GUADALAJARA, JALISCO (07/AGO/2016).- Tratar de explicar a qué se dedica Gabriel Cárabes puede resultar complejo. Es como un pulpo que se dedica a pensar. Le pagan por imaginar la solución que echará a emprender un proyecto, le pagan por lograr que ese proyecto sea autosustentable y tenga un impacto en alguien, en la sociedad.Gabriel estudió diseño y a raíz de eso se ha involucrado en los negocios, en la innovación, en la creatividad, en la tecnología y en cualquier disciplina que le brinde la oportunidad de mejorar. Aunque no tiene un guion establecido para cada proyecto, este tapatío de 38 años de edad, no le teme al fracaso, al contrario, en los obstáculos visualiza más formas de llegar a su meta.Orgulloso de Guadalajara, de haber nacido y crecido aquí, destaca que la ciudad vive un potencial importante en la creatividad y generación de proyectos, desde aquellos que van de las artes hasta las ramas del urbanismo.Gabo, como prefieren que lo llamen, se considera un apasionado por la creatividad que ha entendido muy bien cómo hacer negocios con ese elemento, y viceversa, alguien capaz de verter la cantidad exacta de creatividad para darle un giro a la seriedad de los negocios.“Todos somos creativos, la cuestión es que a veces tienes resistencia a probar nuevas cosas o seguir haciendo lo mismo. Yo dibujo desde que nací, y me llama la atención que mucha gente al llegar a una edad deja de hacerlo, como si se activara un código que dice que ya no eres creativo porque estudias o haces determinada cierta cosa. Todo tiene que ver con la forma en cómo solucionas las cosas”.Un poco de todoGabo ha trabajado de la mano de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) y del Festival de Jazz Tónica, no sólo diseñando logos, pues también se ha inmiscuido en la planeación de conceptos, consultoría, herramientas de negocio y comunicación.También puntualiza que si bien se siente cómodo colaborando en proyectos que sólo lo requieren en un inicio o periódicamente, él prefiere aquellos que dejen huella a largo plazo, que generen un impacto en la sociedad.Bajo esta idea es como Gabo se ha convertido en un referente para provocar negocios para las industrias creativas y también como consultor para empresas a través de su agencia Haiku, con la que consolida proyectos no sólo en la iniciativa privada, pues también se ha aliado con gobiernos municipales para buscar soluciones en urbanismo con la creación de parques públicos o mejorar la VíaRecreActiva, por ejemplo.Sin embargo, Gabo señala que hay que saber reconocer en qué áreas se es experto y en cuáles es necesario ayudarse de otros conocedores, pero sobre todo, saber aprovechar aquellos nichos que no han sido explotados completamente y los que la competencia es escasa.“Yo trabajo con el propósito de la persona, a veces termino como terapeuta, creo que un proyecto no se obliga a hacerse. Yo trabajo partiendo de eso, después se ve la viabilidad económica y al último las cuestiones creativas. Si no te conectas con el propósito del cliente creo es muy complicado hacer algo bueno, prefiero decirles que yo no soy el indicado, que no le puedo dar un valor a su proyecto”.¿Y Guadalajara?Gabo detalla que el término de industrias creativas surge de la crisis económica que Inglaterra experimentó en 1995 al ver que su panorama financiero tambaleaba alarmantemente, con su iniciativa privada en juego con el gobierno, hicieron uso de sus iconos más característicos para salir de ese bache financiero teniendo como base su identidad inglesa.“Se apoyaron desde el teatro, cine, música hasta futbol, eso lo metieron en una bandeja y lo llamaron industrias creativas, en ese momento les resultó ser el quinto movimiento económico más importante para Inglaterra, así lo vendieron al mundo”.Subraya que uno de los principales obstáculos en México para que las industrias creativas se fortalezcan son las etiquetas que se anteponen a cada proyecto dependiendo de su temática, contenido o al público al que va dirigido.“Seguimos dividiendo y etiquetando. No se trata de que un diseñador se convierta en arquitecto, pero desde el diseño se puede aportar a la arquitectura. A veces lo que interesa a un directivo es cuánto va a invertir y cuánto ganará, no le interesa mucho si el proyecto está bonito o no”.Expresa que desde la bancada de los creativos también ha sido complejo el poder vender adecuadamente este concepto de no sólo hacer más redituable a los proyectos culturales, por ejemplo, sino de que estos emprendimientos también consigan mayores inversiones para generar más impacto tanto económico como social.“Me apasiona la identidad. Como tapatíos tenemos grandes áreas de oportunidad trabajando la identidad. Barcelona ha construido su identidad tomando como referencia a Gaudi, por ejemplo, nosotros tenemos a José Clemente Orozco, no hay que sentirnos menos, tenemos muchos elementos que no hemos sabido vender. A veces estamos demasiado a gusto, conformes”.