Suplementos | El artista en su taller El departamento de los colores El artista plástico Folé abre la puerta hacia el lugar donde sus ideas y emociones cobran vida Por: EL INFORMADOR 24 de julio de 2010 - 01:51 hs Folé detalla una de sus obras, con la que recuerda una muestra que nunca sucedió. A. CAMACHO / GUADALAJARA, JALISCO (24/JUL/2010).- En el cuarto piso de la Torre C del Edificio Inglaterra, a más de 30 escalones, se encuentra el estudio de Folé, lugar en el que se forman un sinnúmero de personajes, individuos que reciben al visitante observándolo desde la pared, el suelo o alguna esquina, acompañados por sus amigos los colores, los pinceles, las paletas y una silla que ha estado ahí, en medio de la creación, desde hace casi dos décadas. La luz habita este espacio, de no existir ella probablemente reinaría el caos y el espíritu de la creación estaría aturdido en medio de la oscuridad o de la fuerza de cualquier otro color predominante. “Aquí es importante que tengas algo neutro para poder pintar, me fascina el rojo, pero difícilmente pintaría una pared roja (en el estudio), me sentiría un poco aplastado, creo que me agobiaría”, advierte el artista, quien actualmente exhibe en el Pasillo del Arte de Televisa Guadalajara, la muestra Folé, sin límites. Desde hace cuatro años Folé ocupa este espacio de creación, aunque en su trayectoria de más de dos décadas ha tenido otros talleres donde invoca a la creatividad para seguir con su juego de color. Sin embargo, dice el artista, la necesidad de pintar no para y no está supeditada a un lugar específico, pues incluso en alguna ocasión el pintor ha tenido que romper las reglas del buen huésped, pintando en el cuarto de un hotel. “En los hoteles me han llamado la atención y les digo que ya no lo voy a hacer, pero lo dejo hasta que acabo de pintar. Me acuerdo que una vez me invitaron a un festival en Estados Unidos, se supone que al otro día había que exhibir una obra. Yo llevaba mis maletas, pero no un lienzo, así que llegué a una tienda y lo compré; cuando entré al hotel me dijeron: '¿qué va a pasar con eso?'. Les dije, 'es para pintar'. '¿Pero no va a pintar aquí con eso?', dijeron; 'no, cómo cree'. Puse (en la habitación) unos periódicos y una bolsa de plástico y me puse a pintar, ya llevaba una idea que fui boceteando en el camino. No dormí esa noche, pero claro que cuando salí del cuarto del hotel -lo pensaba envolver, pero todavía estaba fresco- pasé por la recepción y me dijeron: '¿qué pasó?', 'no sé -contesté-, no me pude controlar'. Ya nada más les dio risa, ahora sí que hasta en eso no hay límites”, narra divertido. Así, el artista confirma que si bien su estudio en Inglaterra (llamado así por el nombre del edificio) posee características elementales para ayudarle a encontrarse consigo mismo y crear; la verdad es que esta acción puede realizarse prácticamente en cualquier sitio, porque hay una necesidad -enferma, podría decirse- de pintar y expresarse, y en su caso la única opción es el arte. Detrás de la puerta Después de subir unas escalinatas amarillas, se llega al departamento siete de la Torre C de un complejo de departamentos situado en Avenida México, frente a Plaza Bonita, muy cercana a las vías de Inglaterra. La puerta es como todas las que se han visto en el primero, segundo y tercer pisos, parece que no ha nada que diferencie un espacio de otro, al menos por fuera, salvo algunas macetas con plantas y flores situadas en el pequeño barandal de cada nivel. Pero cuando ésta se abre (la puerta), hay una clara certeza de que no existe en ese edificio otro departamento con las mismas características. Y es que son una serie de personajes colgados en la pared, los que observan al que ha llegado y la verdad es que resulta imposible no enfrentarlos al mismo tiempo con la mirada propia. Si se tratara de un espacio como el que esconden el resto de las puertas del edificio, seguramente sería una sala con sillones pequeños, pero en el caso de ese lugar especial, se trata del área de creación de Folé o mejor dicho una de las áreas, pues el artista se adueñado de todos los metros cuadrados para correr (casi literalmente) de un lado a otro detallando las obras que ahí se encuentran, de manera ordenada y con sorprendente limpieza. “Yo necesito crear con pulcritud, sí requiero estar en un lugar limpio. Algo que me ha obligado a tenerlo limpio es que trabajo múltiples técnicas, así que debo tener todo bien organizado, porque yo pinto a veces hasta 10 cuadros al mismo tiempo (en este caso trabaja con 14). Aquí hay obra que está en proceso, los voy rolando (los cuadros), tengo muchos caballetes, los meto a un cuarto y a otro. Tengo el departamento para esto y dispongo totalmente de él para la creación”, advierte el pintor. “El óleo, por ejemplo, tarda en secarse un poco, y mientras eso sucede paso a otro cuadro. No es porque me obliguen o por fanfarronear, simplemente así soy, siempre he tenido esta facilidad, pero ante todo la necesidad, mi cabeza está revolucionada. Me pasa que de repente tengo tantas ideas que las apunto por donde sea, tengo libretas por todas partes. A veces las dejo y después encuentro algunas hojas y decido retomar la idea que algún día tuve, porque me gustan también las sorpresas. A veces estoy pintando en la mesa y se me ocurre algo y ahí lo dibujo. El asunto de pintar es una necesidad para sobrevivir emocionalmente y expresarme”, añade. Además de los cuadros, situados en lugares estratégicos, se percibe en el espacio botes de color sobre una mesa, acompañados por algunos pinceles -de diversos tamaños-, paletas (en las que se colocan los colores para comenzar a pintar) e incluso un rollo de papel higiénico. Hay un par de sillas, o quizá más, pero destaca entre ellas, una de madera con ¿paja? que ha acompañado al autor durante casi 20 años. “Me la regalaron mis papás, así que tiene un valor sentimental para mí”, dice Folé y por eso la lleva a todas partes. La cocina del departamento también se viste de figuras y colores, como escaparate de lo que es y lo que será en algún momento. Frente a ésta, hay otra área -quizá el comedor- con pequeños cajones (muchos) donde el pintor guarda sus utensilios elementales. En el diminuto patio de servicio hay caballetes, en una de las recámaras más cuadros y en la otra, ¿quién sabe?, hay un enorme lienzo en blanco que impide el paso. En resumen, es la casa de la creación de Folé, el lugar que le ha permitido crear en los últimos cuatro años; el refugio de su trabajo, en tanto éste no encuentre otros dueños; la cueva de sus pensamientos y emociones, de su insaciable sed creadora; la antesala de un mundo mágico y misterioso que el autor ha querido compartir. El inicio Folé ha tenido diversos espacios para crear, uno de ellos se encontraba por la calle de Belén, a unos pasos de la Escuela de Artes Plásticas; después se fue a Estados Unidos y a su regreso situó su estudio en un lugar cercano a Expo Guadalajara; luego se mudó a otro sitio por la Gran Plaza y al final aterrizó en el edificio Inglaterra. Pero sus primeras pinceladas las dio en un cuarto de servicio con todas las incomodidades imaginables. “Mis primeros cuadros los pinté sin pinceles, porque no tenía dinero para comprarlos, no tenía lienzos, sino papel arroz, sigo pintando en él. Pero como no tenía ningún soporte; pintaba en el piso; ponía un cartón, colocaba el papel arroz sobre él y pintaba en el suelo, lo hacía de rodillas prácticamente. Como a los dos años de estar pintando, me compré mi primer lienzo y luego un restirador usado, un caballete y un banco, y entonces giraba sobre mi propio eje, hacía algo en el restirador y luego daba la vuelta hacia el caballete. Ya con el tiempo empecé a comprar más cosas”. EL INFORMADOR/ AIMEÉ MUÑIZ Temas Pintura Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones