Suplementos | Por: karelia alba El personaje: un testigo de la ley y el sentimiento Patricia Sosa y Ávila Chalita, la jueza que honra al amor Por: EL INFORMADOR 14 de febrero de 2009 - 02:03 hs Feminista, romántica, sensible, justa, inteligente. Éstos son algunos de los adjetivos calificativos que pueden describir en buena medida la personalidad de Paty Sosa y Ávila, quien desempeña el cargo de Juez del Registro Civil, actualmente instalada en el pueblo de Santa Anita, dentro ya del Municipio de Tlaquepaque. En este mes en que se festeja el amor, hay que rendir tributo a alguien que lo honra con su labor cotidiana, con esa sensibilidad especial para conscientizar a las parejas acerca del proceso del amor, dando legalidad no al sentimiento, sino a la unión de dos personas que han decidido formar un matrimonio por amor. Su pasión por la vida y la justicia la llevaron a escoger la carrera de Derecho cuando cursaba la preparatoria, y es ahí en donde comienza la historia: “Fue chistoso porque desde chiquilla, en casa de mi mamá todos mis parientes, mis primos, mis tíos, me decían: ‘Eres tan alegona que tú vas a ser licenciada’. Yo no sé si en cierto modo ese comentario influyó en que sí. Supe desde la prepa, que es el momento de decidir lo que vas a estudiar, ‘voy a ser abogada’. Sin un fundamento muy congruente, creo que la elección fue fascinante para mí”. Dice que se siente plena, realizada. “Me casé con mi carrera, no todo el Derecho me gusta, pero soy fan del Derecho familiar, algo que me emociona porque siento que aquí en México todavía hay mucho terreno por caminar en este sentido. Estamos -sobre todo las mujeres- muy desprotegidas, la niñez también; le falta a nuestras leyes, nos falta crecer más en el sentido de apoyo y protección a la niñez y a las mujeres que trabajan”. Patricia Sosa es una mujer que, por la generación a la que pertenece, se dedicaba a los hijos y al ex marido. “Estudié porque mi papá, un hombre muy visionario, al que adoraba y admiraba, siempre nos dijo a las tres mujeres: ‘Estudien, prepárense, que no les pongan la patita en el pescuezo porque no saben hacer nada, que ése nunca sea el motivo por el que ustedes se queden en una relación a aguantar malos tratos o cualquier tipo de situación que no les haga bien, todo por el hecho de no saber hacer nada’. Y mira que se lo agradezco porque como boca de profeta; yo duré nada más 10 años de casada”, recuerda. Después de su separación vino la oportunidad maravillosa de ser oficial del Registro Civil. “Debo decir que cuando entré en 1995 fue un regalo, pero un regalo que me costó mucho porque yo estaba dedicada a mis hijos, a mi casa, y de repente todo cambió. Me separo y mi esposo, el padre de mis hijos, se va del país y me deja llena de deudas y con dos hijos, la pregunta era ¿y ahora qué hago? Yo creo que en la vida pasan las oportunidades y a veces las tomamos y en otras ocasiones no, pero en mi caso se dio todo. En aquel entonces era directora del Registro Civil del Estado afortunadamente una mujer, y fue ella quien me dio la oportunidad de entrar al Registro Civil, y heme aquí después de tantos años, contenta y feliz”. Para todo hay una primera vez Paty se enfrentaba a su proceso de separación cuando ya tenía que resolver los gastos de su casa. No había tiempo de quedarse en su casa para lamentarse la pérdida o vivir el duelo, pues a tan solo 10 días de su separación, ingresó al Registro Civil. El arranque en el Registro fue fuera de lo común. Para su capacitación estuvo en la oficina número dos, ubicada en Las Águilas: “Una oficina muy grande con mucha afluencia de ciudadanos, con el licenciado Jorge Rubio, él era la cabeza de la oficina del Registro Civil. Un día, de buenas a primeras, estaba yo sentada y él iba a celebrar un matrimonio -ya me había tocado observarlo en otras ocasiones celebrar los matrimonios- y de repente voltea y me dice: ‘Licenciada, por favor’, yo dije, pues ¿qué quiere? ¿una pluma? Y les dice: ‘la licenciada los va a casar’. Me quise morir, pensaba para mí, no puede ser, no puede ser, pero no había tiempo ni de pensar porque volteó y me vio -con la mirada me dijo ‘no hay de otra, vas a hacer el matrimonio’-, entonces lo hice. Seguramente mal porque estaba aterrorizada porque además estar frente a la gente y que en ese momento toda la atención del ciudadano está sobre el oficial del Registro Civil es impactante. Yo traía mis tablitas porque daba clases en la preparatoria en el Instituto de la Vera Cruz de las mercedarias. Entonces eso te ayuda, pero era diferente tener a 40 chicas de 17 años, a tener a los papás, los invitados y demás. Ya cuando terminamos la ceremonia, las personas se fueron y listo, poco a poco empecé a realizar matrimonios”. La práctica hace a maestro... “Definitivamente te vas soltando. En aquel entonces se leía la famosa Epístola de Don Melchor Ocampo; algunos oficiales la leían y otros no. Entonces me la dieron, y eso que dices ‘No, Dios de mi vida, yo leo esto y me va a dar roña’, digo, no es lo que yo pienso ni lo que yo creo que debe ser una relación de matrimonio, entonces debo decir que es un documento hermosísimo pero que no va de acuerdo a las formas de vida que tenemos en la actualidad, entonces obviamente pues no lo puedes decir”. La bohemia y el romance Paty es una mujer romántica y es ésta una de las cualidades que la distinguen en su trabajo. Una vez que se enfrentó a la realidad de unir en matrimonio a las parejas que lo solicitaban, reflexionó el documento de Ocampo, que en su tiempo hubiese sido la piedra medular del enlace, hizo una reflexión que le dio un giro a la ceremonia. “Pasó algo muy curioso. Yo me pregunté: ¿qué quiero que le digan a mi hija el día que se case? Si es que tuviera una hija; yo tengo dos hijos varones, pero no sé por qué, a lo mejor porque soy muy feminista, sí pensaba qué me hubiera gustado que me hubieran dicho a mí el día que me casé. Y de ahí nació la idea de modificar un poquito lo que era la Epístola de Don Melchor”, explica. Ha sido a través de su gusto por la música y del análisis de las letras que hablan de amor: “De escuchar las canciones, de libros que me recomiendan, que escojo o que caen a mis manos y también de la música, de escuchar lo que dicen las canciones, vas aprendiendo y tomando las ideas, comprendiendo lo que es verdaderamente una relación de pareja, lo que es el amor, lo que es el matrimonio. Me encanta escuchar música, es de mis grandes hobbies, a veces es de fondo pero en muchas ocasiones me doy el tiempo para escucharlas. A mí me gusta la música bohemia, la balada romántica me gusta mucho, esa es la que me gusta porque siento que verdaderamente se identifica conmigo”. De sus intérpretes se destaca Lupita D’Alessio: “La señora, su persona no me es muy grata, pero tengo que admitir que las canciones y la voz que tiene son espléndidas, y la canción de Hoy voy a cambiar, cuando recién me divorcié, era como mi himno, porque yo decía ‘bueno, tiene que venir una etapa diferente’. Y te puedo decir que me gusta de todo. Armando Manzanero es otro de mis predilectos, me gusta mucho cómo canta, aunque tiene muchas interpretaciones, pero en general escucho de todo mientras sea balada”. La experiencia de vida como herramienta Como representante de la Ley y en su afán de ser congruente, tuvo que enfrentarse a sí misma antes de seguir adelante: “Cuando me separé y mi ex marido se fue del país pues para mí fue muy fuerte; yo me tardé casi cinco años para iniciar el trámite de divorcio. Él jamás volvió, tiene 14 años fuera del país y esos años fueron muy conflictivos para mí porque yo le decía a quien entonces era el director del Registro Civil: ‘Yo ya no quiero hacer matrimonios porque no me parece congruente, yo divorciada y estoy ensalzando y realzando la figura del matrimonio como institución’. Y no se me olvida que me dijo sabiamente: ‘Estás mal, al contrario, precisamente por conocimiento de causa es que debes de seguir adelante porque tú sabes lo que es verdaderamente el matrimonio y lo que significa el fracaso de una relación matrimonial. Entonces yo creo que al contrario, precisamente esos conocimientos, esos sentimientos y esas emociones que te provocó la ruptura, hazlas llegar a los jóvenes para que ellos sepan que no todo es miel sobre hojuelas, que hay momentos muy difíciles, de crisis y que si no tenemos la capacidad de salir de esas crisis, el matrimonio se desbarata, se disuelve’. Entonces sí, dije, tiene razón, y ahí empecé a hacerle las modificaciones a la Epístola de Don Melchor Ocampo, a quitarle aquello que no me gustaba, a dejarle algunas cosas y a meter pensamientos y reflexiones que tomaba de mi experiencia de vida, de algunos libros e incluso de las canciones”. Cuenta que “cada año o año y medio me daba el tiempo de quitarle alguna cosa que ya quedara fuera de tono, consultaba la opinión de algunos de mis amigos y así se hacía el consenso y la plática en torno a lo que nos gustaría a todos que nos dijeran. Ahora bien, hay que ser también muy objetivas, somos dos, hombre y mujer, entonces la parte sensible como oficial del Registro Civil una mujer la tiene muy clara, pero también hay que ver al otro lado, en donde no hay tanta sensibilidad, en donde el matrimonio tiene muchas veces los mismos proyectos de vida pero diferente imagen de lo que es la relación de matrimonio. Entonces ése es el momento en donde tengo que pensar como un hombre ver qué sienten ellos, cómo piensan en función del matrimonio, estar consciente de las expectativas que también los hombres tienen en función de la relación de matrimonio, se vale, porque esta condición no es exclusiva de las mujeres, que si debo ser sincera, creo que lo que en este momento parte del mensaje que el Estado les envía a estas parejas sí tiene mucho de feminismo, pero bueno, la justificación en estos casos cuando algún señor se acerca y me hace algún comentario en relación a lo que dije, es: ‘Bueno, eso le pasa por escoger juez mujer’”. Casarse en la actualidad Existen dos aspectos fundamentales que se deben tener en consideración antes de dar este paso. Anteriormente, la finalidad del matrimonio era la procreación de los hijos, en 1995 se modificó el Código Civil y se le da un tono más sensible a la cuestión jurídica del matrimonio y se busca el crecimiento de los individuos a través de la unión. “Yo siento que muchas personas que se casan por el civil, incluso actualmente, ven el matrimonio civil como el requisito para poder casarse por la Iglesia y tener la fiesta. Lo ven como algo que tienen que hacer, sin pensar realmente el significado que tiene para la sociedad y para la ley, el hecho de que ellos contraigan matrimonio. Actualmente el DIF imparte una plática de dos o tres horas para todas las parejas que se van a casar, la asistencia a esta plática es requisito de ley. Es muy interesante porque se tocan puntos jurídicos como el tipo de régimen que van a elegir. Las mujeres originalmente no sabían si se casaban por sociedad legal o separación de bienes, desde luego desconocían el por qué, las ventajas y desventajas de cada uno. Y en esa plática se tocan estos temas, además de la violencia intrafamiliar y todo ese tipo de situaciones que se presentan en el matrimonio, y de las que nadie está exento de vivirlas, porque a nadie se le puede garantizar que le va a ir bien”. Paty añade que “el matrimonio -decía mi abuela- es una carrera de resistencia, y es verdad, hay que luchar porque amar es eso, luchar y luchar todos los días de tu vida para que tú relación de pareja crezca. Yo se los digo en el mensaje, llegan ahí a la ceremonia tan bonita, están ahí por amor, vinieron aquí, por amor, pero ése es solo el principio, háganlo crecer”. Las diferencias del amor Paty es reconocida entre las parejas debido a la profundidad de sus ceremonias, pues en cada una imprime su sello personal, equilibrando la sensatez y la razón, con los valores y la magnificencia del amor: “Hay que aceptar las transformaciones que tiene un sentimiento tan noble como es el amor, porque si estamos esperando que nos dure la pasión toda la vida, esa pasión que sentimos hasta en el estómago y demás, pues no, porque entonces a la primera de cambio piensan: ‘Ya no me quiere’. El amor se transforma con el tiempo y hay que tener valores que cimienten la relación. Todo esto hay que decirlo en el momento de unir a dos personas en matrimonio de una manera sencilla para que les llegue a los muchachos, no puedes hacerlo a manera de sermón largo de dos horas. Hay que hacerlo corto para saberles llegar. Ahora no se casan nada más jóvenes, se casan también los reciclados que les digo yo: viudos, divorciados, gente ya mayor, pero yo creo que el amor para todos tiene que ser igual”, dice Paty. El amor no tiene edad, eso es una gran verdad, no importa qué edad tengas, el amor se siente igual y a lo mejor llevas más handicap cuando ya has tenido una experiencia pero no es lo óptimo porque no vas a estar disolviendo matrimonios para ver qué es lo que se siente. Todos tenemos que ir con la conciencia plena de que el matrimonio es para toda la vida y ahora se da mucho que escuchas a los jóvenes que dicen: ‘Si no me va bien, me divorcio’”. La cuenta de las parejas que Paty ha casado no es exacta, pues ha habido días en los que ha realizado hasta 10 ceremonias, siempre con la consigna de unirlos para toda la vida, conscientizando a las parejas de que este proceso es más que un trámite con el que termina el noviazgo, es el principio de una relación de pareja en donde deben reinar: el amor, el respeto y la comunicación. “El pasado es historia, el futuro es un misterio y el presente es un regalo. Disfrútalo” Sus grandes amores son Javier de 21 años y Anwar de 18, sus hijos y los que ella considera el gran motor de su vida “El amor no tiene edad, eso es una gran verdad, no importa qué edad tengas, el amor se siente igual”, Paty Sosa y Ávila, Juez del Registro Civil Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones