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Domingo, 24 de Marzo 2019

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Suplementos | El Reino de Dios es Dios mismo. Reino de Dios significa Dios existe

El Reino de Dios

Un problema en nuestro tiempo para muchas personas, según palabras del Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, es: la “‘crisis de Dios’, la ausencia de Dios

Por: EL INFORMADOR

     Un problema en nuestro tiempo para muchas personas, según palabras del Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI,  es: la “‘crisis de Dios’, la ausencia de Dios, que está disfrazada de religiosidad vacía. Son muchos los cristianos que viven a menudo como si Dios no existiera; viven con el eslogan: “Dios no existe y, si existe, no influye en mi vida”.
     Es por ello que se hace necesario que la Teología (conocimiento y conciencia de Dios)  vuelva a ser realmente Teo-logía, es decir, hablar de Dios y con Dios, pues lo “único necesario” para cada persona es Dios.
     Ahora bien, la oración es Fe actuando, y en la experiencia de la vida con Dios aparece la evidencia de la existencia de Él.
     Hablar de Dios y hablar con Dios deben ir siempre juntos. El anuncio de Dios nos lleva a la comunión con Él y con las demás personas, una comunión fraterna, fundada y vivificada por Cristo nuestro Señor.
     Es por eso, que la evangelización debe hablar ante todo de Dios, anunciar al único Dios verdadero: el Creador,  y a su Hijo Jesucristo, el Salvador y el Señor.
     Debemos tener presente que no se puede dar a conocer a Dios únicamente con palabras. No se conoce a una persona por referencias que nos dicen los demás. Nuestra relación con Dios tiene que ser estrecha, y esa relación la obtenemos hablando con Él, orando y enseñando a los demás a orar.
     La clave en el anuncio de Jesús es: el Reino de Dios.
     El Reino de Dios no cuestión social o política, una cosa o una utopía (un ideal imposible; una fantasía, una ficción, algo que no se puede lograr).
     El Reino de Dios es Dios mismo. Reino de Dios significa Dios existe, Dios está presente y actúa en el mundo y sobre todo en nuestra vida, en mi vida.
Dios no es alguien lejano, Dios no es el “gran arquitecto” que creó al mundo y está fuera de él. No es tampoco una energía cósmica que penetra en todo y a todos, convirtiéndolos en algo así como semi-dioses, como lo afirman muchos promotores de la New Age. Dios tampoco es un ser etéreo que se encuentra en todas las creaturas, ya sean minerales, vegetales, animales irracionales y racionales, como otros lo creen y lo predican. Al contrario, Él es una realidad que está presente en cada momento de la vida de cada persona y participa en cada momento de la historia. Él no es ajeno a nada de lo que pasa o nos pasa, está cerca de nosotros para acompañarnos en el camino.
     Así nos lo hace ver Jesús en el Evangelio de hoy, al narrar dos parábolas en las que hace referencia, a manera de similitud --porque, por más que se intente, no se puede definir ni describir--  al Reino de Dios, y a la manera en la que Dios actúa, siempre de un modo misterioso, a su tiempo y conforme a su sabiduría; y no a nuestra manera y aplicando nuestros criterios, en el tiempo que nosotros solemos fijarle y conforme a lo que nosotros  sabemos, creemos o entendemos.
     Por ello en la vida de todo ser humano que sí cree en Dios, siempre se conjugarán lo que le corresponde a ambos hacer: al hombre, ante todo, confiar y esperar, una vez que ha aportado lo suyo, que suele ser lo más fácil y alcanzable; a Dios, lo que en su sabiduría determine hacer, que siempre será para el bien de los que le aman, que es lo esencial, lo trascendente y lo que hace fructíferos los esfuerzos de lo humanos, tanto en la dimensión material como en la espiritual.
     Por ello es que en otra ocasión, Jesús nos decía: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará como añadidura”


Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx






   

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