Suplementos | Fidelio en el Teatro Degollado. Buen remate para el cada vez mejor Festival de Mayo Diario de un espectador La gloriosa música del maestro de Bonn retumbaba con toda dignidad en el relujado galerón dedicado al batallador general. Por: EL INFORMADOR 13 de junio de 2008 - 17:36 hs Por: Juan Palomar El calor avanza con sus lienzos invisibles y ardientes. Algo en el aire dice que es el campo que está lejos, es el agua que se resiste a aparecer sobre la ciudad polvorienta y rijosa. Llega al fin la noche y las compresas no ceden, el aire mece la misma fatigada bandeja de vaho y sudor. Sólo cuando las estrellas están más altas, cuando el ajetreo por fin se acalla, es hasta entonces que un suave viento del poniente se apiada del caserío lívido en su hervor. Llega como una hendidura profunda y larga, como un recuento de todo lo que no es aquí. Habla de la sierra empinada, de grandes árboles intrincados y cargados de pájaros, del volcán y de su cráter impasible, de los llanos calcinados por el día y ahora revividos y frescos por el aliento de este aire antiguo. Entonces el que pasa vuelve a recordar el consejo paterno: cuidar el poniente que abrasa, pero procurar su aire bienhechor ya que anochece. Y es esa voz la que entonces llega, cruzando años y temporales, a decir por dos o tres modestas ventanas que la vida sigue, que las aguas no habrán de tardar. Shakespeare contra la inquina, la espesa estupidez, la pesadumbre del desasimiento y la indiferencia mortecina. Una voz gárrula y a la vez refinada hasta el vértigo que sabe calar hondo a través de siglos y traducciones. Shakespeare como la constancia de que el aliento humano sabe leer y decir la íntima savia de la vida. Como una boca que es ya de todos y que supo respirar un aire más poderoso y vivo. Y que dice ahora un soneto que se arroja, como una granada impecable, a la cara de la desventura o el hartazgo; un soneto que da la medida misma, la razón para insistir mañana. Van dos sonetos: como un mantra y su contrario. Soneto LXIV Cuando veo desfiguradas por la mano inexorable del Tiempo Las ricas y orgullosas galas de los monumentos de los siglos sepultos; Cuando las alguna vez altivas torres veo arrasadas, Y al eterno bronce esclavo del mortal furor; Cuando he visto al voraz océano ganarle Ventaja al reino de la playa, Y a la tierra firme imponerse en la acuática extensión, Acrecentando la ganancia con la pérdida, y la pérdida con ganancia; Cuando he visto como muda la grandeza, Y a la grandeza misma condenada a decaer; La ruina me ha enseñado así a considerar Que el Tiempo vendrá y habrá de llevarse a mi amor. Este pensamiento es como una muerte, que no puede escoger Sino llorar al poseer eso mismo que tanto teme perder. Soneto LXVI Cansado de todo esto, la apacible muerte invoco, Viendo al mérito nacer mendigo, Y a la harapienta nulidad nimbada de alegría, Y a la más pura fe injustamente vejada, Y al dorado honor vilmente postergado, Y a la virginal virtud rudamente violada, Y a la diestra perfección atrozmente desgraciada, Y a la fuerza por menguado ataque coja, Y al arte enmudecido por la autoridad, Y a la estupidez doctoral imponiéndose al talento, Y a la sencilla verdad mal llamada simpleza, Y al cautivo bien sirviendo al capitán mal. Cansado de todo esto, de todo esto me iría, Salvo que, muriéndome, dejo a mi amor solo. Fidelio en el Teatro Degollado. Buen remate para el cada vez mejor Festival de Mayo. La gloriosa música del maestro de Bonn retumbaba con toda dignidad en el relujado galerón dedicado al batallador general. La esquématica trama da un excelente pie para el lucimiento de voces y presencias. La escenografía, limpia y precisa, ayudó en lo que le tocaba. Secreto placer salir al aire tibio y ver –otra vez- el perfil de Catedral contra el cielo del poniente. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones