Suplementos | Hemos construido en México una democracia paternalista que castiga la discusión Debatir, ¿para qué? Hemos construido en México una democracia paternalista que castiga el disenso y la discusión, y premia los puntos comunes y la monotonía Por: EL INFORMADOR 17 de mayo de 2015 - 05:33 hs En México tenemos una democracia que no ve en los ciudadanos a un actor racional, reflexivo y complejo que quiere información. EL INFORMADOR / S. Mora GUADALAJARA, JALISCO (17/MAY/2015).- No sé qué nos ha pasado. Súbitamente, casi como una regresión, nos encontramos en una democracia acartonada, monótona y controlada. Una democracia sin información, sin emociones y sin controversia. Campañas aburridas y que sólo abonan al hastío de una parte de la población. Los debates son un síntoma de nuestra monotonía democrática. No tenemos información útil, puros puntos comunes. Hace no mucho, veíamos a Diego Fernández de Cevallos, a Ernesto Zedillo y a Cuauhtémoc Cárdenas hacer gala de una extraordinaria oratoria, una probada capacidad de contraste y cualidades para trazar proyectos de gran envergadura. ¿Qué pasó en México? ¿Por qué hoy en día nos enfrentamos a debates tan pobres en información y contraste? ¿De quién es la culpa? La vitalidad de los debates es signo inequívoco de la fortaleza democrática. Imagine estimado lector que Bill Clinton hubiera estado presente en el debate que organizó el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (IEPC) el pasado martes. E imagine por un momento que en una coyuntura de lucidez, se le hubiera ocurrido replicarle a otro candidato con aquella ilustre frase: “es la economía, estúpido”. Su osadía habría sido castigada con la pérdida del turno en el mejor de los casos y la expulsión en el más probable de los escenarios. Lo que fue una frase brillante, oportuna y precisa en los Estados Unidos, aquí en México constituiría una violación a las normas de buen comportamiento en los debates políticos. Reglas, reglas y más reglas Dicho ejemplo ilustra el tipo de democracia electoral que hemos construido. Una democracia acechada por normas, celosa del contraste y paternalista en la práctica. En el fondo, que frases como las de Bill Clinton sean aplaudidas en Estados Unidos y prohibidas en debates en México, supone una forma de entender la ciudadanía y los derechos políticos. En México, tal vez con buenas intenciones en un principio, decidimos regular para favorecer la equidad. En un país atravesado por los monopolios mediático y político, nunca fue una mala idea poner barreras para evitar distorsiones electorales. Sin embargo, en el trayecto, nunca entendimos que estábamos formando un sistema electoral de menores de edad. Unas campañas en donde se concibe al ciudadano como un menor que hay que proteger, como un niño sin capacidad de juicio. “No vaya a ser que escuchen malas palabras”, “no vaya a ser que los partidos se tiren lodo”, “no vaya a ser que los spots negativos enciendan las emociones erróneas”. Una democracia que no ve en los ciudadanos a un actor racional, reflexivo y complejo que quiere información y que sabe detectar una campaña de contraste eficaz de las campañas de puro lodo. Tras la máscara de evitar la difamación, los partidos políticos han construido una coraza que los previene del riesgo y que les permite navegar en las elecciones con una diminuta posibilidad de equivocarse. En esta ecuación, los partidos políticos, sobre todo los que tienen más estructura y dependen menos del voto fluctuante, terminan ganando. La ciudadanía pierde bajo cualquier óptica. Por ello, los debates son tan acartonados. Es impresionante que mientras la Constitución de Estados Unidos tiene solamente siete artículos, el reglamento de debates del (IEPC), tiene 38 artículos que regulan desde la hora que tienen que llegar los candidatos al foro hasta pedirles que privilegien propuestas en sus intervenciones. Es ilógico que debamos construir un reglamento de tantos impedimentos para realizar un ejercicio que debería estar caracterizado por la espontaneidad y la irreverencia. Estos marcos normativos premian la monotonía, la información inútil y los puntos comunes. Así, para modificar la conducta de los actores políticos debemos trascender hacia un sistema de reglas mínimas y dejar de confortar a los candidatos y a los políticos con escenarios controlados y sin riesgo. Los políticos le tienen aversión a la incertidumbre, pero la democracia debe respirar de ella. ¿No nos gusta debatir? Un segundo elemento que no nos permite encontrarle utilidad al debate es nuestra cultura como mexicanos. La cultura suele explicar poco y nada, pero en este caso creo que podemos encontrarle un sentido. Hace unos días viendo un programa de televisión español llamado la “Sexta Noche”, me preguntaba cómo puede ser posible que los españoles pasen todo el sábado en la noche viendo un programa de cuatro horas en donde los políticos lo único que hacen es “darse hasta con la cubeta”. Por qué en México no tenemos eso. Por qué en México el debate político no es un “show”. Por qué nadie en su sano juicio pasaría todo el sábado en la noche viendo cómo se atacan los políticos y no viendo una película o una serie. La “Sexta Noche” es el líder en rating los sábados por la noche. Sus debates y entrevistas marcan agenda para el resto de la semana. Es la diferencia entre un país acostumbrado al disenso y a las distancias ideológicos, y nosotros que preferimos que las diferencias entre partidos políticos se definan en “lo oscurito” y no enfrente de las cámaras de televisión. Y es ahí donde entra el factor cultural. En México, ya sea por radio o televisión, los ciudadanos se quejan amargamente cuando los políticos comienzan a debatir. No ven como útil el ejercicio y, rápidamente, piden que los participantes se centren en las propuestas. Es como si los mexicanos no viéramos beneficio informativo en la confrontación. La democracia es confrontación, el autoritarismo es unanimidad y consenso. Solamente a través del debate podemos encontrar las diferencias en los proyectos, las distinciones ideológicas y las fortalezas y debilidades en las trayectorias de los políticos y candidatos. Los políticos suelen reaccionar a aquellas demandas sociales que les dan votos, si la ciudadanía no pide más debate, más confrontación y mejor contraste, hay una alta posibilidad de que nuestra democracia siga secuestrada por los monólogos y los discursos acartonados. En el mismo sentido, el debate orilla a la diferencia, y por ello empuja a los políticos a encontrar su proyecto y a defenderlo desde un punto de vista ideológico y práctico. La ausencia de debate, como un componente característico de nuestra democracia, ha provocado también que la narrativa de los políticos mexicanos sea pobre y de baja calidad. Valorar la diferencia Para ello, entender la diferencia, educar en la diferencia, es fundamental para que los ciudadanos entendamos que vivimos en un entorno plural que nos empuja a discutir. Valorar que dos amigos mantengan su amistad a pesar de que cada que se ven discutan amargamente sobre política con posiciones encontradas. O que ver discutir a una pareja no sea motivo de mala educación para sus hijos. Es cierto, lentamente estos rasgos de nuestra cultura conservadora y autoritaria se modifican, sin embargo se siguen privilegiando valores como la obediencia en lugar del disenso; la unanimidad en lugar de la discusión; y el consenso en lugar de la diferencia. El debate no ocupará un lugar prioritario en nuestra vida democrática hasta que entendamos como ciudadanos que la diferencia es intrínseca a la democracia y que la pluralidad de ideas se resuelve mejor con argumentos que con órdenes. Y un tercer elemento involucra a los medios de comunicación y a los políticos. En México, ante un pasado en donde muchos medios de comunicación se convirtieron en portavoces de los gobiernos en turno, se ha interiorizado una falsa imparcialidad como rasgo del sano periodismo. Los periodistas constantemente nos creemos ese papel de juez imparcial-nada más irreal. Dice Iñaki Gabilondo que no hay “aberración más grande que la supuesta imparcialidad”. Los medios de comunicación son el gran incentivo de los políticos y de los candidatos. Salir bien o mal parado en la cobertura de un medio de comunicación, es un criterio que rige el actuar de la clase política. Esto representa un poder transformacional muy importante para nuestro contexto político. Vamos cambiando el chip, sustituyendo entrevistas por debates. Sustituyendo espacios cómodos por espacios de confrontación. Utilizar el tiempo que tenemos en radio y televisión para dotar de mejor información a la ciudadanía a través del contraste y el intercambio de ideas. Normalizar la confrontación, haciéndola una piedra angular de nuestra democracia. Si hoy en día, la mayoría de la ciudadanía piensa que debatir como debe ser es simplemente abonar a la división y al encono, los medios de comunicación tenemos un reto muy importante en mostrar que sólo con el debate auténtico podemos llegar a información valiosa para que los ciudadanos tengan una mejor y más fundada opinión de lo que ocurre en nuestra vida pública. Debatir significa, de acuerdo a la Real Academia Española (RAE), controversia, contienda, lucha o combate. No sólo significa proponer. Éstas son necesarias en la medida en que pueden acentuar el contraste y la diferencia entre políticos y candidatos. Tras las elecciones tenemos una posibilidad de oro para ir desmontando todas esas regulaciones que hacen de nuestra democracia la más cara, monótona y aburrida de América Latina. Las elecciones deben proveer información valiosa y los debates son fundamentales para ello. Hacer de los debates un ejercicio despojado de predictibilidad y de certidumbre puede ser un buen comienzo para hacer de la mexicana una democracia de adultos y no un sistema paternalista que nos trata como si los ciudadanos fuéramos niños pequeños. Temas Política Tapatío Lee También Aprueban reforma a Ley de Amparo; oposición acusa retroactividad disfrazada La aristocracia del Bienestar El asesinato del abogado Cohen Pablo Lemus y diputados mantienen diálogo sobre la reforma judicial Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones