualito que otros 7.3 millones de jóvenes mexicanos que no caben en las escuelas ni en los centros laborales —casi una cuarta parte de los mexicanos entre 14 y 29 años, según la Encuesta Nacional de la Juventud de 2011—. Pero eso se acabó y él no está aquí para hablar de injusticia social, sino de las bondades que ofrece la escuela a la que promueve. Para hablar bien, sugiere, es mejor pasar a un privado, en el edificio de Colón 138, donde los privados abundan y también los jóvenes: los que venden y los que se inscribirán, con la promesa de que no acabarán de vendedores. “Le manejamos al estarse incorporando usted su credencial con su diploma maestra bilingüe, atrás del diploma le manejaríamos lo ques firmas, le manejamos lo ques un certificado, le manejamos lo ques el diploma de una carrera técnica-valado por lo ques la SEP, también le manejamos lo ques una bolsa de empleo en lo que son 490 empresas. Obviamente con lo ques el inglés con lo ques la computación no la voy a meter de vendedora…”. El de la corbata hace un silencio para respirar. Tiene una mirada de desesperanza que dan ganas de inscribirse. Anota los datos de uno, le pregunta a uno cuándo tendrá una respuesta. No acepta de uno generalidades. “¿La próxima semana? ¿Lunes, martes, miércoles…?”. Admite que ni prender una computadora sabe. “En cuanto junte dinero, voy a estudiar en lo ques aquí mismo”, presume. Dan ganas de abrazarlo. La escuela que le paga y a la que él se pagará tiene pésima fama desde Tijuana hasta Oaxaca. Es la misma que hace un decenio debió deslindarse de la desaparición de algunas de sus estudiantes en Ciudad Juárez. La misma que se cambió el nombre para cambiarse el prestigio. La que en Guadalajara proporciona un teléfono que no funciona. La misma que ocupa los primeros lugares en la “lista de quejas más populares de todos los tiempos” en Internet. Y es una escuela curiosa, porque los que más se quejan son los que han trabajado ahí. ¿Que trabajos ofrece? El hombre mira a su interlocutora con desdén. Mala suerte: él es de la “contratación inmediata”, que se ofrece dos pisos abajo, en una cartulina fluorescente, pegada a un aparador. “Nada más contratamos jóvenes”. Es martes a mediodía, pero las aulas de la escuela lucen sin gente. Lo que hay es tres adolescentes que cruzan los dedos. Huele a que venderán cursos en las calles del centro de Guadalajara. Son tres mujeres, una de ellas tiene un bebé y andaba por el centro, buscando trabajo. Otra permanece en la oficina, en una entrevista. La tercera pasó por la calle y vio el anuncio. Pegados a cada una de las paredes de ese piso hay posters del Projoven, un programa oficial que pretende que los muchachos tengan herramientas de entrenamiento laboral… en Uruguay o en Perú. En resumen: en México no hay Projoven y ni habría necesidad de mentir, porque la escuela de los merolicos está incorporada a la Secretaría de Educación Pública, a través de la Dirección General de Centros de la Formación para el trabajo, con las claves 14PBT0752P para los cursos de inglés, 14PBT0754N para los de computación y 14PBT0751Q, para los de belleza. Hasta ahora nadie se ha quejado ante las autoridades de los cursos, afirma el director de Incorporación de la Secretaría de Educación Jalisco, Alberto Andrade. No hay quejas ni aunque la página de Facebook de la escuela ofrece educación técnica, mientras la página del gobierno de Jalisco dice que los Centros de Capacitación para el Trabajo dan “capacitación básica o denominada de bajo perfil, al carecer del nivel técnico”. Como nunca ha prendido una computadora, todo esto no lo sabe el joven de la corbata roja, que ha regresado al sitio que ocupa diario en la calle Colón del centro de Guadalajara. El sitio donde gasta sus días hacia la adultez ofreciendo cursos de inglés y computación. “Te pido lo ques un pequeño abono de 100 pesos y doy hasta 22 días para pagar los 300 de la inscripción que eso no sea problema”, intenta ahora con otro transeúnte. Y más allá, en la fila una colega casi niña, ella vestida con una chamarra de piel falsa y color opaco, también le hace la lucha: “Mirantonio yo te garantizo el aprendizaje o te devuelvo su dineroantonio. Inglés básico intermedio y avanzadohablar leerescribir Antonio. Te damos el diploma el certificado el reconocimiento. ¿Eh?”. Y enfrente de ella, otro muchacho de modestísima elegancia le pregunta a su propio cliente: “¿Sí te interesó? ¿Ahorita con cuánto contarías para apartarle lugar... A cuál cajero ocuparías ir... El Bancomer está aquí en la esquina…”. Por lo menos ya trabajan. Dicen varios que quince horas y bajo el sol, con sueldos de comisión y un rato para comer. Antes ni trabajaban ni estudiaban, dicen. Ahora por lo menos forman parte de dos líneas perfectas de muchachitos que parecen formados para bailar el vals de quince, y aprenden que para cada uno de ellos el destino eligió a un merolico. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones