Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Hay muchos nombres de calles de esta ciudad dedicadas a personajes que no conocemos

Domicilio con Historia

De memoria

Por: EL INFORMADOR

A unque parezca mentira, no todo lo que uno quiere saber está en internet. Puse en el buscador el nombre “Tomás V. Gómez” y lo más que encontré fueron referencias domiciliarias de la calle que con ese nombre existe en Guadalajara. Lo intenté también con “Nicolás Puga” (nombre de la calle donde vivo) y ocurrió lo mismo. Hay muchos nombres de calles de esta ciudad dedicadas a personajes que no conocemos y a quienes los motores de búsqueda tampoco reconocen. No hay Google ni Wikipedia que valgan.
Por suerte hay gente de carne y hueso a quienes recurrir, y en mi caso fue Juan José Doñán el despejador de la incógnita:

Fue un gramático y filólogo tapatío, que nació hacia mediados del siglo XIX y murió en 1912. Profesionalmente, se dedicó tanto a la investigación gramatical (dos de sus obras se convirtieron en libros de texto en Guadalajara y otros estados del país durante la época porfiriana) y también a la docencia (fue maestro de muchísimas generaciones en el Liceo de Varones, en el edificio que ahora ocupa el Museo Regional).  Sus libros más reeditados fueron: Lecciones de gramática general (1884), Apuntes para un tratado de gramática castellana (1893) y Pequeño vocabulario de palabras de escritura dudosa (1896).
Gracias Juan José.  

Y aunque no supiera nada del personaje, sí sé que al número 125 de la calle que lleva su nombre –Tomás V. Gómez- se mudó hace años el Instituto Anglo Mexicano de Cultura, organización muy popular durante las décadas de los setenta y ochenta dedicada a la enseñanza del inglés. El edificio, construido especialmente para esa escuela, hoy alberga al Centro de Estudios para Extranjeros de la Universidad de Guadalajara y es un sitio con una historia relevante, al menos para mí. El Anglo, como se le conocía, era muy socorrido entre familias acomodadas de Guadalajara interesadas en que sus hijos aprendieran inglés; la enseñanza, decían, estaba garantizada porque los maestros eran nativos de Inglaterra o Estados Unidos.  Ahí confluían apellidos conocidos cuyos jóvenes propietarios acudían en las tardes a estudiar, a ligar y a comer los mangos verdes con chile que se vendían en la esquina y que eran toda una tradición local. Yo nunca estudié ahí pero tuve una peculiar relación con el Anglo en momentos diferentes. La institución contaba con un auditorio semisubterráneo en el que se solían representar obras teatrales en inglés –muchas de ellas musicales- montadas por una entusiasta norteamericana llamada Paty Ballinger. Los actores y cantantes eran, frecuentemente, los mismos maestros de la escuela y las obras se presentaban de manera bastante decorosa. A mediados de los setenta fui invitado a participar en uno de esos montajes: Godspell, una obra muy popular entonces y a la que se me convocó como guitarrista a pesar de mi inexperiencia y juventud. La dirección musical estaba a cargo de una talentosa pianista norteamericana que por desgracia vivió poco tiempo entre nosotros, Susan Garza; los otros músicos -Gustavo Orozco y Juan Carlos Ramírez- eran, igual que yo, jóvenes, entusiastas e inexpertos. Entre los actores había sólo dos mexicanos, Gerardo Vierling y Jaime Dipp, aunque éste último hacía el papel protagónico.  
Años después conocí a José Manuel Olmos.
Mientras la británica-tapatía Jean Pender dirigía el Instituto, José Manuel se encargaba de las actividades culturales y me invitó a organizar algunos conciertos los cuales, debo admitirlo, no resultaron muy exitosos. José Manuel, persona sensible e inteligente, egresado de psicología, activista que a sus 17 años fundó la delegación en Guadalajara de Amnistía Internacional y con quien yo tenía algunos amigos comunes –Julio Haro, Oscar Ortiz y Gabriel Canales, entre ellos- fue pocos años después una de las primeras personas cuya muerte por VIH se conoció en Guadalajara a mediados de los ochenta.
Ese mismo auditorio había funcionado antes también como cine y, si no me equivoco, fue sede de las exhibiciones y debates que organizaba el grupo “Cine y Crítica”.  El mismísimo director de Hellboy 2, Guillermo del Toro, jovencísimo miembro activo de esa asociación, fue cácaro ocasional de esas funciones.  
También el Anglo fue el escenario, en 1987, del primer concierto que ofreció en Guadalajara el apreciado, desparpajado y ocurrente grupo musical El Personal, del cual yo formé parte poco tiempo después.
Años más tarde, ya bien entrados los noventa, el mismo auditorio se convirtió en una de las sedes de la Muestra de Cine Mexicano, donde lo mismo se proyectaban las películas, que se organizaban conferencias de prensa y presentaciones con los directores invitados.  Recuerdo con especial gusto el foro convertido en una acogedora salita donde Pedro Almodóvar y Marisa Paredes protagonizaron un delicioso y divertido diálogo en una de las ediciones de la Muestra.
Gabriel Canales, destacado artista tejedor y cocinero excepcional, me recordó hace pocos días que en el Anglo también se organizaron exposiciones importantes de artistas de la talla de David Hockney y Francisco Toledo, por citar sólo a dos. Y aprovechó para citarme otros nombres que también estuvieron ligados a la institución: Joan Everet -quien montaba ahí obras de teatro- y Jeremy Hammond –quien dirigió el Instituto durante algún tiempo-. Yo, por mi parte, también recuerdo a Barbara Taylor, maestra que además participaba en los montajes teatrales.
El Anglo cerró y el edificio fue adquirido por la Universidad de Guadalajara. Un tiempo estuvo ahí su centro de enseñanza de idiomas, el Proulex, y desgraciadamente el auditorio dejó de funcionar de manera tan pública como antes; después, al pasar a ser Centro de Estudios para Extranjeros, quedó casi en el abandono. Recientemente ha sido puesto en circulación de nuevo como intermitente foro teatral. Ignoro si la historia de Tomás V. Gómez 125 a partir de ahora será tan rica como lo fue en el pasado.

Posdata:
El mes pasado escribí sobre José Fors y hoy, como se percataron los lectores de Tapatío es su cumpleaños 50. ¡Felicidades Joe!

El Anglo cerró y el edificio fue adquirido por la Universidad de Guadalajara. Un tiempo estuvo ahí su centro de enseñanza de idiomas, el Proulex; después, al pasar a ser Centro de Estudios para Extranjeros, quedó casi en el abandono. Recientemente ha sido puesto en circulación de nuevo como intermitente foro teatral.

por: alfredo sánchez / fotos: a.c.

Tapatío

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones