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Suplementos | La literatura nacional comenzó a explorar la violencia y su rastro

El lenguaje contra el vacío

Los 11 relatos contenidos en 'La superficie más honda' reflejan que el país aún no cierra las heridas abiertas hace ya una década
Emiliano Monge habla de 'La superficie más honda', su reciente libro de cuentos, donde reflexiona sobre la violencia y sus estragos. EL INFORMADOR / E. Barrera

Emiliano Monge habla de 'La superficie más honda', su reciente libro de cuentos, donde reflexiona sobre la violencia y sus estragos. EL INFORMADOR / E. Barrera

GUADALAJARA, JALISCO (26/MAR/2017).- Hubo un momento en que la literatura mexicana se enfrascó en entender, diseccionar y hacer églogas del narcotráfico. Años en que no se buscó entender el fenómeno, con muy contadas excepciones, y sólo se escribió para complacer a un mercado dispuesto a consumir el ideal del hombre forjado a sí mismo, capaz de todo tipo de violencia y de asolar pueblos enteros. La mal llamada narcoliteratura se apoderó de narradores y logró imponer su estética. Prosa mal cuidada, historias planas y personajes acartonados. Luego la realidad se impuso y llegó el silencio. 

La literatura nacional miró hacia adentro y comenzó a explorar la violencia y su rastro desde una óptica doliente: las víctimas comenzaron a emerger, la tragedia alzó la voz y la rabia se sentó a lado de novelistas y cuentistas. 

Prueba de ello es la más reciente obra de Emiliano Monge, escritor galardonado con el Premio Jaén de Novela por “El cielo árido” y el Elena Poniatowska por “Las tierras arrasadas”, que ha dado voz a los silentes, personajes que en su libro de cuentos “La superficie más honda” se vuelven en una vorágine de violencia en un país violento. 

“Me di cuenta que como en “El cielo árido”, que fue la primera novela en la que yo traté la violencia como personaje central, y luego en “Las tierras arrasadas” la violencia en el origen y destino de los personajes, en este libro la violencia no se nombra porque no es el personaje ni el destino, sino el escenario, lo que rodea cualquier cosa. La violencia en el libro es un lugar en el que puede pasar una historia, de amor, de fraternidad, donde puede pasar casi cualquier cosa; un poco como estamos viviendo: rodeados por una situación de ruptura latente”, dice el escritor en entrevista con este medio.  

Los 11 relatos contenidos en “La superficie más honda” reflejan que el país aún no cierra las heridas abiertas hace ya una década.

“Me interesaba mucho que esa violencia del narcotráfico, que ha secuestrado las noticias, me interesaba decir que no sólo nos ha insensibilizado, como se dice mucho, sino que también, y esto me parece muy grave, también ha ocultado otras violencias, anteriores, mucho más humanas y primigenias: se nos olvida que la desigualdad es una violencia, que la indigencia lo es. Esas son las que yo quise que estuvieran ahí, sin nombrarse pero amenazantes”. 

Después de dos novelas que fueron reconocidas como lo mejor en el año de su lanzamiento y  que colocaron a Emiliano Monge como uno de los escritores más sólidos de su tiempo, el narrador vuelve al cuento, género en el que comenzó y en el que se siente cómodo. La escritura, breve en extensión pero amplia en significados, se convirtió en algo más que un oficio.

“Siempre he pensado que la escritura es una necesidad; en mi caso yo creo que la manera en la que pienso mejor es cuando escribo; pero también hay una mezcla de tener una historia que te secuestra que tienes el objetivo de convertirla en un texto: la escritura es eso, una lucha contigo mismo y empujar tus propios límites. Y también hay un compromiso político con el lenguaje y con el tema. Me siento capaz de escribir una literatura vinculada con la realidad política y social del país.  Tiene que ver con tratar de colocar la violencia como una especie de neblina que se posa sobre los personajes y las historias, tratar de ver entre la neblina esas figuras vaporosas. En algunos la neblinas es el tiempo, el camino, siempre hay un trabajo que trata de atemperar la violencia como acto, sino todo lo que predispone ese acto. Me interesa que se borren las orillas de las cosas”. 

En el libro, el silencio es un personaje más dentro de los relatos de Emiliano Monge. Silencio, ese eco reverberante de los despojados de Juan Rulfo, que en “La superficie más honda”, no sólo da paso a la reflexión, sino que se colocan de manera estratégica para que el lector pueda llenar esos vacíos.

“Elegir que callar los haces antes de la escritura, entonces ya viene predeterminada por esos silencios, esos lugares que no puedes tocar. A diferencia de la novela en la que sólo puedo ir avanzando mientras voy escribiendo, es decir sólo puedo pensar en la novela mientras la escribo, en el cuento sólo lo puedo pensar previo a la escritura: la escritura se convierte en el dictado de todo lo que pensé. Los vacíos ya están pensados desde antes, yo ya sabía a qué no debía ni siquiera acercarme, a eso responden esos silencios. Por otra parte también responden a la idea que yo tenía de este libro, quise que en todos los cuentos hubiera un diálogo con el título del libro, esta idea de lo que vemos no es lo que realmente es, o que la apariencia de las cosas está detrás de ellas, o que en realidad lo que está en el fondo no emerge por una penumbra que la rodea”.

Emiliano Monge se ha convertido no sólo en uno de los narradores más importantes y reverenciados en el país no sólo por los temas que aborda, sino por la forma y el estilo con que narra. Las palabras y el fraseo que Monge utiliza los cuida como lo hace un estilista del lenguaje. Aquí la forma también es fondo. 

“Soy un obsesivo a niveles absurdos del trabajo con el lenguaje, debe ser tan importante lo que se cuenta como la forma en que lo cuentas, sobre todo atreviéndote a tratar temas que podrían aparecer entre las páginas de un periódico, que son casi todos los que aparecen en este libro, son temas muy cercanos a la realidad. Por ello hay que tener mucho cuidado con el lenguaje, reinventar el lenguaje. Juan José Saer decía que el compromiso político del escritor no está en el tema que elige para contar, sino en comprometerse a inventar un lenguaje diferente al lenguaje del poder”.

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