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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Suplementos | Protagonistas de la tormenta

Ciudad: la rehabilitación de banquetas

Que “después de la tormenta llega la calma”

Por: EL INFORMADOR

Que “después de la tormenta llega la calma”. Un refrán añejo que le queda a Genoveva Benito, vecina de la calle Reforma en el Centro Histórico de la ciudad y quien considera que, aunque el dicho popular es sabio, no contempla el costo que la tormenta deja tras su paso. Y lo dice por su incapacidad de dos semanas luego de la torcedura de su tobillo hace siete días. “Geno” caminaba hacia avenida Alcalde para tomar la ruta 52 e ir a su trabajo ubicado en Belenes, una rutina de todas las mañanas. Cierto día sufrió un accidente causado, según afirma, de un “mal paso” que dio en una banqueta a medio terminar, mojada, con alambres, piedras amontonadas, cemento fresco y pozos sin cubrir. “¿Y a quién le reclamo?” expresa con gesto de resignación mientras se dirige, en muletas y ayudada por su hermana, de regreso a casa en medio de una constante tormenta de polvo, de sonidos de taladros de concreto, claxon de camiones, silbidos de agentes de tránsito y martillazos. Es un día más en el primer cuadro del centro de Guadalajara.

Todo inició cuando el Ayuntamiento tapatío asignó 103 millones 504 mil 500 pesos para ejecutar 15 obras y 63 acciones de mejora en el municipio; entre ellas la rehabilitación de banquetas a la cual se les asignó un presupuesto de 15 millones 776 mil pesos. Los circuitos conformados por las calles San Felipe e Hidalgo, Zaragoza y Alcalde, Madero y Maestranza así como Prisciliano Sánchez y Ocampo han sufrido remodelación. Aunque recién terminaron las obras en algunas calles, en otras el proceso apenas comienza. Lo que se proyecta como una mejora, hasta el momento ha levantado voces de felicitación y otras más motivadas por el descontento. La paciencia ha sido el remedio infalible para sus protagonistas.

Contrariamente a Genoveva, de 33 años, Ricardo quien estudia el tercer semestre en la Prepa 1 cree que aunque “el centro parece zona de combate” será para un futuro mejor. Cree que lucirá mejor y que se estaban tardando en darle su “manita de gato”. Por otro lado, supone que por ser joven no le ha sido difícil “hacerla de Mario Bros”: caminar de lado, brincar ladrillos, bajar a la avenida y volver a subir a la banqueta para no estar sobre los albañiles…, toda una suerte de “ruta de videojuego”, dice; sin embargo, piensa en su abuelita. “(Ella) vive allá en ‘La Consti’, cose vestidos y viene seguido a comprar telas a ‘las Parisinas’. Yo le dije ‘Ire abue, mejor no vaya porque está bien feo ahorita y se puede caer y eso’, así que mejor me manda a mí a comprarle sus retazos”. Un amigo de Ricardo ríe a carcajadas por el comentario.

Sufrir un accidente es sencillo si se camina distraído o con prisa. Génesis Aviña no ha tenido ninguno, sólo pérdida de ingresos en su negocio de juguetes ubicado en la esquina de Liceo y Juan Manuel. Abre a las 10 u 11 de la mañana todos los días, ahora da igual ya que aunque alrededor ha concluido la rehabilitación de banquetas justo frente a ella los albañiles van a la mitad. “Las ventas desde que comenzaron a abrir la banquetas están muertas, y de colmo los trabajadores dejaron un tablón en la entrada y la gente tenía que hacer malabares para entrar a mi tienda. La  mercancía la tengo maltratada, por más que la sacudo no se quita el polvo, las pelotas están opacas y así nadie las quiere”. Su visión en torno a la rehabilitación de calles es distinta. Considera que chicas o grandes las banquetas, la gente pasaba y compraba. Ahora no. “Pero para qué tener ahorita banquetas tan grandotas habiendo lugares sin agua potable y ni calles empedradas”.

Cerca de ahí, Armando Padilla González vive una realidad similar. Su lonchería se vio afectada porque la banqueta de su negocio fue removida dos veces, incluso hicieron machuelo cuando iba banqueta, rehaciendo de nuevo la obra. “Pusieron media banqueta primero, la dejaron así un tiempo, luego cuando terminaron la segunda parte la dejaron tres centímetros más alta, tuvieron que quitarla y ponerla otra vez (…) A mí me afectaba porque a nadie le gusta comer entre polvo y ruido, nadie venía”. Aunque su banqueta ya quedó “lista”, Armando asegura que cuando tira agua para limpiarla descubre que se estanca: “El desnivel queda hacia mi negocio y no a la calle, en tiempo de lluvias, y como llueve aquí, vamos a tener charcos. Ahora sí que fuimos de Guatemala a ‘Guatepior’”.

Los regaños y las negociaciones las han tenido que enfrentar los trabajadores, quienes también han sido pacientes. Timoteo Martín Ramírez de 29 años y albañil de la obra desde que comenzó meses atrás, reconoce que ha recibido comentarios de todo tipo: “Unos hasta nos regañan y con ganas de corrernos, pero nosotros sólo hacemos nuestro trabajo lo mejor que se puede (…) pero para qué te voy a echar mentiras, otros nos han dicho ‘ánimo’ porque se va a ver bonito el Centro”.

El arquitecto Pinto, uno de los encargados de coordinar a los trabajadores de algunas zonas del lugar, reconoce que han escuchado a los locatarios con atención. Tanto así que, a decir de él, hacen un trabajo casi artesanal específicamente al abrir con taladros gigantes el asfalto ubicado fuera de las tiendas religiosas en la calle Independencia, a una cuadra del mercado Corona. “Nuestros taladros pueden hacer que los cristales o las figuras carísimas se quiebren y no queremos afectarle a nadie”.

Pinto dice que los peatones y comerciantes de alrededor sólo ven una pequeña parte “del iceberg”, puesto que la tardanza en las mejoras de las calles se ha debido a diversas “cositas” que se han salido de lo contemplado. Apuntando con su mano hacia un pozo recién hecho, afirma: “Esa tubería (oxidada, delgada, de apariencia antigua pero en funcionamiento) tiene más de 50 años y no se encontraba en nuestros planos ni en los del Siapa, hemos hallado muchos como estos, son tomas de agua clandestinas de gente de por aquí que se la roba o robaba (…) nosotros las clausuramos y pues ese tipo de cosas han atrasado el trabajo”. La voz de Pinto apenas se escucha, los trabajadores taladran el piso y el polvo golpea los rostros. La situación será similar el día de mañana. Peatones, albañiles y locatarios volverán a considerar la situación desde su trinchera. No habrá mucho que hacer. A finales de diciembre se tienen contempladas las conclusiones de las obras.

texto y fotos: carlos gonzález martínez

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