Suplementos | Azul del cielo de estos días y la luz tardándose en los árboles más altos Diario de un espectador El ITESO mandó hacer una plaza para su campus Por: EL INFORMADOR 27 de octubre de 2008 - 21:40 hs Azul del cielo de estos días y la luz tardándose en los árboles más altos. Bajando al jardín, antes que amanezca, la luna reina impávida sobre las cosas que recordándose despiertan. Las noches, ahora, llegan con mayor premura y pronto pasa la tarde a rendirse ante las súbitas sombras que descienden. Cinco siglos de Andrea Palladio. En 1980, Ignacio Díaz Morales, rendido admirador del arquitecto italiano, organizó un concurso de ensayo para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del artista. Pidió, al efecto, a Luis Barragán, que donara algunos libros para repartirlos a manera de premios. El gran maestro tapatío cumplió el pedido con la munificencia que siempre lo caracterizó. Veintiocho años después se ajustan 500 del nacimiento, en Padua, de quien ha sido, quizás, el arquitecto más importante de todos los tiempos. Los tres nombres mencionados se suman ahora al inmenso caudal de los desaparecidos, de los oscuros hombres que levantan unos muros y luego se van; tres trayectos que los siglos y el oficio separaron y unieron, sombras ahora contra el río del tiempo. Una villa en Vicenza, una capilla en Guadalajara, una fuente en México dan hoy razón de ellos. Ya que está tan lejos el tiempo en que se honró al gran tratadista de Los cuatro libros, celebremos ahora a Palladio el inmenso, el de la gracia justa, el de la grandeza noble, a los cinco siglos de haber visto la luz sobre esta tierra. La promenade de Richard Serra. El Grand Palais de París sigue siendo el mayor edificio de cristal y fierro fundido que en el mundo ha sido. Fue construido para la Exposición de 1900 con el brío un tanto ingenuo del estilo Pompier tardío. Su interior es impresionante. Allí, le fue comisionada una obra al gran escultor norteamericano. Con el rigor que le caracteriza, Serra proyectó cinco esbeltas estelas de acero de 18 metros de altura por unos cuatro de ancho. Su disposición en el espacio es milimétrica –el título de la obra es una clave segura. Con similar precisión fue previsto el desplome de las piezas: cada una de ellas se inclina 1.69 grados, exactamente. Esto hace que, bajo las grandes cúpulas de vidrio, el conjunto forme un inquietante desfile cuya secuencia está ritmada por el forzado movimiento del ojo del espectador y por la sutil inclinación de las placas. Cualquier solemnidad, cualquier trasunto de autoritarismo monumental queda así cancelado. Y sin embargo, queda la grandeza y la elegancia del gesto, la reflexión sobre la fragilidad de las cosas, la precariedad del equilibrio de todo lo que se levanta. La plaza del ITESO. Para conmemorar 50 años de existencia, el ITESO mandó hacer una plaza para su campus. El encargo recayó en el arquitecto Jorge Tejeda, El Padrino. Es una buena idea conmemorar medio siglo de vida con la instauración de un espacio para el encuentro y la estancia. Jorge Tejeda realizó una hábil composición que tiene algunas felices coincidencias con la pieza de Serra antes mencionada. Dentro de un espacio favorablemente enmarcado por un grupo de árboles maduros, fueron dispuestas, como motivo principal, cinco estelas de acero –una por cada década pasada. Su ubicación, asimétrica y aparentemente fortuita, hace pensar en la azarosa corriente de los años, en hojas de cuadernos que volaron al aire de los días, en muros juguetones que se hubieran escapado del solemne edificio vecino para jugar alborotados en el jardín. Hay, sin embargo, una advertencia en la severidad de su factura, en lo depurado de su proporción: Tejeda ha hablado del monolito de 2001, Odisea del espacio, como una referencia. El objeto ideal, la materia que prescinde de lo humano, el conocimiento cerrado sobre sí mismo, y así ciego. (Spiritus redimet materiam.) Esta tensión entre el juego y lo apolíneo, entre la dispersión y el orden es lo que hace memorable al espacio. Una placa de agua que desborda, una doble hilera de mesas, dan amabilidad, escala y uso a la plaza. El artista lamentado. Este año murió uno de los artistas más proteicos y sorprendentes de su generación. Octavio Paz le dedicó un poema: Por: juan Palomar Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones