Suplementos | por: ana guerrerosantos El personaje: del mundo del canto, vuelve a su tierra Grace Echauri, una mezzosoprano en su punto Por: EL INFORMADOR 16 de diciembre de 2008 - 10:16 hs Cuando Grace Echauri nació, en vez de llorar, cantó. Su destino estaba marcado: ser una de las grandes mezzospranos de su tiempo. Nacida en esta ciudad, es un ejemplo viviente de aquello de “no ser profeta en su tierra”, pues Guadalajara contadas veces la ha invitado a cantar, como sí lo han hecho en repetidas ocasiones Nueva York, Sicilia o Bangkok. Inició sus estudios en música a los 16 años con el Coro del Estado de Jalisco y en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara como pianista y organista. “Y simplemente nunca dejé la música, o la música nunca me dejó a mí”. Ahora, esta gran cantante de ópera divide su tiempo entre el Distrito Federal y Nueva York, sus dos sedes, en lo que la agenda profesional la lleva de un punto del mundo al otro, lo mismo de Thailandia a Estados Unidos, que de ahí a Europa. Pero finalmente la ciudad que la vio nacer comienza a demandarla en su cartelera musical desde hace ya unos años, siendo lo más reciente el papel protagónico en Frida, estrenada en el Festival Cultural de Mayo en 2007, así como hace un par de semanas en Santa Anna -del libreto de Carlos Fuentes- presentada en FIL. Cuenta que fue Flavio Becerra (tenor) el que realmente la lanza a los reflectores al invitarla una y otra vez a conciertos y recitales, hasta que llegó un día en el que “provocó que cantara Madalena, aquí en el Teatro Degollado, en la ópera Rigoletto en 1989”. Luego de ese debut profesional como solista, “simplemente siguió la carrera -dice Grace-, un tanto furtiva porque yo comencé a cantar porque tenía el instrumento, la voz natural, que es lo que siempre me decía Flavio”. Y subraya, entonces, su eterno agradecimiento para él, quien la hizo “descubrir este mundo del canto”. ¿Qué siguió a ese debut?Me siguen invitando a cantar y a finales de 1990 es cuando me voy a la Ciudad de México. Fue un amigo que en su momento me dijo que iba a hacer una audición para un grupo de Bellas Artes y me pidió que lo acompañara, ¡pero a acompañarlo al piano! Dije que sí, nos fuimos y me convenció de audicionar en mezzos. Le dije que ese día no podía ni cantar porque curiosamente dos días antes había habido un incendio en el edificioo donde yo vivía, uno de los departamentos, y me había tocado meterme a sacar a unos niños que estaban solos. Por lo tanto traía los pulmones hechos un desastre por todo el humo que había inhalado. Entonces le dije: ‘No puedo ni sostener una sola frase, tengo que estar corte y corte porque no traigo aire’. Y me dice: ‘Andale’. Pues fui a hablar con la bibliotecaria del grupo, me dió el Magnifica de Bach porque era lo que estaban estudiando, y bueno, hice la audición, las pruebas de solfeo y todo esto, finalmente nos dicen: ‘Se quedan los dos’. Yo no sabía ni de qué se trataba, y me explicaron: “Esto es un grupo profesional de Bellas Artes, es el Coro de Madrigalistas, se trabaja así y asado”, me dieron todas las especificaciones, sueldos, prestaciones y demás. Ya me habían invitado antes al Distrito Federal, al grupo Solistas Ensamble del maestro Rufino Montero. Pero estamos hablando de que yo tenía 20 años y no me animaba. Una ciudad que ni conocía... y finalmente cuando surge esto, ya dices ‘ok, ya son dos’. Entonces para hacer corto el cuento, acepté, desbaraté departamento y me fui. No duré mucho ahí, nada más nueve meses porque era muy extraño estar trabajando en un grupo coral constantemente, y fui a hablar nuevamente con el maestro Montero, y me dijo: ‘Por supuesto, Grace, vente para acá’ y desde entonces entré a Solistas Ensamble, que es un grupo de solistas que hacen una carrera nacional e internacional y al mismo tiempo el ensamble. ¿Quiénes han sido tus compañeros ahí?Actualmente estamos hablando de gente como Violeta Dávalos que tiene una carrera bastante importante, gente que está despegando como Gabriela Tierri, mezzosoprano, el mismo Flavio Becerra estuvo ahí muchos años, Eugenia Suti... Fueron mis compañeros y ahora grandes titanes solistas de la ópera, Margarita Pruneda, Nacho Plaqués, no hablemos de gente tapatía, estuvieron ahí los tenores Raúl Hernández y Rafael Rojas, ambos haciendo carreras internacionales, entonces sí es un grupo que te da un trabajo muy satisfactorio. ¿Tu andas entre México y Nueva York, no?Sí. Mi carrera se desarrolló mucho en todo el país, llegó un momento en que ya estaba cantando con todas las orquestas del país, y surge este concurso famoso, el Bellini de Italia en el 99 donde hacen una eliminatoria en México, a mí lo que me llamó la atención fue el pase a las semifinales en Italia, en el concurso internacional. Yo nunca había estado en un concurso y nunca había estado en Europa, entonces dije: ‘¿por qué no?’ Gané en México, después gané en Italia. Fue para mí como un aviso de salir, buscar e ir afuera. Yo estaba contenta con mi carrera nacional, ya había estrenado varias óperas y varios discos grabados, pero fue como una llamadita, tienes que buscar, tienes que salirte. ¿Y cómo se da todo eso?A raíz de eso me fui un corto tiempo a Barcelona, estuve trabajando con algunos maestros allá y luego decidí irme a Nueva York y comencé a hacer audiciones. He despegado bastante bien, he cantado ya en Carnegie Hall, en varias de las compañías de ópera de Estados Unidos, papeles que a la fecha no he cantado en México, y de ahí me surgieron otras invitaciones a Thailandia (incluyendo un concierto para la reina), y mira, una carrera que yo da alguna manera no entendía y no quería abrazar, y a través de los años he aprendido a entenderla y he aprendido que hay muy buenos cantantes que sí son músicos, que sí se dedican, se preparan: ciertamente a nuestros jóvenes sí se les olvida y hay que estarles recordando: no es nada más la voz, tienen que preparar la música, cuidar sus idiomas, el estilo es importantísimo porque lo que sucede es que cuando te vas fuera, dicen ‘qué maravilla de voz’ -las voces mexicanas están muy bien cotizadas- pero se van al detalle de la música, la pronunciación, el estilo, y es donde los mandan para atrás. Es una carrera que he aprendido a querer bastante y me ha dado muchísimas satisfacciones y ya el año que entra estaré cumpliendo 20 años de mi debut. ¿Y hasta ahorita cuáles han sido los mejores momentos?He tenido varios. El primero y muy lindo fue cuando me invitaron a hacer el estreno de la ópera Madre Juana del maestro Federico Ibarra, yo tenía 23 años y siendo un cantante tan joven, que te inviten a un proyecto de esta importancia es muy bonito, es una ópera muy linda y nació una relación muy especial con el compositor. A raíz de eso le he estrenado otras óperas al maestro Ibarra y de hecho tiene un oratorio dramático que se llama Brindis por un milenio, que se escribe precisamente para el cambio cuando llegamos al 2000 y fue muy bonito cuando el maestro me dijo ‘la escribí pensando en usted’, y guáu, es cuando dices: ‘¡Qué bonito!’. Es muy lindo que te den un reconocimiento por tu trayectoria. También cuando me dieron la Medalla Mozart a través de la Embajada de Austria, esto fue en el 96, fue muy bello porque era bastante joven pero ya contaba con dos grabaciones, dos óperas mexicanas, mi debut en Bellas Artes, ya estaba cantando en realidad en casi todo el país. Son los reconocimientos que poco a poco te va dando la carrera. Ya en mi madurez, por supuesto mi debut hace dos años en Carnegie Hall, son esos sueños que te haces desde niño, desde que ves las caricaturas de Bugs Bunny en el Carnegie Hall, y dices ‘yo quiero cantar ahí’. Canté un Requiem de Mozart y el director era el compositor John Rutter -uno de los más reconocidos que hay ahorita en el ámbito de oratorio-. Y el que te vuelva a invitar... Hablas de madurez ¿ya llegaste a ella?Sí claro. Siendo mezzosoprano, esta voz tarda más años que las sopranos y los tenores en tener su madurez completa, en obtener el cuerpo que va a tener, entonces sí, ya estoy en una etapa madura. Cuando eres joven tienes que cuidar mucho el repertorio de lo que vas a cantar porque tienes que buscar algo que no te vaya a lastimar antes de ir a las grandes ligas con óperas verdianas y cosas por el estilo. Estamos hablando que cuando yo acepté mi primer Requiem de Verdi, que es una obra muy demandante, lo hice a los 11 años de estar cantando ya como solista y fue cuando ya sentí que la voz podía darme ese paso. Entoces sí es cuando vas adquiriendo la madurez en la voz, mira, todo es cuestión de la madurez normal de un ser humano: si tienes entre 20 y 26 años no puedes entender a una mujer como Dalila, entonces no es lo que vocalmente te vaya a demandar sino la madurez que el personaje tan seductor de una mujer tan inteligente que se ayudaba de artimañas... simplemente partes desde ahí y te das cuenta que no puedes abordar eso. Es más o menos sobre eso como una define qué roles puede uno ir cantando. Otro de los roles que comencé a cantar hasta el 2000 fue Azucena de Il Trovador de Verdi, que es lo mismo: es esta mujer que ya sufrió la pérdida de un hijo, que también planea dentro de su dolor obtener venganza de la muerte de su madre, son estas características que el mismo Verdi plasma en la voz que requieren tanto la madurez mental como la vocal. Por eso los compositores han sido los genios que han sido. Entonces estás en un muy buen momento aun de que lo mejor esté por venir.Sí claro, aún pueden venir muchas cosas. Lo que sí es que estoy en un momento en el que tengo todas las armas para salir adelante casi en cualquier proyecto, podría decir, porque ya tengo la madurez de tantos años en el escenario, inclusive la cuestión actoral, en la cuestión histriónica ya hay una madurez que no me limita, no me asusta la timidez, ya pasé eso. La gente a veces no se pone a pensar que el cantante no nada más es la voz, para empezar la voz no es que abras la boca y así sale, la voz la tienes que estar entrenando horas, eres como un gimnasta, es continua preparación y continuo entrenamiento; no nada más es cuidar tu voz sino cuidar tu cuerpo, las cuestiones de cada papel que vas a cantar, si te requieren un poco de ballet, un poco de flamenco, tienes que llevar esas bases, no es ‘ya llegué y como canto bonito, véanme’. No, la ópera ahora es un espectáculo más completo, ahora se toma mucho más en cuenta el físico, ya no estamos en aquella época en que teníamos los cantantes gordos de las caricaturas, ahora cuidan el físico. ¿A Guadalajara cómo la encuentras?Es mi terruño y, bueno, de las pequeñas cosa que a veces tuve clavaditas durante algunos años era que a mí me aplicaban eso de que uno no es profeta en su tierra. Yo ya estaba haciendo una carrera cantando papeles principales en Bellas Artes y por otros lados, y aquí no venía a cantar ningún papel principal. Son cosas que no se dieron fácilmente y por algo ese refrán es tan fuerte. Y quien me empezó a mover para venir a cantar papeles titulares y cosas importantes fue el Festival de Mayo. Sergio Alejandro Matos -su director- fue el primero que escuchó una propuesta mía, que si Bernstein, que si esto y me dijo: ‘Adelante’ en 2000 y de ahí, me ha traído a otros festivales. Es quien yo siento que me ha guardado un lugar. Y bueno, vine el año pasado con Frida, ahora con la Universidad de Guadalajara (Santa Anna). ¿Y a la ciudad que caminas, cómo la encuentras?La encuentro muy bonita. He visto varias cosas por ahí que me han gustado. No me he peleado mucho con el tráfico... Lo vi y sí me asombró, pero no me he peleado. Me gusta mucho el color del cielo de Guadalajara. Estar en el Teatro Diana y recorrer zonas donde trabajé tantos años, porque está muy cerca de la Casa de la Cultura. Pasé los años importantes de mi preparación como músico ahí, y estar en Plaza del Sol me trae tantos recuerdos de la infancia... disfruto bastante venir y tener esos pequeños flash backs: por aquí corría, por aquí jugaba. ¡Ayer me fui a comer una hamburguesa Buffalo! No me puedo ir sin hacerlo. Los muchachos del elenco estaban muertos de hambre y desesperados porque en el hotel no tenían la habitación lista y les dije ‘hagamos camping en una habitación, aventamos todo y los llevo a comer rapídisimo y riquísimo’. Me los llevé a las carnes Garibaldi, no sabes, todo mundo feliz y son esas cosas tan bonitas de esta ciudad que disfrutas mucho de poderlas compartir con los colegas. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones