Suplementos | José Luis Meza Inda fue por años un personaje esencial para el desarrollo de las artes El patriarca de la crítica de arte en Guadalajara José Luis Meza Inda fue por años un personaje esencial para el desarrollo de las artes plásticas desde el periodismo, a través de su capacidad de observación y análisis Por: EL INFORMADOR 11 de octubre de 2015 - 03:37 hs En los medios impresos ha utilizado varios seudónimos, según el género periodístico que ejerza, Pío Lector. EL INFORMADOR / M. Valencia GUADALAJARA, JALISCO (11/OCT/2015).- Las artes plásticas y visuales en la ciudad pasan por una etapa de experimentación como nunca antes se había observado en la historia del arte de Guadalajara, ya que muchos creadores han optado por soportes, recursos tecnológicos y temas nuevos para translucir sus inquietudes estéticas, pero también como nunca en este panorama faltan críticos de arte que distingan las obras que realmente son expresiones artísticas y “las felices ocurrencias”. Hasta hace algún tiempo, esa modesta pero esencial tarea de valorar las obras que pretendían ser expresiones artísticas la ejercía José Luis Meza Inda, actividad que durante 45 años ejerció hasta consolidar la crítica de arte más ecuánime y perspicaz que se ha articulado en la prensa tapatía. Meza Inda comenzó en la crítica de arte porque el periodismo jalisciense necesitaba reflexionar sobre la actividad creciente de las exposiciones que comenzaban a ser parte fundamental de la vida cultural de la ciudad en la década de los años sesenta y la calidad de los pintores, escultores y fotógrafos tapatíos variaba. Juan Fernando Zuloaga, editor de EL INFORMADOR de esa época, proporcionó los medios para facilitar esa tarea al joven José Luis Meza Inda de entre sus compañeros de redacción: Víctor Hugo Lomelí Suárez, Ramón Hernández Salmerón, Luis René Navarro, Ignacio Gutiérrez Hermosillo, Óscar Torres González, Enrique Aceves “Latiguillo”, Luis Sandoval Godoy, Juan Narváez y Pedro Antonio Torres, entre otros, porque lo convenció su natural sentido crítico y la solida formación humanística. A su sólida educación, debida a su estancia por las aulas de seminario de la Arquidiócesis de Guadalajara, donde aprendió además del pensamiento de los filósofos y teólogos, la gramática de la lengua latina, griega y española, también el arte de la redacción. Y auspiciado por el propio periódico estudió el diplomado en historia del arte en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, que le proporcionó un enfoque sobre las artes plásticas y su devenir en el tiempo. Con estas herramientas, con en el correr del tiempo, Meza Inda se erigió como el indiscutible crítico de arte de la ciudad debido la firmeza de su opinión sobre el objeto artístico, que lo situaba en la fase del proceso creativo en la cual se ubicaba artista y en el contexto de las artes plásticas de la ciudad, sin un lenguaje académico que oscureciera su apreciación al lector. Ante todo la ética José Luis Meza Inda concebía que su valoración estética no era la única y que podía diferir con la de los propios artistas; por ejemplo, en octubre de 1968, ante la pregunta de Marylin Hodge, dueña de La Galería, sobre qué pintores jaliscienses contaban con auténtica calidad artística, Meza Inda respondió que Héctor Navarro, pero que su desconocimiento sobre otros no significaba que no existieran jóvenes capaces de representar el arte jalisciense. Y en la colaboración dominical escribió que si algún pintor, dibujante o grabador joven cree tener o tiene la calidad se presentará en la mencionada galería. Esta posición ética, como crítico de arte, lo mantuvo siempre como el observador ecuánime, que le permitió ser testigo de los distintos caminos que se diversificó el arte en Guadalajara: el ambiente todavía provinciano de los años sesenta, el amateur de los setenta y ochenta, hasta el surgimiento de visiones plásticas urbanas en la décadas siguientes, pero sobre todo la gestación lenta y inexorable posicionamiento del arte contemporáneo. También este éthos profesional le permitió mirar con buenos ojos el surgimiento de jóvenes críticos de arte en Guadalajara cuando aparecieron como consecuencia de los nacientes medios de comunicación que irrumpieron con aires frescos al acotado ambiente periodístico de década de los noventa, entre los que destacan Francisco Javier Ibarra, en Siglo 21 y luego en Público; Javier Ramírez en Mural y Proceso; Dolores Garnica en la revista Ocio de Público-Milenio. Se mantenía al margen de la vida bohemia de los artistas y escasamente entablaba lazos de amistad con los pintores más allá de lo estrictamente periodístico; su actitud profesional siempre generó confianza y aprecio al interior de la misma comunidad artística y en la burocracia cultural que lo requirió en múltiples ocasiones para ser jurado tanto de concursos como de otorgamiento de becas. Una pluma con diversos matices Antes de optar por la crítica de arte se interesó por la literatura, autor de relatos y del libro “Los hipócritas”, editado en1965, texto que incomodó a más de algún tapatío de su tiempo por el tono cáustico, mereció critica de Humberto Batis en la revista La Cultura en México. Si su sentido crítico sirvió para discernir lo artístico de la ocurrencia, su sentido autocrítico con respecto a su trabajo literario fue implacable, no volvió a publicar libro alguno. En el transcurso de su trayectoria en los medios impresos ha utilizado varios seudónimos, según el género periodístico que ejerza, Pío Lector para hacer comentarios de libros; Juan de la M, para escribir reseña de cine; Carmelo Lengo epigramas satíricos sobre política y el seudónimo más apreciado y celebrado Serafín de la Cruz Solano, así como G. Checus. Trabajó para el periódico EL INFORMADOR y el Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara, en el primero como reportero de deportes, comentarista de cine, de libros, crítico de arte y editor, mientras que en el segundo, como corrector y epigramatista. Se sabe nada sobre su vida personal, según algunas fuentes documentales, nació el 21 de mayo de 1937 en el barrio de Jesús, donde siempre ha vivido. Y aunque no fue incluido en la pintura de Carmen Bordes “Don Rosendo en la ronda de la noche”, donde retrata a los pintores y galeros de los noventa, es la figura omnipresente de las exposiciones, porque las documentó, así como la actividad de cada pintor. A José Luis Meza Inda se le ha reconocido con premios emergentes: presea conmemorativa José Clemente Orozco en 1984 y la Pluma de Plata, 2011, del patronato Fiestas de Octubre. Su labor por 45 años lo convierte en el patriarca de la crítica de arte en Guadalajara y es una referencia necesaria para cualquier investigación y curaduría sobre el arte en Jalisco en la segunda mitad del siglo XX. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones