Suplementos | Entrevista: Ferdinand Vondruska Con los pies en la tierra El investigador de origen suizo, Ferdinand Vondruska, desarrolló un método de agricultura biodinámica que actualmente aplica en diversos estados del territorio nacional Por: EL INFORMADOR 10 de junio de 2012 - 02:34 hs NATURAL. Ferdinand Vondruska propone una solución contra la devastación de la tierra. / GUADALAJARA, JALISCO (10/JUN/2012).- Los modelos de producción contemporáneos declaran una guerra al medio ambiente y llevan un colapso con serias implicaciones ecológicas. Ante esta alarmante situación, el investigador suizo Ferdinand Vondruska hace una propuesta innovadora desde el elemento más esencial del planeta: la tierra. El científico ha desarrollado un método conocido como agricultura biodinámica basado en el estudio de los ritmos naturales cósmico-biológicos, el cual es desarrollado a partir de elementos completamente naturales. Vondruska es un hombre multifacético que se autoproclama como un aprendiz de la vida. No se identifica con ideologías preestablecidas ni dogmáticas, por el contrario, se dice un rebelde intelectual que ha opta por sus propias ideas. Con su estilo sencillo e irradiando tranquilidad, señala que tiene títulos en comercio, educación y psicología, sin embargo también tiene licencia de piloto y agricultor. Su trayectoria es tan diversa como su formación, pues ha sido desde plomero hasta director de una importante compañía productora de acero. Entre risas, el investigador destaca que si se suman los años que ha pasado en cada trabajo, tendría cerca de 200 años de edad. Por si fuera poco, tiene cinco hijos, seis nietos y dirige su propia organización, Biodynamic Society. Actualmente, Ferdinand vive en su pequeña granja ubicada en las afueras de Vancouver, Canadá, con su esposa mexicana y su hija de siete años, motor de su vitalidad. En su propiedad no sólo practica su metodología de cultivo, sino que también la comparte con sus vecinos y la enseña a todo aquel interesado en la materia. Aun con sus distintas aristas, Ferdinand Vondruska se ha enfocado particularmente al tema de la agricultura biodinámica como parte fundamental de una solución contra la devastación de la tierra. Destaca que los métodos de la llamada agricultura moderna han resultado desastrosos, afectando millones de hectáreas fértiles. En respuesta, Vondruska diseñó un método que hace más eficientes las técnicas de cultivo y protege a los suelos, pues se mantiene fiel a la tesis de que sin tierra no hay vida. El método de Vondruska ha sido implementado en países como Canadá, Alemania, Estados Unidos, Japón, India Argentina y Brasil. Sin embargo, la noticia de su efectividad se extiende rápidamente y ha recibido propuestas para ponerlo en marcha en Suiza, Cuba, Ghana y China, entre muchos otros. Desde 1994 el trabajo de este agricultor multidisciplinario se ha concentrado en México. La misión en el territorio nacional fue un reto desde el momento en que llegó, pues señala que la gente hablaba un idioma distinto al suyo en todos los sentidos. No obstante, su método se ha extendido por diversos Estados, incluyendo León, Morelos, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Colima, Baja California y Jalisco. El sueño de Ferdinand Vondruska consiste en construir un camino verde (Green Path) que vaya desde Alaska hasta la Tierra de Fuego y que cubra todo el continente con granjas sustentables. Fue esta fantasía la que lo atrajo a México, aunque acepta que en este país ha tardado mucho más tiempo del que hubiera pensado inicialmente. Tras haber realizado un profundo trabajo de campo en el territorio nacional, Vondruska advierte los grandes desafíos que enfrenta el país en cuanto a sus tierras. Sin embargo, también señala que la solución a retos monumentales se encuentra, literalmente, debajo de nuestros pies. —¿En que consiste su método y cuales son los beneficios que ofrece en términos ambientales, sociales y económicos? —Las mezclas biodinámicas pueden ser preparadas por los mismos agricultores. Todos los componentes que utilizan —arcilla, sílice, leche y hierbas— se absorben por el ambiente, ayudando a que la agricultura sea más limpia y los cultivos crezcan más rápido. Asimismo, ayuda a limpiar los residuos de químicos, reduce la contaminación de la tierra y garantiza una fauna más sana sin hacer esfuerzos extraordinarios. En términos económicos, se puede ahorrar mucho en el proceso de cultivo y producir mucha ganancia por la cantidad y calidad en los cultivos. Además, es una posible fuente de empleo, pues tiene el potencial de convertirse en una nueva industria. La técnica indirectamente promueve un sentido de comunidad porque sus componentes también ayudan a las granjas vecinas al enriquecer las tierras colindantes. Migrar a un sistema de cultivo más responsable con la Naturaleza, también te hace ser un mejor ser humano. En lugar de ir a la Iglesia a reinventarme, voy a la tierra a transformarla para perfeccionarme a mí mismo. En realidad se convierte en un estilo de vida apasionante. —¿Por qué se establece una relación tan estrecha entre la agricultura biodinámica y la educación? —Porque el único cambio real puede venir de la educación. Las compañías que fabrican productos químicos y el mismo Gobierno están conscientes de que si reeducas a la gente las cosas cambiarán. La formación en la que yo creo es un método que te haga pensar por ti mismo, que convierta a las personas en pensadores capaces de criticar y formular sus propios juicios. Esto es lo que necesita el mundo. Líderes y emprendedores que piensen por sí mismos consientes de que tienen el poder de hacer una diferencia y guiarse a sí mismos. —A partir de su trabajo ¿cómo describiría la situación del campo mexicano? —Para conocer con profanidad los padecimientos del campo mexicano, recorrí exhaustivamente el territorio. Me di cuenta de que los mexicanos aman su tierra pero han descuidado casi el 80% de éstas. A través de mi trabajo, quiero hacer a los mexicanos consientes de que si pierden su tierra, lo pierden todo. He visto al campo mexicano hundido en polvo y sin materia orgánica, lo que demuestra que la tierra está destrozada, es infértil y poca productiva. Estrictamente hablando, México le pertenece al Norte, pero se encuentra inmerso con los retos de los países del Sur. Los mexicanos tienen que aprender a comprender dentro de su propio país, ese es el reto. Si no se le da suficiente atención al problema y se revierte esta situación, la próxima generación estará en grandes aprietos y esto me preocupa mucho. —¿En qué consiste el trabajo que realiza actualmente en México? —Hablo con agricultores y visto granjas y escuelas en muchos puntos del país. He dado cursos en universidades y trabajo muy cercanamente con las escuelas Waldorf. Me gusta hablar con gente que cree que el cambio es no solo necesario, sino posible. Me dedico a buscar soluciones para la tierra y el cultivo. Por ejemplo en la Universidad de Colima creamos una estrategia para combatir un mosco que ataca dramáticamente árboles de limón. Cuando anteriormente se perdía hasta el 80% de los cultivos, con el uso de mezclas biodinámicas las pérdidas son mínimas. Muy pocas personas se han dado cuenta que la solución a muchos problemas está debajo de sus pies. Este método es sencillo y aplicable en el territorio mexicano. Estoy convencido de que con una tierra, agua y educación sana este país puede tener un futuro hermoso. —¿Cuál es el principal obstáculo para implementar los métodos de la agricultura biodinámica en el país? —Aunque avanza, aún no hay suficiente gente capacitada. No tengo suficientes maestros, biólogos ni expertos para difundir el conocimiento como sería necesario. Esto en realidad me preocupa, porque para revertir la situación del campo mexicano no basta con esfuerzos individuales, necesitamos todo un ejército que trabaje en conjunto. Jamás creí que tardaría tanto tiempo lograr este objetivo en México, según mis planes ya debería ir en Ecuador o Chile. Quizá muera en México, pero vale la pena intentarlo. —¿Cómo considera usted que se pueda implementar este método con mayor eficiencia? —Se tiene que empezar por agricultores y campesinos pequeños. Aunque el método funciona a grande escala, es mucho más difícil convencer a un agricultor grande a que cambie su sistema. Después, los resultados de las granjas pequeñas son tan positivos, que los grandes productores buscan implementarlos. —Existen fuertes intereses en torno a las tierras en México, ¿en algún momento se ha sentido amenazado o en una situación de peligro? —No. He tenido muy malas experiencias en cuanto se refiere a la gente que me rodea, ellos sí han estado en peligro, pero en general México ha sido muy amable conmigo. Por otro lado, creo que a los narcotraficantes les atrae mi método porque compran granjas viejas y quieren tener buena comida. Me han ofrecido mucho dinero, pero a mí esto no me interesa. Yo simplemente quiero construir granjas sanas. —¿Considera que el movimiento verde que ha crecido significativamente en los últimos años sea un verdadero cambio cultural o una moda pasajera? —Efectivamente muchas empresas han optado por una imagen verde, pero esto no se ha traducido en un cambio real en términos de contaminación. Gran parte de la sociedad contemporánea quiere vestir verde, manejar coches que no contaminen y viajar en aviones ecológicos, pero el incremento de gases invernadero es constante. En realidad no sabemos qué hacer, pagamos servicios que en teoría promueven un cambio pero nosotros no cambiamos. La sociedad moderna produce mucho más de lo que realmente necesita. Por más que se haya dicho, necesitamos migrar hacia un estilo de vida más sustentable y esto implica una transformación cultural, aún lejana. Tenemos que tomar conciencia de todo lo que hacemos y pensar globalmente porque si no lo hacemos, inevitablemente sufriremos las consecuencias de un colapso ecológico. —¿Cuál sería un hábito que cree que todos deberíamos adoptar? —Ser mucho más conscientes con el uso que damos al agua, hay que pensar en este líquido como si fuera nuestra propia vida, porque en realidad lo es. —Actualmente, ¿cuál es la principal motivación de su trabajo? —Mi hija se siete años. Lucho por un planeta más sustentable para ella y su generación. Estoy convencido de mi lucha, si Dios me da otros 20 años, los viviría haciendo exactamente lo que hago ahora, porque además de hacerme feliz, apuesta por un futuro mucho más feliz para todos. Verde de corazón Ferdinand Vondruska nació en 1943 en un pequeño pueblo suizo. Su infancia transcurrió en un ambiente rural, cerca de una granja y fue marcado por un estrecho contacto con la Naturaleza. Su entorno familiar también era poco convencional, pues su madre era una vehemente activista a favor de los derechos de la mujer, quien fue también la primera arquitecta y piloto mujer en Suiza. En gran medida, la combinación de estos dos elementos explica gran parte de la personalidad de Vondruska, quien se define como un hombre particularmente sensible a la injusticia social y a la depredación del planeta. De niño recibió una educación tipo Waldorf, sistema educativo originado a partir de la teoría del Dr. Rudolf Stainer que propone una filosofía antroposófica. Esta pedagogía pone al niño como el centro, fomenta en él un pensamiento crítico desde una muy temprana edad y aprecia la vida como lo más importante. Ferdinand considera que desde entonces descubrió su pasión por la agricultura, ya que fue en la escuela donde lo enseñaron a cultivar diversas semillas. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones