Viernes, 10 de Octubre 2025
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El Despertador Americano y los primeros rotativos tapatíos

Antes de El Despertador

Por: EL INFORMADOR

Con la edición del periódico insurgente El Despertador Americano, en diciembre de 1810, dio inicio una etapa en la que la impresión de rotativos producidos en nuestra ciudad, desde su redacción, edición, impresión y distribución, ha ido en aumento hasta nuestros días. Pero la historia de este suceso no es tan sencilla, muy al contrario, fue bastante accidentada.

Durante muchos años se consideró a este periódico como el primero creado en Guadalajara, cuando investigaciones posteriores nos señalaron que otros dos periódicos circularon en la ciudad antes que El Despertador. En una entrega anterior comentamos sobre la actividad general del periodismo en nuestra ciudad, ahora sólo rescatamos el hecho de que el Semanario Correo Político y Literario de Salamanca fue una reimpresión hecha en Guadalajara del órgano que se editaba en España. En junio de 1808 se realizó la impresión y en la portada de cada uno de los ejemplares estaba escrita la leyenda “copia”, señalando su naturaleza. Este fue el primer rotativo impreso en los talleres de esta ciudad, imprenta que apenas se había instalado en 1793. Notemos que cien años hace de este primer periódico en Guadalajara.

Un año después, 1809, del Semanario Patriótico también se publicó otra “copia” de su original redactado en Madrid. El tema central de este rotativo era la invasión que España sufría por parte de Francia, y se invitaba a todos a que resistieran la embestida de los invasores. La sociedad tapatía debió haber solicitado mucho estos impresos llegados de Europa, como para tener que hacer de ellos reimpresiones que satisficieran la demanda.

Historia breve de un periódico breve

El polémico periódico se concibió en circunstancias muy diferentes a los dos anteriores, las cuales muchos ya conocen: la lucha de Independencia de México. La historia de este rotativo es breve y trágica. Luego de que el primer grupo de insurgentes hiciera su entrada en Guadalajara, el 11 de noviembre de 1810, lo hizo 15 días después Hidalgo y Costilla acompañado de un numeroso grupo de rebeldes. En medio de los trabajos de reorganización del movimiento con varios de los líderes reunidos, se presentó ante éstos Francisco Severo Maldonado y Ocampo, cura de la parroquia de Mascota. ¿Quién era este hombre? Había nacido en Tepic el 7 de noviembre de 1775; hijo legítimo de Rafael Maldonado y María Teresa de Ocampo. Estudió “latinidad, retórica y el curso de artes” en el Seminario Conciliar, del que después fue catedrático, además de estudiar en la recién fundada Real Universidad de Guadalajara, donde recibió los grados de “bachiller en artes, licenciado y doctor en teología”.

Con esta preparación no se esperaba que se sumara a las filas militares ni que planeara alguna sublevación; llegó a proponer la creación de un periódico para difundir las ideas de insurrección. Luego de rápidas conversaciones, salió el primer volumen el 20 de diciembre de 1810, hoy hace exactamente 98 años, con el nombre de El despertador Americano. Correo político económico de Guadalaxara. Salió bajo la dirección editorial del párroco Maldonado y con la colaboración de José Ángel de la Sierra y fray Francisco de la Parra, quien convenció a José Fructo Romero, propietario de la imprenta de la ciudad, para que se uniera al proyecto. Fue éste el primer periódico redactado e impreso en la capital tapatía, aunque su temática no hiciera referencia a la vida local ni sus propios problemas.

Fueron distintos los redactores de cada ejemplar, y solamente hasta después de ser derrotados los insurgentes se supo quiénes habían participado en su elaboración. El primero estuvo dirigido “A todos los habitantes de América” y lamenta que no hayan tomado las armas inmediatamente después de que Napoleón invadió España. Destaca que son los criollos ahora los “verdaderos españoles”, pues los peninsulares “ni vencieron ni murieron por Fernando”, el rey de España. En otra edición (la número tres), se publicó un texto en forma de carta dirigida al “Señor Despertador” a quien agradecía porque el periódico “lo había despertado”. El redactor del rotativo agradeció la carta y esperaba que otros lectores también despertaran y actuaran “a favor de nuestra justa causa”.

El siguiente número se dirigió “A los americanos que militan bajo las banderas de los europeos Flon y Calleja”. Fue un claro cuestionamiento a su actitud y su probable miedo por la excomunión. En otra edición se refutó lo dicho por otro periódico en la Ciudad de México, sobre la supuesta derrota de insurgentes, destacando que sólo eran “mentiras tan de primera clase”. En la última publicación se informó de la “carnicería espantosa” realizada contra los criollos por parte de realistas “lobos que se cubren con la piel de oveja… que se vuelven sañudos y rabiosos tigres, sedientos de la sangre criolla”.

La derrota de los insurgentes en la batalla del Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, en enero de 1881, fue el fin del periódico rebelde. Las fuerzas realistas retomaron la ciudad y se dedicaron a borrar toda huella que la insurgencia había dejado, entre ellas El Despertador.

Después de El Despertador

Por orden de la Real Audiencia de Guadalajara, máximo órgano de gobierno y justicia, se realizaron diligencias para castigar a los responsables de la creación del rotativo, además de confiscarlo. Se interrogó al administrador y a los oficiales de la imprenta, José Antonio Henríquez y José María Ibarra, con el fin de descubrir si tenían guardados más ejemplares del periódico; se sabía que habían logrado imprimir siete números pero sólo se sabía del paradero de seis, por lo que la pesquisa del séptimo se volvió una investigación casi detectivesca.

Uno de los oficiales interrogados confesó que efectivamente del número siete se habían impreso “quinientos ejemplares de los cuales sólo se dieron a algunos particulares, cosa de veinte… y los restantes entregó todos al señor Souza y señor Calleja”. Otro interrogado, Ibarra, también dijo haberse hecho el número siete con mucha premura y “confusión” puesto que se imprimió el mismo día que las fuerzas insurgentes fueron derrotadas en el Puente de Calderón, el 17 de enero.

Al ser interrogado el presbítero Maldonado, hay que decirlo, aceptó haber sido el editor del rotativo pero también declaró que fue “obligado a escribirlo y que su corazón estaba distante de unirse con aquella facción infernal”. Incluso, también hay que decirlo, una vez indultado dirigió el periódico realista El telégrafo de Guadalajara y años después, con Iturbide, también fue director de El fanal del Imperio Mexicano. En el mismo sentido que Maldonado declaró De la Sierra, quien pidió el indulto y se lamentó de haber redactado el número tres del periódico. Si bien habían criticado a los españoles que no dieron la vida por el rey, ellos tampoco la dieron por sus ideales y buscaron una salida poco digna.

Todos los ejemplares recogidos del taller de imprenta fueron quemados, incluso, muchas personas que tenían un ejemplar se deshicieron de ellos por temor a represalias. Sólo una colección se salvó, la cual fue encontrada por José Toribio Medina, historiador y bibliógrafo chileno, quien antes de su muerte (1930) donó su acervo particular a la Biblioteca Nacional de Chile. Allá se encuentran los únicos ejemplares originales que se conocen de El Despertador Americano.
 
ollin5@hotmail.com

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