Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | por: gerardo lammers

Crónica

Postal orozquiana

Por: EL INFORMADOR

Es domingo 23 de noviembre, pasado el mediodía, y en el cruce de las calles Josefa Ortiz de Domínguez y Jiménez se encuentran el artista Francisco Ugarte y su esposa, esperando la llegada del público (se anuncia la llegada del gobernador del Estado). El cielo tapatío es radiante, se podría decir que ideal para conmemorar el 125 aniversario del nacimiento de José Clemente Orozco.

La obra que Ugarte presenta en esta ocasión forma parte de una serie de intervenciones efímeras urbanas en honor al gran muralista, realizadas por varios artistas de la localidad, en puntos cercanos a la Vía ReceActiva, con la intención de que los visitantes puedan moverse en bicicleta de un lado a otro.
Ugarte, artista minimalista, ha pintado de blanco las cuatro esquinas de este céntrico cruce, más allá o más acá de la Calzada Independencia (según como se quiera ver), desde donde se aprecia la cúpula del Cabañas, esa misma donde Orozco plasmó su Hombre de fuego.

Pintadas de blanco están las fachadas de las casas, pero también las banquetas y los postes de luz. Y de haber sido posible, Ugarte habría pintado también el pavimento, según se lo confiesa al gobernador -que acaba de llegar, enfundado en unos pants y rodeado de guardaespaldas-. Algunos reporteros con cámaras de foto y video han llegado también hasta este punto para registrar el evento.

El político le comenta al treintañero artista que se le hace interesante haber elegido una zona “fea” para su intervención. Y después le pregunta si tomó la brocha él mismo para pintar aquellos muros.

Las obras de Ugarte llaman la atención sobre la manera en que percibimos el espacio. Y en este caso particular, pone el foco en estas calles, descuidadas, decadentes, pero al mismo tiempo muy representativas de Guadalajara.

Aquellas fachadas recién pintadas y uniformes invitan a mirarlas con nuevos ojos. Me remiten a las paredes encaladas de nuestros pueblos y se me viene a la cabeza un cuadro de caballete del propio Orozco (Pueblo mexicano, creo que se llama) del que Luis Barragán eligió colgar una réplica en su casa-estudio de Tacubaya, en el DF, y que, con el paso del tiempo, misteriosamente ha resultado ser muy barragano también.

El gobernador está a punto de retirarse pero antes de que eso ocurra, de entre los pocos ciclistas y transeúntes que han venido, surge la figura de un cuidacoches del barrio. Si el blanco de los relucientes muros no fue suficiente para encandilarlo, sí lo ha sido la celebridad del panista, pues ha llegado hasta allí para pedirle que le firme la playera –sucia y roída- que lleva puesta.

El político pide entonces un plumón y se dispone a ponerle su autógrafo.

Entonces, cuando el gobernador entra en contacto con su humanidad (la del cuidacoches), se detiene y lo mira por unos instantes.
“Estás re’flaco”, le dice.

El cuidacoches nada más sonríe, pero no alcanza a articular frase alguna. El incómodo silencio se rompe cuando el gobernador levanta el bolígrafo y, mirando a la concurrencia, exclama:

“En el día de Orozco”.

Y estampa su firma sobre las costillas del esquelético ciudadano.

Enseguida González Márquez y su séquito se ponen en marcha, seguidos de los reporteros. Unas tortas ahogadas los esperan en el Patio de los Naranjos.
En pocos segundos, aquel cruce de calles vuelve a su aparente normalidad, aunque en cierto sentido ya no es el mismo, pues ha sido transformado por la mano (y las ideas) del artista. Me preocupa que el cuidacoches se haya confundido y piense lo mismo de su playera.

Tapatío

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