Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | texto: carlos gonzález martínez

Ciudad: La vida detrás del volante

Microbuseros, entre víctimas y villanos

Por: EL INFORMADOR

Hace calor. La temperatura es casi inverosímil para ser invierno. Dentro del microbús con ruta 380 del transporte público no cabe ni un alma; es “la hora pico” en su cotidiano trayecto por el Periférico norte y sur. Las características del camión hacen caótico el viaje: las ventanas están selladas y es imposible abrirlas, los asientos de plástico hacen sentir los baches y el asfalto deteriorado; la música de banda a todo está a todo volumen, el graffiti en las paredes del automotor y un mensaje católico impreso en vinil detrás del asiento del conductor que parece tener la intención de alentar a esos 40 pasajeros con rostros serios, apagados, hartos… y quienes a pesar de ir tan juntitos no interactúan entre sí, si no es para “pasar” el dinero del pasaje de quien pudo colarse por la puerta de atrás o para pedir permiso cuando se necesita bajar. El único que parece ser inmune a tal ecosistema es Pedro Rentería, el chofer, quien ha dedicado 12 años de sus 32 de vida a esta actividad: “Uno se acostumbra y trata de hacer bien su trabajo (ríe), pero pues tenemos muy mala fama”.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara existen más de 240 rutas de camiones urbanos, entre los de Sistecozome, Servicios y Transportes y Alianza Camionera. Sus choferes, así como menciona Pedro, no han sido favorecidos por la opinión pública, ya que últimamente han estado envueltos en temas controversiales como los paros laborales, licencias fantasmas, precio a la alza del pasaje y lo de cada año: accidentes ya sea por atropellamiento y/o choques con otros vehículos. Rentería hace una mueca y expresa: “Somos los malos de la película para mucha gente y ni modo, tratamos de hacer bien nuestro trabajo aunque a veces no tengamos los medios para hacerlo como nos gustaría (…). No se nos olvida que llevamos personas (a bordo) y dependen de uno. Pero eso sí, el estrés de ir manejando es mucho. Yo he visto infinidad de accidentes aquí en el Periférico y aunque muchas veces mis compañeros tienen la culpa y terminan pelándose (escapando), a veces la gente es la que se te atraviesa, por no querer usar los puentes (peatonales) (…). Creo que hay que ver las dos partes”.
 
Choferes que operan miles de unidades del transporte urbano, durante el 2008 causaron 55 víctimas mortales en la ZMG, 66.6% más que en 2007, cuando la cifra llegó a 33 fallecimientos, según cifras del Consejo para la Atención de las Víctimas del Transporte Público (CAVTP). Sin querer dar su nombre, solo que tiene 38 años de edad, un conductor de la ruta 25 un sábado por la mañana, y sin mucho pasaje, se dispone a dar su punto de vista. “Yo invito a quien sea a manejar uno de estos (microbús) y hacerlo mejor (…). Es muy fácil decir que somos unos puercos, pero la verdad es que todo el sistema es que el que friega (sic). Hay muchas irregularidades y grillas, las unidades ésas de subrogatarios, la corrupción, los malos salarios (…), la competencia entre algunos (choferes) por ganar más pasaje y luego con horarios (extenuantes) de trabajo, eso claro que provoca accidentes (…), pero también habemos los que cuidamos nuestras unidades, las tenemos limpias, ponemos botes de basura, decimos ‘buenos días’, ‘buenas tardes’ (…) para dar un mejor servicio, pero eso nunca se dice, no.”

Miguel, de la ruta 622, muestra una postura menos defensiva. Se mantiene al margen de cuestiones políticas que afirma, no puede controlar. “El aumento del pasaje no tiene que ver solo con nuestros sueldos, sino con cosas más grandes como el precio del petróleo, la crisis y lo mal planeada que está la ciudad (…). Yo creo que pues si subimos el costo, pues tenemos que hacer mucho mejor nuestra chamba”. Con paso lento y rebasado por otros transportistas de su misma ruta que lo saludan, se dirige hacia la Minerva. Su unidad luce impecable, no es nueva, sin embargo, muestra detalles que hablan de un constante mantenimiento. El chofer, sin dejar de mirar al frente mientras respira con relajación detrás del volante, explica que le ha tocado ver de todo desde su errante lugar. Cuenta que a más de un compañero suyo les han puesto una fuerte golpiza ya sea por equivocarse en el “cambio” o por presionar a un coche de adelante. “Una vez un compañero mío le estuvo pitando a un joven de una camioneta porque no se movía, hasta que el chaval se enojó y se bajó de su carro.
‘¡N’ombre!’ sí le tumbó dos dientes (al chofer)”.
Las anécdotas son muchas. Es un buen día para contarlas: hay poco tráfico, el día es fresco y son solo cinco los pasajeros sentados en el “microbús”. Así como Pedro, Miguel subraya el alto nivel de estrés que implica manejar un automotor como el de él, y que lo es aún más, si la ruta es complicada, es decir, si pasa por zonas de mucho tráfico como el Centro de la ciudad actualmente en obras o por zonas marginadas como el Cerro del Cuatro. “Además te ‘malpasas’ muchas veces. No hay tiempo para comer, si apenas un lonche y ‘una coca’… luego ahí están varios compañeros con hemorroides de tanto estar sentados, eso es muy molesto y pues a comprar esos asientos como donitas inflables, y da hasta vergüenza porque pues lo ven todos, pero ni modo (…). Luego en época de lluvias es un peligro: los pozos o la gente que se cruza, o que se te friegue la unidad con toda le gente arriba… son muchas cosas”.
Miguel subraya que no desea provocar compasión, que al final, a su parecer todo trabajo tiene su dosis de riesgo o estrés, e igual, su diversión: “Yo hasta ‘checaba’ con mi novia mientras trabajaba, este trabajo es de mañas”.

Aunque no se ha hecho un estudio cuantitativo sobre lo que piensan los usuarios del transporte urbano de los choferes y sus actitudes, lo cierto es que hay una opinión que tiende a ser negativa. “A veces nos tratan como vacas”, “muchos son groseros”, “no te aceptan los transvales”, son algunas de las frases que se recolectaron en un pequeño sondeo de 30 personas de distinta edad. Miguel, el ‘de la 622’, no hace caso omiso de los comentarios. “Esto va a cambiar cuando cambien muchas cosas, cuando haya respeto, eso que llaman cultura vial… cuando esta ciudad esté más organizada, haya mejor calidad de vida en esta ciudad que cada vez se parece más al D.F. (…). Mientras tanto, hay que hacer el esfuerzo”. El día apetece para comenzar. Esta vez es soleado y muy fresco.


“Somos los malos de la película para mucha gente y ni modo, tratamos de hacer bien nuestro trabajo aunque a veces no tengamos los medios para hacerlo como nos gustaría (…). No se nos olvida que llevamos personas (a bordo) y dependen de uno”. Pedro Rentería, chofer de la ruta 380.

Tapatío

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