Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Historias desde la banqueta

El prohombre mexicano Juan Pérez

En el que el espíritu de Lázaro Cárdenas se encuentra con Plutarco Elías Calles y la cooperativa de limpiaparabrisas y cuidacoches se bifurca

Por: EL INFORMADOR

“La división de los trabajadores... la presencia... de escasas ramificaciones en pugna con otras, comprueba una vez más la necesidad de que se ayude a los trabajadores a no ser factores de las pasiones de personas que están en pugna...”.
Ha pasado una semana desde que el espíritu en blanco y negro del general Lázaro Cárdenas regresó a México a seguir la lucha que nunca terminó porque la lucha social nunca se acaba. Observó los flagelos que aquejan al país, la falta de organización. Lázaro logró crear una cooperativa de limpiadores de parabrisas que recitan poemas a los automovilistas, y en su último movimiento logró una alianza, ahora endeble, entre limpiaparabrisas y cuidacoches para crear una suerte de sindicato donde los patrones son los mismos empleados. Los cuidacoches lograron la concesión de un terreno baldío para convertirlo en estacionamiento y así dejar de apropiarse del espacio público; con lo que se obtiene de ese sitio se pagan impuestos al Ayuntamiento tanto de los vienevienes como de los limpiadores, pero éstos no están convencidos de pertenecer al mismo gremio, y ha surgido un nuevo líder: Plutarco Elías Calles, quien regresó de su exilio forzado después de la muerte, y aliado con los limpiaparabrisas busca crear una cooperativa independiente y con poder político.
- Ahora sí no podrás mandarme a California por subversivo, ¿verdad Lázaro?
El general Cárdenas siente gusto por volver a ver a quien alguna vez fuera su mentor, pero no olvida los problemas que le hizo pasar hace poco más de 70 años, aunque
- Fue por el bien del país, Plutarco –le responde. Ambos están sentados en una pequeña oficina que se hizo con láminas y dos sillas rotas en una esquina del terreno baldío convertido en estacionamiento de los cuidacoches.
- Claro, claro, por el bien del país –revira el espíritu de Calles- el problema es que piensas más en cooperativas que en grandes inversiones.
Lázaro Cárdenas no contesta. Piensa. Calles logró convencer al líder de los limpiaparabrisas Juan Pérez, enojado por la unión con los cuidacoches, de que ellos podrían hacer su propia cooperativa sin depender de los vienevienes, aunque fuera sobornando a los inspectores del Ayuntamiento, a lo que Cárdenas se opone.
En ese momento un automóvil último modelo entra al estacionamiento. Desciende un joven de cabello largo y bien peinado, playera con motivos del EZLN y los ojos rojos y achicados. Le pide en tono chiqueado al cuidadoches que se cuide de no rayar la pintura de su vehículo. El general Cárdenas lo reconoce.
- Ssss qué onda mi Lázaro, ¿cómo anda? ¡Qué loco acá su invento del estacionamiento lumpen, ¿no?!
El espíritu de Plutarco Elías Calles sonríe. Él también requiere un fiel escudero como ya lo es el bolero Juan Pérez para Lázaro. Se pone de pie y le alarga la mano.
- ¿Qué hongo, y usted quién es o qué onda? –pregunta Juan, “El hijo del Ahuizote” Pérez, quien estuvo en los separos con el espíritu de Lázaro Cárdenas cuando a éste lo arrestó la policía al iniciar la cooperativa de limpiaparabrisas.
- Yo soy Plutarco Elías Calles. Y veo que te gusta la lucha social, hijo.
- Pss a hueso mi Pluta, yo soy acá totalmente palacio del pueblo, viva la raza. Y de hecho vengo a ver cómo va su experimento, que ya se conoce en toda la ciudad; eso de los limpiaparabrisas en una cooperativa está bien pacheco...
El espíritu del general Calles le sonríe al joven, disidente de oficio, y guiñándole un ojo a Lázaro Cárdenas toma del brazo al “Hijo del Ahuizote” Pérez y se lo lleva aparte.
El espíritu de Lázaro Cárdenas los observa hablar entre ellos y luego al líder de los limpiaparabrisas Juan Pérez, ya en mancuerna con Calles, uniéndose al cónclave. Adivina el resto. A lo lejos, en el parque frente al estacionamiento comunal, el bolero Juan Pérez observa el semblante pensativo del general Cárdenas y decreta una pausa en las clases de instrucción básica, la escuela ambulante para los hijos de los limpiaparabrisas y los cuidacoches: los deja dibujando una figura de José María Morelos y va a donde Lázaro.
- Qué pasó don Lázaro, ¿ya llegó el PRI?
El espíritu de Cárdenas hace una sonrisa cansina. En ese momento regresan el general Calles, el líder de los limpiaparabrisas y Juan “El hijo del Ahuizote”.
- Te tenemos una propuesta Lázaro –le dice Plutarco. El bolero Juan Pérez rechina los dientes y cruza los brazos.
- Necesitamos más páuer, don Lázaro, la neta, para lograr una posición más chida pa’ los necesitados; tenemos que luchar contra el poder –sigue “El Hijo del Ahuizote” Pérez.
- Vamos formando un partido político –culmina el líder de los limpiaparabrisas.
- Tendremos más recursos y seremos más –insiste el general Calles.
Lázaro Cárdenas los observa amargamente a los tres. Sin decir palabra se pone de pie, se acomoda su sombrero y camina hacia fuera del estacionamiento ante la sorpresa de los otros.
- Ya volverás –le reta Calles. Lázaro nada responde. El bolero Juan Pérez camina silenciosamente detrás de él.
En una esquina del parque, ya lejos del estacionamiento, el espíritu del general Cárdenas se detiene y se sienta en una banca. El bolero lo sigue, y después de unos minutos de silencio respetuoso le habla:
- Así es esto, don Lázaro, pus es que los líderes como que nomás andan buscando cómo aprovecharse de la raza... acuérdese de lo que pasó con los Ferrocarriles cuando usté le entregó a los trabajadores la empresa... o PEMEX mismo jefe, el sindicato de profes... todo parece con buena intención pero luego salen los que quieren sacarle más jugo a sus puestos...
El general Cárdenas suspira. Reflexiona.
- Además no se me agüite mi general, que fíjese cómo acá los vienevienes sí son valedores y ya me dijeron que ellos se quedan con usté hasta el final... ora sí que hasta donde el cuerpo aguante...
Lázaro piensa. El mexicano tiende a la solidaridad en los momentos más álgidos, pero de inmediato se individualiza cuando hay modo de sacar provecho personal. La unión en torno a un grupo es difícil si no existe antes el compromiso con una idea.
- Hay que chambearle de otro modo, jefe Cárdenas: acuérdese que andamos en el proyecto de un mejor México y no en el sueño, como usté lo dijo bien bonito cuando llegó –sigue el bolero.
El general Cárdenas respira hondo. Sonríe.
- Necesitamos refuerzos Juan –responde. Al bolero Juan Pérez una sonrisa le ilumina el rostro.
- En eso estaba pensando don Lázaro, ire; yo tengo unos cuates, un reportero  y un profe de una universidá a los que les limpio los cacles a cada rato, ire, usté nomás espéreme tantito deje los busco aquí de volada y me los traigo, sirve que vamos a mi changarro que lo he tenido muy descuidado esta semana...
El espíritu de Lázaro Cárdenas asiente y el bolero se va corriendo a su búsqueda. Habrá que pensar en nuevos frentes, piensa.

por: alejandro silva

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