Suplementos | Fabián Ruvalcaba encontró por casualidad esta tarea, y ahora no puede dejarla El 'hobby' de restaurar el tiempo Fabián Ruvalcaba encontró por casualidad esta tarea, y ahora no puede dejarla Por: EL INFORMADOR 15 de marzo de 2015 - 01:36 hs Fabián Ruvalcaba es afortunado: cada día trabaja en su pasión: la restauración. EL INFORMADOR / A. Camacho GUADALAJARA, JALISCO (15/MAR/2015).- La casa de Fabián Ruvalcaba parece museo. En su cochera descansa la historia a través de artículos que han sobrevivido al tiempo y encuentran una nueva oportunidad para ser reutilizados a pesar de haber estado ya destinados a la basura. El gusto que Fabián había tenido por las antigüedades jamás imaginó que llegaría a convertirse en un trabajo que le implicaría tiempo y todo un proyecto de vida. La casualidad lo llevó a enamorarse de las hieleras y refrigeradores que se mantienen a pesar del deterioro y la oxidación que los carcome desde los años treinta. Tras apoyar a un tío en el diseño de una terraza y tener la misión de conseguir una hielera especial para complementar el entorno festivo, Fabián se topó de frente con un área de negocio prácticamente inexplorada en México: la restauración de hieleras y refrigeradores antiguos. Fue en 2008 cuando la idea germinó en la mente de este hombre de 38 años de edad. ¿Qué tendría de extraordinario el restaurar cajas de aluminio y fierro viejo que en algún momento sirvieron para enfriar bebidas? Para Fabián la respuesta fue inmediata: disfrutar de la pasión por lo antiguo y a la vez, ganar un poco de dinero. Así dio inicio “Hieleras Antiguas”, una modesta empresa que poco a poco se consagra entre los coleccionistas mexicanos que comparten su misma afición por las reliquias “vintage”, por hieleras que llevan en sus cajas, láminas y logotipos la evolución de la publicidad, el estilo de vida y el diseño gráfico. En Estados Unidos esta actividad es como un culto y la popularidad por rescatar, restaurar y reparar objetos antiguos se debe a programas televisivos como “Los restauradores” y “Pawn Stars” (El precio de la historia), proyectos liderados por Dick Dale y Rick Harrison que desde 2009 y 2010, respectivamente, pusieron de manifiesto este pasatiempo que mueve miles de dólares entre coleccionistas y apasionados a la nostalgia. El objetivo de Fabián no es desarrollar un concepto similar a estos programas, sino impulsar una cultura en México por el rescate y restauración de las hieleras y refrigeradores “retro”, además de abrir un mercado que progresivamente revela a coleccionistas que no les importa destinar hasta 10 mil pesos por un artículo de estas características. “Empezamos a hacerlo sin saber nada, queremos desarrollar nuestro concepto mexicano y tapatío. Es el primer negocio que existe de este tipo en el país”, asegura Fabián al presumir los artículos que colorean su cochera, desde hieleras de Coca-Cola “Chmabon” de 1958, una “Halmiton The Skotch Kooler” de 1952, una de “Carta Blanca” troquelada de 1949, y hasta botellas intactas de la extinta refresquera tapatía “La Favorita”, por ejemplo. Investigar: la raíz de todo Para Fabián la restauración de un objeto con significativas marcas de envejecimiento, desgaste y hasta con piezas faltantes, no representa solamente poner en marcha la pulidora y las latas de pintura para dar una “manita de gato”, esta actividad va más allá: una investigación rigurosa para autentificar la originalidad, procedencia y año en el que las hieleras y refrigeradores llegan a sus manos o son adquiridas desde otras partes del mundo. Aquí es donde este coleccionista se ha dado a la tarea de recopilar información sobre la historia que hay detrás de todos esos artículos de antaño que también incluyen charolas de servicio, letreros y pines promocionales, e incluso, hasta botellas de refrescos que aún conservan su líquido y taparrosca originales. Si bien en internet sobra información sobre antigüedades, Fabián destaca que la principal dificultad en México es que los productos de modelos obsoletos manifiestan un descuido abismal por sus dueños anteriores y trato que recibieron, que nada tiene que ver con el paso natural del tiempo. Fueron casi tres años en los que Fabián incursionó en este negocio solamente por hobby, hasta que —decidido en instalarse profesionalmente— optó por apoyarse en las redes sociales y página web para difundir su actividad y demostrar al público el valor de este rescate de la historia y el tiempo. Un mes es lo que Fabián y su equipo de restauradores dedican para revivir a una hielera, iniciando desde el proceso de laminar, pintar, conseguir piezas faltantes y el diseño de logotipos, todo para que el artículo recupere en lo posible su aspecto original. “El plus de personalizarlo ya se le cambia el concepto original. Implica desarrollarlo de la manera más apegada a su esencia original, así es como no pierde su valor. Los coleccionistas puristas no quieren que la pieza no sea tocada, el mayor valor es que esté conservada originalmente”. Aquí es donde entra el profesionalismo y dedicación de Fabián, pues asegura que algo básico y elemental de la restauración es no alterar el valor fidedigno de cada artículo, por lo que “repiten”, incluso, los errores de fábrica o diseño que cada hielera o refrigerador tiene desde su origen, pues la mayoría de estos artefactos eran fabricados, ensamblados y pintados de manera totalmente artesanal. “El proceso artesanal es imperfecto. A veces desarrollamos hieleras para un cliente en específico donde hasta los errores originales los volvemos a cometer en la misma secuencia como se desarrolló en su momento”. Sin importar el estado en que estos enfriadores se encuentren, Fabián sale en búsqueda de reliquias que sean capaces de sorprenderlo a él y sus clientes, por lo que los tianguis, trocaderos y bazares son sus principales proveedores. Esto va en serio Será en cuestión de meses cuando Fabián cumpla integralmente su sueño: abrir una tienda de exhibición donde además de presumir las hieleras y refrigeradores restaurados, el cliente pueda conocer el taller en el que se practican estas cirugías de reliquias y se adentre en el proceso de reparación de su artículo. “Ahorita hay un ‘boom’; sí han ayudado los programas americanos a que la gente entienda un poco lo que es la restauración. Yo no hago reparación, sino restauración”, puntualiza. Y es que además de la labor que Fabián realiza buscando y alistando la restauración, los serigrafistas que lo acompañan son punto clave para que el nuevo rostro de los enfriadores quede impecable y lo más cercano al objeto original. Fabián argumenta que esta etapa bien podría solucionarse con una calcomanía idéntica al logo, pero el valor también recae en la habilidad manual que tienen para emular los mismos contornos y colores que se tenían desde la primera vez en que el objeto salió al mercado. Uno de los mayores retos que ha enfrentado es el restaurar una hielera del refresco Canada-dry, que implicó un grado de complejidad por el modelo cilíndrico del artículo, además de que no podían desmontarlo en partes ni siquiera para cromar y esmaltar. Ese era el objetivo. Tanta es la pulcritud del trabajo de Fabián, que una ocasión se enfrentó a la misión de restaurar un refrigerador de base de hielo de 1930 que funcionaba sin electricidad, para ser entregado a un museo de Torreón. Hecho que lo tiene orgulloso y sorprendido de que su talento también sea requerido hasta en la Ciudad de México, en donde se encuentran la mayoría de las restauraciones que ha practicado. Por el momento, “Hieleras Antiguas” trabaja en una misión especial: restaurar refrigeradores exportados desde Los Ángeles, para un cliente que hará de su casa una verdadera sala de cine al estilo de los años cincuenta. NAVEGA Conócelo Más información: www.hielerasantiguas.com Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones