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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Suplementos | Hace unos días se cumplió el vigésimo aniversario de la carta sobre los fieles laicos en la Iglesia

El servicio es el sello del cristiano

La misión del laico es insustituible, pues sólo él puede llegar e influir en su propio entorno. Por eso importa que en cualquier lugar en que se desarrolle, haga bien su labor y con ello le de la gloria debida a Dios

Por: EL INFORMADOR

Voz del Papa

     Hace unos días se cumplió el vigésimo aniversario de la carta sobre los fieles laicos en la Iglesia. Con ese motivo, el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos. Ahí recordó el papel y la misión que han de tener los fieles laicos: su dignidad y su vocación a la santidad en medio del mundo.
     La misión del laico es insustituible, pues sólo él puede llegar e influir en su propio entorno. Por eso importa que en cualquier lugar en que se desarrolle, haga bien su labor y con ello le de la gloria debida a Dios: en la fábrica, el campo, el hogar, la oficina o la escuela. Haciendo bien su tarea recibirá, por añadidura, su recompensa.
     Hay un relato que nos ejemplifica los beneficios que nos reportan esa actitud de servicio a los demás.
     Sucedió una noche de tormenta, hace ya bastantes años, en que un matrimonio mayor entró en la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximaron al mostrador y preguntaron: “¿Puede darnos una habitación?”
El empleado, un hombre atento, les dijo: “Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas”.
     El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso encontraran otro lugar. El empleado entonces les dijo: “Miren..., no puedo dejarles marchar con este aguacero. Si aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues pasaré toda la noche pendiente del hotel”.
     Al matrimonio le parecía abusar de la cortesía de aquel hombre, pero el empleado insistió tanto con cordialidad, que finalmente accedieron. A la mañana siguiente, al pagar la estancia, aquel hombre dijo al empleado: “Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya uno para devolverle el favor que hoy nos ha hecho”. Él lo tomó como un cumplido y se despidieron amistosamente.
     Pasados dos años, el empleado recibió una carta de aquel hombre, donde le pedía que fuera a New York y le enviaba los boletos de avión. Aceptó el ofrecimiento. Al llegar, el hombre mayor le condujo hasta la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34, señaló un imponente edificio y le dijo: “Este es el hotel que estoy construyendo para usted”. El empleado le miró con asombro: “¿Es una broma, verdad?”. “Puedo asegurarle que no”, le contestó. Así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente, de nombre George C. Boldt.
     Boldt nunca se imaginó que al atender cortesmente a aquel matrimonio años atrás, su vida se vería tan beneficiada.
     Impregnar de sentido cristiano todas las actividades, es la misión de los laicos. Y el servicio es la actitud esencial que el cristiano ha de saber vivir. Además, servir desinteresadamente a los demás suele tener un buen retorno.
Por ello importa que nuestras actividades cotidianas estén impregnadas de amistad, generosidad, paciencia y amor. En pocas palabras, es la enseñanza del Señor: poner en todo el amor a Dios y al prójimo.

Pbro. José Martínez Colín
padrejosearticulos@gmail.com

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