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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

Suplementos

Suplementos | Juan Ignacio Castiello y la sorpresa diaria de la arquitectura

El personaje: un hacedor, promotor y defensor del sexto arte

Por: ana guerrerosantos y fotos:Alonso Camacho

Por: EL INFORMADOR

Tres ediciones de la Bienal de Arquitectura Mexicana han tenido al nombre de Juan Ignacio Castiello (Guadalajara, 1960) en su lista de premiados. En la más reciente, la que entregará medallas este venidero 27 de noviembre en la ciudad de Oaxaca durante el congreso de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana, “Naso” Castiello recibirá su tercera presea luego de que el jurado fallara a su favor al reconocer las cualidades de remozamiento sobre la Casa Casillas (ver fotos) para situarla en el primer lugar de la categoría Remodelación de Casas.

Pero además de lo anterior, Naso ya ocupaba un importante lugar en el ranking de la arquitectura local, tanto por su quehacer práctico como por su docencia y gestión en el medio. Impartió clases en el Taller de Composición de la carrera de Arquitectura en el ITESO hasta hace algunos años y fue presidente del Alarife Colegio de Arquitectos a principios de esta década, por lo que siempre se le ha conocido como hacedor, promotor y defensor de este, el sexto arte.

Hijo y hermano de arquitectos, a temprana edad encontró en los legos uno de sus pasatiempos favoritos, pero por encima de la diversión, descubrió en éstos la magia “de hacer cosas nuevas a través de un módulo”, al grado de soñarse abriendo una puerta y terminar inundado por una desbordante cantidad de piezas ya que las suyas, nunca eran suficientes.

Aunado a lo anterior, la influencia de su padre a quien acompañó tanto a algunas obras como en el gusto por la arquitectura y de quien aprendió “el bienestar cuando hacía las cosas”, facilitó la elección por un camino profesional: “Intuyes que por ahí puede ser y gracias a Dios, creo que le atiné”. Sin lugar a la más mínima duda, lo que más le gusta en la vida es la arquitectura y es justo donde se siente más cómodo.

Vienes de cuna de arquitectos, pero has trascendido en esta profesión.
Lo que pasa es que el carácter de mi papá fue muy importante, te dejaba ser. Él era y te dejaba ser. Fue una persona extraordinariamente respetuosa del que tenía enfrente, entonces era muy cómodo estar cerca de él, y eso, comparado con otros casos que me ha tocado ver que no hayan tenido tanta suerte en ese aspecto, pues fue muy positivo. Por otro lado, también tuve la oportunidad de desarrollarme solo, sin la sombra de mi papá, porque él ya había muerto.

Y dentro de esta libertad te hiciste itesiano y también sobresaliente como tal.
Es una larga historia. Tuve dos tíos abuelos jesuitas (Jaime Castiello y Alfonso Castiello) que siempre estuvieron muy cerca de mi familia. Mi papá estudió en el Instituto de Ciencias, después en Notre Dame cerca de Chicago, pero yo hice toda la ruta jesuita desde el kinder, Instituto de Ciencias, ITESO... no había otra opción. Y también es algo en lo que me siento muy cómodo porque tengo mucha admiración por varios jesuitas que he tenido la oportunidad de conocer (Enrique Vela, el salvavidas de  nuestra generación en el Ciencias, y Polo Núñez, también mi tío Alfonso). Con ellos me siento como en casa y en el ITESO me sentí como en casa.

¿Alguna razón en especial?
Lo que pasa es que los jesuitas te generan una consciencia social que, no es única, pero los que pasamos -pudiera decir que la mayoría de los que hemos pasado por esa ruta- sí tenemos una consciencia social un poco más sensible, y yo me he identificado toda mi vida con esa parte. No sé qué empezó primero, lo que sí sé es que se complementaban, y durante mucho tiempo lo que más me detuvo para ser arquitecto fue justamente eso: saber que puedo ayudar más dedicándome a otras cosas ¡pero lo que me gusta es la arquitectura! Esa decisión fue muy difícil, pero si la arquitectura es lo que me gusta, entonces ¿cómo le hago para ayudar desde donde yo nací?
Lo estoy platicando en cinco minutos, pero me costó muchísimo trabajo, y siempre hubo esa identificación de que yo sentía que haber nacido en este país y estar sembrados donde estamos, sí nos da una responsabilidad especial de hacia dónde dirigirnos.

¿Y esto incide en esta personalidad pujante y defensor de causas colectivas?
Pues sí, he tratado. Pero en este tema me ganó el gusto por la arquitectura antes que mi consciencia social. De las cosas que más me sirvieron fue cuando leí a Octavio Paz en un texto donde él dice que el arte y la ideología no se llevan. Vargas Llosa también lo complementa. Pero sobre todo Paz: la ideología mata al arte. Y al principio, cuando yo estaba en el Instituto de Ciencias, Octavio Paz me caía gordo, lo sentía elitista y me costó muchos años entender esas palabras. Efectivamente, ahora estoy convencido de que la ideología mata el arte porque es estrictamente racional y el arte es mucho más profundo que lo racional. Pero fueron muchos años, muchas batallas personales para poder entenderlo y el día de hoy creo que eso me ganó: el gusto por la arquitectura y el arte. Pero a través de eso, todos los días trato de ver qué puedo hacer por lo otro.
Sé que si me hubiera ido por la línea del compromiso social, estrictamente por el lado de la ideología, de la razón, no hubiera sido feliz porque los que veo que se fueron por ahí, no los veo felices. Y Octavio Paz tenía toooda la razón. En la arquitectura siento que sí puedo ser pleno, que sí puedo expresarme, que sí puedo estar conmigo.

Entonces ¿así haces tu arquitectura?
Mira, después de tantas teorías y tantos rollos que se han escrito sobre la arquitectura, yo lo que trato de hacer es ser una persona libre, por lo tanto, hacer una arquitectura libre. ¿Cómo? No sé, pero todos los días trato de hacer eso. ¿Qué materiales me ayudan a hacer que ese espacio se viva en libertad? ¿qué colores (aplicar) para que se viva en libertad? ¿qué alturas, qué proporciones?
Pero lo que sí me queda claro es que los espacios que yo puedo vibrar y que me ayudan a ser más libre, puedo trasmitírselos a otra persona... Es una cosa tan abstracta y tan difícil, tan difícil, que con que unos cuantos espacios lo logren estaría extraordinario (ríe).
Ese es el meollo de todo porque si tu puedes ser libre, todo lo demás se va a dar: querer a la gente y que la gente te quiera como eres, y hacer espacios verdaderamente limpios y verdaderamente personales -sin tartamudear, sin palabras que le sobren, claro-, es el objetivo. ¡A lo mejor es toda una vida para lograrlo!

En un mundo como el que vivimos, ¿eso es solamente para lo privado, lo residencial?
De hecho me estoy empezando a meter a trabajar con el Gobierno del Estado justamente por eso, porque de algun modo efectivamente el campo de lo privado puede ser más fértil en lo que estoy hablando, es más organizado, es un campo donde el dinero se optimiza mejor, los recursos se aprovechan mejor, la dirección es más clara porque son recursos propios para fines propios, pero también aún ahí existe eso que escribí alguna vez: La fachada de una casa privada es el límite del espacio público -delimita el espacio público, entonces ¿de quién es la fachada? Desde el punto de vista legal es del propietario, pero desde el punto de vista estrictamente urbano, no sabes bien de quién es, dónde empieza y dónde termina. Esas fachadas, aunque sean privadas, delimitan el espacio público, entonces sí hay mucha participación en el espacio público, pero para poder entrarle más de lleno, pues es con el Gobierno del Estado, con los gobiernos muncipales, y de esto me he dado cuenta últimamente. Por eso fue el caso de un auditorio del DIF, y por eso un paso a desnivel que estamos proyectando, y ahí vamos. Ojalá próximamente haya parques, jardines...

Bueno, al menos ya el gobierno ha vuelto a mirar a los arquitectos ¿no?
Creo que sí, si los gobernantes nos están volteando a ver y si la iniciativa privada nos voltea a ver ya con un espacio, el arquitecto tiene un lugar en esta ciudad y en este Estado. ¿Cómo se logró ese lugar? Con el trabajo de tantas personas y de tantas generaciones... porque todavía hay muchas ciudades y muchos estados donde no lo tienen. A nosotros ya se nos hace normal, pero para que nosotros en este momento tengamos la oportunidad de cobrar nuestro trabajo y de vivir de nuestro proyecto arquitectónico, es por el trabajo de muchísimas generaciones anteriores.

Claro, recordemos cuando la queja era que ni siquiera había obra pública en Jalisco tan sólo hace diez años.
Sí, vuelve, porque ya había habido pero luego vinieron décadas muertas en ese campo, y el día de hoy tenemos la posibilidad de contribuir para tener una mejor ciudad. Pero por ejemplo, también está la otra parte hablando de pendientes y retos: la vivienda de interés social generalmente hecha por compañías tan grandes donde no participan arquitectos, o mínima su participación porque el resultado es más bien económico. Entonces es un tema donde los arquitectos, cuando entremos de lleno a poner nuestro grano de arena, prodríamos hacer cosas mucho mejores que las que se están haciendo hoy. Es una cosa de la que estamos marginados y nosotros también nos automarginamos porque no le queremos entrar a los números o a la promoción. El día que seamos promotores, vamos a tener otra ciudad porque ya no vamos a depender de nadie.

Volviendo a tu persona, Naso, ¿por ahora es nada más la práctica de la arquitectura?
Sí, hasta hace dos años di clases en el ITESO.

¿Por qué dejaste de dar clases?
Porque cuando yo estudié teníamos 12 horas a la semana de Diseño, cuando di clases tenían ocho horas a la semana, y el nuevo plan de estudios que establecieron recientemente les da la posiblidad a los alumnos de tener solamente cuatro o seis horas a la semana. Yo con una educación light no puedo participar. Por ese motivo renuncié. Y para mí fue como haber abandonado mi casa, hice muchísimos esfuerzos para que la visión de los maestros de tiempo variable tuviera más oídos en el Edificio Central y no los tuvo. Siento en este momento que perdimos la batalla y que la ganaron los maestros de tiempo completo, y puedo decir que en este momento la Escuela de Arquitectura del ITESO tiene los mismos problemas que la Comisión Federal de Electricidad: muchos de los maestros van por su quincena, no les interesa el alumo, no les interesa la arquitectura, son otros sus intereses. Impera el sentido de permanencia y conservación del trabajo, y la arquitectura no es el tema. Obviamente por eso renuncié, pero también hay destellos, nunca está muerta la escuela, todavía hay gente que está luchando, hay alumnos que luchan.

Entonces, de lleno en la práctica de la arquitectura. Y bueno, han salido cosas buenas ¿no? Hablo del triunfo en la Bienal de Arquitectura Mexicana.
Sí, estoy 100 % dedicado a la arquitectura y gracias a Dios con mucho trabajo. También creo que era lo que me tocaba vivir, o sea, cuando toda la energía la dedicas a una cosa, sí llega a ser más fructífero, es más cansado, pero en fin, creo que estos dos últimos años han sido, en todos los sentidos, los más fructíferos de mi vida arquitectónicamente hablando.

Y eso ¿qué te deja?
La verdad es que me siento con algunas satisfacciones pero muy lejos, muy lejos, muy lejos... Con nuevas posiblidades, nuevos materiales, nuevos sistemas constructivos, cada día tenemos más recursos y más posibilidades, cada vez la tecnología está resolviendo cosas que antes eran impensables, entonces me siento con falta de tiempo a pesar de que dedico todas mis horas a mi despacho... pero muchísimas satisfacciones porque hasta ahora, siento que me he entregado 100% a cada obra, desde la primera que fue la ampliación de un metro por 10 a la terraza en casa de mi tía Adelita, hace muchos años, hasta la última. Me he entregado en cuerpo y alma y bueno, ahí vamos en el camino.

Por eso los premios a nivel nacional dicen algo ¿no?
Sí, creo que algunas cosas no han salido tan mal. Sí ha habido algunos espacios que me sorprenden, en esto de la arquitectura hay cosas que te planteas y cuando ya están edificadas, rebazan tus expectativas o no cumplen con éstas. Pero cuando las rebazan y son superiores a tus posibilidades de espacio y ambiente, es cuando la arquitecura te sorprende aún a ti, y realmente esto se da muy pocas veces. Es cuando piensas en la posibilidad de que unos ladrillos, unos sacos de cemento, unas piedras que había por ahí y que vas juntando como legos, puedas generar espacios que hablen, que influyan en tu comportamiento rutinario, es algo que todos los días me sorprende.

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