Suplementos | Sergio Garval habla de su proceso de trabajo y rol de artista El arte contra el poder Sergio Garval habla de su proceso de trabajo y del rol del artista en una sociedad corrompida y consumista Por: EL INFORMADOR 26 de junio de 2016 - 00:55 hs El hombre que se ha encargado de pintar las perversiones del sistema de consumo se muestra franco y sin temor a decir lo piensa. EL INFORMADOR / P. Franco GUADALAJARA, JALISCO (26/JUN/2016).- La figura de Sergio Garval impone. Hombre que viste de negro, cubre su cabeza con un sombrero de piel, alto y de andar pausado se aloja en su estudio, lugar de luz blanquecina que resguarda una figura decrépita monumental y las formas enigmáticas que ha trazado en la plástica nacional. Pintor de obsesiones, de personajes decadentes y de una postura tan firme como su trazo: el arte debe servir para luchar contra el poder. Lejos queda su primera exposición individual titulada “Pasajeros”; que en 1994 se exhibió en la Galería Jorge Martínez. La distancia no es sólo temporal, sus obsesiones y sus temas han cambiado. Ahora pinta para mostrar que el arte debe ser un instrumento de cambio. “Yo creo que el arte sí puede generar una propuesta que haga una transformación más contundente de lo que tenemos; en razón de que la política tradicional está sufriendo una gran debacle y un gran cuestionamiento, y que no le queda otra más que generar nuevas propuestas para y confrontar su sistema si quieren mantenerse a flote”, es lo primero que dice el pintor apenas se sienta en uno de los sillones del estudio. El hombre que se ha encargado de pintar las perversiones del sistema de consumo se muestra franco y sin temor a decir lo piensa. Insiste en la responsabilidad que tiene el artista, de cualquier disciplina, con la sociedad. Se asume como un puente, un canal de comunicación entre lo que ocurre día a día y su manera de plasmarlo, para que alguien más pueda apropiarse de su trabajo. “Estamos en crisis. Una de las herramientas del artista es la observación, la reflexión y el cuestionamiento de su realidad, a partir de ahí nos nutrimos para hacer procesos de pensamiento y posteriormente se verán los resultados en la obra. Estos procesos de pensamiento implican un cuestionamiento a partir de la realidad; al artista se le achaca el término de rebelde, no es que sea rebelde in situ, es que es un cuestionador de su realidad, está inconforme con las normas porque no las acepta, las reflexiona y tiene que cuestionarlas y comprenderlas para poder aceptarlas. En ese sentido me parece que va implícito el cuestionamiento de su realidad en todos sus campos, como la sociedad, los manejos del poder, las cuestiones del consumo o asuntos existenciales, y como artistas no podemos quedarnos al margen porque de todo eso nos nutrimos”. De pensamiento reflexivo y con mucha mesura, el pintor mira de frente y no titubea con las palabras, que han sido maceradas y brotan sin pausa pero sin prisa. Sabedor del espacio que ocupa su obra en la plástica nacional, Garval habla de lo que le preocupa, que no es sólo el arte, sino el entorno en el que vive; en un país convulso y en permanente tensión, entiende su oficio como catalizador. “Creo que parte de la crisis que estamos viviendo como sociedad es que el artista se ha vuelto conformista, vive en un estado de placidez y con una actitud esnobista que es alarmante. El artista tiene que ser un individuo con ánimo de transformación y en lugar de eso está buscando salir en la portada de sociales y relacionarse con los grupos de poder que de manera inevitable son los responsables de esta problemática: de violencia, económica, política y de corrupción. Crisis forjada por la falta de capacidad de las élites, y los artistas buscan rodearse de estos personajes. No se puede hacer una cosa y la otra, tienes que asumir una postura aunque tenga un precio a nivel material”. Los cuadros de Sergio Garval muestran algo más que una estética pulida, hay una contraposición de estilos; por un lado plasman la decadencia social y por otro, la paleta de colores que utiliza, embellece el declive que narran sus cuadros. El pintor menciona que enfrenta este dilema gracias a una necesidad de trabajar en dos líneas. “Trabajo con la línea conceptual, en ella me nutro de los procesos contemporáneos con todas sus complejidades y contradicciones; y la línea principal en esto es a partir de la reflexión de los juegos de poder, tanto mediáticos como políticos, estos poderes fácticos que padecemos todos los días, porque me es complicado ser ajeno a estos sucesos. La otra parte es la línea que yo disfruto, que es el manejo del oficio a partir del conocimiento de todos los recursos, con la idea de poder hacer lo que quieres hacer y no lo que puedes hacer. Yo he tratado de solventar las limitaciones para poder hacer cualquier capricho o cualquier idea que yo quiera en razón de que la idea pueda tener la contundencia que necesite. Yo soy un amante del arte en el sentido del disfrute del placer estético y del conocimiento de las emociones y sensaciones visuales”. Sobre su proceso de trabajo el creador de la serie de Ozymandias, cuyos personajes habitan paisajes saturados de color, menciona que trabaja “en principio con el concepto, ya ahora no me concentro tanto en el nivel técnico que he trabajado durante muchos años, las ideas y temáticas, las voy puliendo. Trabajo mucho a partir de series, series que de alguna manera se van diversificando y luego se van reencontrando entre ellas, son juegos de iconografías y símbolos en donde hay búsquedas de los recursos técnicos. Tengo una serie que llamo el ‘Beso de Midas’, que son espacios muy etéreos, donde están manejados dos o tres personajes que tienen muchas fuerza y tienen elementos de oro, es una referencia directa al consumo”. Cambios en la comunidad cultural Sergio Garval no olvida lo sucedido con la Secretaría de Cultura y las críticas sobre las adquisiciones de obra para la colección “Pueblo de Jalisco del Instituto Cultural Cabañas”. Habla, sí, sobre quienes dirigen las instituciones culturales, pero también sobre la comunidad cultural y sus maneras de desenvolverse en temas polémicos. “Creo que no ha existido una comunidad cultural unida dispuesta a buscar un cambio, han existido dos o tres Quijotes solamente, a partir de lo que pasó con la Secretaría de Cultura (la supuesta compra a sobreprecio de diversas obras plásticas) mi esperanza es que esto haga un replanteamiento en la comunidad para hacer una verdadera transformación, hasta la fecha en términos generales los artistas y el mundo a su alrededor es muy flemática, se maneja con un bajo perfil, es pasiva y no quiere confrontaciones; eso ha propiciado que tengamos los dirigentes que tenemos. Es necesario cambiar la actitud; inevitablemente debemos tener una postura y esta debe ser activa”. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones