Viernes, 10 de Octubre 2025
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El congelador de mi corazón

Por: Julieta Flowers

Por: EL INFORMADOR

Se los tengo que contar. Ya me lo decía mi amiga Ana Pau: “No vayas”. Así de clara, preocupada y concisa, me dijo. Y es que ella sabía que yo estaba a punto de comenzar a trabajar como free lance en el festival de cine, ése, al que no vino nadie que dijo que sí venía. Yo llena de pretextos, buscaba trabajo (cada año) de lo que fuera durante esa semana, para acercarme legalmente a uno de los famosos actores. Un hombre que yo conocía. Así pues provoqué mi contratación en un proyecto del amigo de una amiga de la amiga, quien me invitó a echarle una manita. Ana Pau me dijo, “amiga querida, hasta que no toques fondo” y bueno, yo el único fondo que tocaba era el de la pista de baile que como todos los años, se llenaba de gente de la farándula con tanto gusto de verme y qué guapota que estás. Pos yo estaba retevolada. Y retecontenta por volver a ver al superstar de mi corazón. Un joven que quería comerse al mundo y había logrado con mucho esfuerzo, participar en una que otra película. Logrando mi tercermundista y aspiracional admiración.

El muchacho estaba catalogado en el archivo de mi vida no sólo como de los inolvidables, noooooo, si no además como el que de un cristalazo destrozó mi corazón. Yo me pretexteaba diciéndole a todo mundo que él traía un poco de aventura a mi vida. Que me recordaba la pasión por el arte. Era mi ejercició antiadultez, quesque porque luego nos pasa que de tan adultos se nos olvidan las aventuras de vivir. Pues hagan de cuenta. Que me lanzo híper guapa y cha, cha, cha, chán. Que me lo encuentro. Uy, estaba yo muy feliz porque como todos los años, el chico en cuestión venía a luchar por sus ideales, a tratar de subir el escalón de las artes para forjarse un futuro exitoso. Con este speech, habían transcurrido… ¡¡¡tres años!!! Pensé y me preocupé. Tres años. Tres larguísimos años donde yo seguía manteniendo una ilusión que me llevaba directo y sin escalas a la patria de “Ningún Lado”, con la dura esperanza de que si no había sucedido nada en el pasado, nada sucedería en el futuro. Porque así, de pronto, entre actores, directores, productores y todo el universo de las estrellas de la pantalla grande, se me abrieron los ojos o se me cerró el corazón. Tres años en los que yo congelaba el amor y el tiempo, pensando que por lo menos el muchacho podía darme esperanza. ¿Esperanza? ¿Esperanza de un tipo que me dejó por la actuación (y por una productora que ya lo abandonó)? y que luego de tres años de amasiato con su arte, no había logrado colocarse en una sola película… y tampoco pedirme perdón… ¡Que qué!. Si su fracaso laboral le parecía aceptable. Mi congelamiento emocional me pareció deplorable. Para eso crecen las mujeres y los hombres y las flores y las abejas y hasta las chinches… para darse cuenta. Y entonces con sólo mirarlo, otra vez, supe que más que inspiración me provocaba lástima, que tenía que cambiar de estrategia, yo… sí y él, porque no podían seguir pasando los años en la espera del milagro. Los milagros no suceden, se provocan. Y un día uno también se da cuenta de que para que la pasión siga sucediendo, se necesita cambiar, transformarse, romperse. Con el apagón de las luminarias del festivalito, también se apagó el refri donde tenía congelado un amor desde hacía más de tres años. Qué calamidad. Luego de la última alfombra roja, donde él no figuraba claro… agradecí a mis lágrimas de tantos años, mismas que me hicieron darme cuenta de todo esto que les cuento y que no tendría el valor de compartirles, si no tuviera más de treinta maravillosos años.  Bienvenidos.

Tapatío

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