Suplementos | Juan Palomar Diario de un Espectador Los pájaros y Patricia Lagarde. En el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México Por: EL INFORMADOR 26 de junio de 2009 - 21:46 hs Atmosféricas. Las tardes del tiempo de aguas, cuando no llueve, tienen una acusada transparencia. Las persianas parten el sol en láminas delgadas y casi sólidas. Un abejorro dorado rebota, terco, contra el vidrio. Al pardear, la luz de plata de la hora tiene una intensidad distinta: una película inasible recubre las sombras que parecieran manar de las cosas. El níspero prosigue su ascenso entusiasta. Hace poco florecieron, al filo mismo de las aguas, en la noche más calurosa, las reinas de la noche. Un penetrante y delgado olor anunció el suceso. Al prender la luz del corredor, una veintena de prodigiosas explosiones: con fiereza y garbo las irrepetibles flores proclamaban su efímero reinado. Difícil creer, al día siguiente, que los marchitos capullos que colgaban inermes de las plantas fueron por unas horas el pasmo y la majestad que una noche cada año refrendan su dominio irrevocable sobre el jardín. ** Los pájaros y Patricia Lagarde. En el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México, que dirige el poeta Eduardo Vázquez Martín, se puede ver por estos días una muy bonita exposición de la notable fotógrafa Patricia Lagarde. Imágenes de gran formato, captadas en varios lugares del planeta, de distintas aves sorprendidas en el vuelo, posadas a ras de tierra, detenidas sobre un alambre –como lo dijo indeleblemente Leonard Cohen. Hay una fugaz elegancia, una certera levedad en las composiciones que todo tienen que ver con los pájaros y su elemental presencia. Se sabe, al mismo tiempo, que las tomas fueron fruto del azar de un instante, pero que la mirada que las captó poseía una definitiva deliberación. El difícil equilibrio resultante es en ocasiones hipnótico, y resuena en la memoria con la persistencia que sólo alcanzan las cosas tocadas por una radical gracia. Como los pájaros. ** Otra exposición de fotografía, esta montada en el Museo de Arte de Zapopan. Lleva por título Mi casa tiene alas. Se trata de una copiosa serie de fotografías de Xilitla, el delirante dominio potosino de Edward James, visto por José Martínez Verea. El tema ha sido tratado con insistencia por varios fotógrafos a lo largo de los años. Sin embargo, el registro presentado por el fotógrafo tapatío, en su amplitud, entrega nuevas lecturas de uno de los sitios y jardines más interesantes realizados en el siglo XX. Hay grandes fotografías hechas con la técnica de los 360 grados que ahondan, curiosamente, el misterio de esos parajes perdidos en la Sierra Madre, transformados por el conocido impulso surrealista -y a ratos kitsch- del inquieto James. Además, es de notarse la buena factura técnica y la intensidad del esfuerzo desplegado en esta muestra por José Martínez Verea. ** El Centro de Arte Moderno, la benemérita institución fundada por don Miguel Aldana, ha tenido el tino y la sabiduría de renovarse. Ahora se llama CAM Contemporáneo, y su dirección está bajo la responsabilidad de tres nietas del ingeniero: María Álvarez del Castillo, Icari y Darai Gómez Aldana. Con frescura y entusiasmo se han comenzado a presentar distintas exposiciones y actividades dentro de ese vago ámbito, siempre intrigante e incierto, que alguna vez se llamó la vanguardia del arte. En todo caso, en esta ciudad siempre debería ser bienvenida -en estos campos- la apuesta por el riesgo y la experimentación. Actualmente se expone una muestra del artista japonés Ichiro Irie. Hay una serie de piezas realizadas a partir de puntos, algunos dibujos de limpia y transparente factura con escenas estrujantes, una colección de zapatos intervenidos, una secuencia de fotografías del artista haciendo pipi contra diversos museos... Esto, bajo el título general de esa enigmática frase de Lennon y McCartney que inicia la celebérrima canción All you need is love: “There’s nothing you can do that can’t be done.” El discurso de Irie pareciera alimentarse -entre otras varias cosas- de una post-post-sicodelia que desciende directamente de los Beatles, Sgt. Pepper, etcétera. Buena metáfora para la transformación de un espacio que a lo largo de los años ha sido un ejemplo de generosidad y esfuerzo en el contexto del arte tapatío. ** Diez años de la Joseluisa y su benemérita influencia en Guadalajara: buena sesión de homenaje a don José Luis Martínez a cargo de Juan José Doñán, José de la Colina y el nuevo director del Fondo de Cultura, Joaquín Diez-Canedo. El afable espíritu de don José Luis planeaba sobre la concurrencia y el Fondo hizo unos muy agradecibles carteles de gran formato con fotografías del epónimo en distintas épocas y con personajes diversos que se instalaron a lo largo de la rampa del inmueble. Felicidades y muchos años más a la galera capitaneada por el vate Esquinca. ** El Príncipe de Asturias de letras para Ismail Kadaré, un escritor albanés que salió al mundo desde su pequeño país con su grotesca dictadura estalinista gracias a las editoriales francesas. Kadaré (Argirocastro, 1936) ha estado en la lista de los “nobelables” durante años, a pesar de que escribe en una lengua que apenas hablan unos diez millones de personas y pertenece a una literatura más bien exigua y totalmente desconocida. Pero su obra habla por él y por ese pueblo extraño y esa tierra que durante años sólo era un perfil abrupto desde la libertad de Grecia. De su vasta bibliografía se han traducido al castellano una docena de libros que, con suerte, ahora tendrán mayor difusión. (Inevitable comentar que la supuesta candidatura a este premio de una vaca sagrada mexicana no pasaba de ser una mala broma: por lo menos fuera de nuestro país sí se sabe discernir que hay escritores de primera, de segunda, de tercera...) ** Gente así, de Vicente Leñero, es una muy peculiar colección de narraciones y ensayos donde el autor, entre otras cosas, se permite ajustar cuentas con personajes y con situaciones en parte reales, en parte novelados (o bien lo uno o lo otro: las fronteras se desdibujan). En “La cordillera” cuenta cómo un trío de ingeniosos estudiantes montan un fraude literario de gran aliento: convencer al establishment literario del hallazgo de la novela perdida de Juan Rulfo. En “Injurias y aplausos para José Donoso” relata el paso del escritor chileno por el medio literario de México y rememora una amistad que naufragó. Son 17 piezas que se pueden visitar por separado en esta curiosa edificación, o por temas, o por los personajes que pululan en ellas. Es un buen retrato del mundo de la cultura en México en las tres últimas décadas del siglo XX y una muestra más del tamaño literario de nuestro paisano. jpalomar@informador.com.mx Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones